Sanar la tierra para sanar la vida

Por: Shirley Ruiz
FSMET Col-Lat, Costa Rica

Las crisis y cambios climáticos, los virus, y otras manifestaciones son parte de los síntomas que demuestran la destrucción que ha provocado el ser humano y como consecuencia negativa las enfermedades se agravan provocando muertes y bajas calidades de vida.

Todo ser vivo tiene derechos y uno de ellos es la salud, así Nuestra Madre Tierra tiene el derecho de permanecer sana y es responsabilidad del ser humano cuidar la salud del agua, del suelo, del aire, de los animales y de la biodiversidad en general.

El ser humano debe reconocer que somos fruto y parte de millones de uniones que componen el cosmos y que no tejimos la trama de la vida, que Nuestra Madre, la naturaleza y toda criatura animal, estamos unidos, compartimos una misma matriz, tenemos una misma interconexión, una relación mutua que nos lleva a colaborarnos y tener un nexo de interdependencia los unos con los otros, por lo tanto, si Nuestra Madre Tierra se enferma, nosotros nos enfermamos y si Nuestra Madre Tierra está sana, nosotros tendremos salud.

Nuestra Madre Tierra al estar sana nos genera un espacio de vida, nos provee huertos que nos alimentan, nos da elementos que nos ayudan a una crianza habitable, fecunda y única para abrazar y albergar vida y comunidades fructíferas.

Debemos ubicarnos no como “Uno”, sino como “Nosotros” aprendiendo de los pueblos indígenas que proponen la ética del Buen vivir, la agroecología, la producción de alimentos, de saberes, de expresiones variadas que logran recuperar la salud de Nuestra Madre Tierra, expresiones como el arte, los movimientos sociales y las economías alternativas.

El viento, la luna, el sol, los animales, las estrellas y todo lo que habita en la tierra son parte de un todo, nuestros guías espirituales conviven y cohabitan de diferentes formas comunicándose con todo ser vivo mediante signos, símbolos, señales, sonidos y diferentes elementos que Nuestra Madre Tierra nos provee.

Nuestros pueblos indígenas originarios tienen la habilidad, creatividad y sensibilidad para leer, interpretar y comprender los mensajes que la Madre Tierra y la naturaleza emiten a través del sufrimiento o la alegría, ellos y ellas pueden sentir el maltrato causado por otros seres humanos por lo que su cosmovisión se forma y educa desde la concepción de la vida en el vientre de la madre y al nacer la comunidad donde habitan los educa con su cultura y les enseñan la importancia de las creencias, costumbres y tradiciones según el pueblo donde viven y así abarcan la forma de pensar y concebir el mundo y la relación con la naturaleza. 

Para nuestros pueblos originarios, La Madre Tierra realiza diferentes prácticas, rituales, ceremonias para entrar en armonía con los seres humanos, siendo ella el medio de restauración para recuperar el equilibrio y la fertilidad relacionada con todo ser vivo y todo lo que nos rodea.

María Florencia Giles  nos dice que “Es un desafío y una invitación a una nueva forma de análisis de la cuestión indígena, empezando por escuchar su voz y así lograr la “convergencia cultural”, posicionando a los aborígenes como los principales protagonistas de la historia teniendo en cuenta su concepción de la realidad, su cosmovisión y su lucha” 

El mundo indígena interpreta el Cosmos muy diferente a otras culturas no indígenas, por ejemplo: para algunas comunidades indígenas el cosmos se divide en tres dimensiones: el inframundo, el mundo de en medio y el mundo de arriba y esto nos lleva a una analogía con la visión occidental cristiana, y es por esto que para los pueblos indígenas es de vital importancia tener claro y enseñarle a las nuevas generaciones conceptos y términos como la cosmo-existencia, la cosmo-espiritualidad, la cosmo-visión, la cosmo-naturaleza para así desde la crianza se puedan crear vínculos amorosos y armónicos  que eviten el desequilibrio que puedan generar otros seres humanos a la Madre Tierra.

Todo desequilibrio que se genere tiene un impacto negativo en la vida de los seres vivos y esto se manifiesta en múltiples enfermedades y en desastres naturales que se salen de control por lo que la vida propia de la naturaleza envía diferentes señales creando una relación entre las creencias y saberes de los pueblos indígenas creando vínculos que a través de las concepciones y percepciones se restaure el bienestar y la salud de los cuerpos, los sentidos, el alma y la naturaleza.

Víctor Noreña, de la Comunidad Muisca dice que “Si recordamos nuestras raíces, tendremos un futuro mejor, una conciencia más clara sobre a qué vinimos y para dónde vamos”, por lo que es de vital importancia rescatar la sabiduría ancestral y no olvidar la conexión del hombre desde que nace con la conexión de la Madre Tierra.

La realidad es que es un error seguir creyendo que el ser humano va a cambiar, que una crisis nos hace tomar consciencia o que de un día para otro vamos a ser mejores, la realidad es que la Tierra y su continua fuerza regenerativa ha salido adelante por millones de años y ahora no es la excepción y una vez más de diferentes formas se va a recuperar de los daños causados por la humanidad, esto nos debería llevar a pensar y re-pensar nuestra función y tener un cambio de paradigmas para así estar en armonía y unidad con nuestra Madre Tierra.

Odilón de Jesús López, náyeri, expresa preocupado que “no han valorado que cuidar la naturaleza es para un bien de todos”

Lo que estamos viviendo como humanidad nos debe llevar a re-pensar y cuestionarnos nuestra forma de consumir, de cómo estamos utilizando nuestros recursos, qué estamos aportando y construyendo en sociedades de consumo desmedido, debemos reaprender, cambiar y mejorar para construir caminos mejores y posibles.

Debemos escuchar a nuestros pueblos indígenas para ser parte salvadora de nuestro planeta, mirar como ellos miran, escuchar sus voces, seguir sus ejemplos, reconocer a nuestro planeta como un lugar sagrado donde debemos ofrendar y dar las gracias por la calidad de vida que nos ofrece por habitarla.

Que se sienta que estamos luchando por la vida.

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