Salimos del neoliberalismo o nos enterramos en sus desastres

Por: Luis Herrera Montero, PhD
Universidad de Cuenca (Ecuador)

Hace pocos días, en una conferencia para estudiantes de antropología de la Universidad del Valle-Colombia, proponía articular la emergencia con la paciencia, la utopía con la praxis inmediata, la revolución con la reforma, entre otros contenidos. El propósito era comprender la necesidad de que las propuestas de cambio estructural, lideradas por diversidad de movimientos sociales en Latinoamérica, puedan dialogar con las necesidades urgentes de instaurar gobiernos progresistas, ante las catástrofes producidas por regímenes neoliberales, en unos casos, inclusive con tintes totalitarios o neofascistas, como el uribismo en Colombia.

Lastimosamente, no sabría si esta explicación tiene hoy asidero en Ecuador, cuando un sector de Pachakutik prefiere aliarse con el gobierno neoliberal e impedir a la Asamblea Nacional abordar el tema de los paraísos fiscales, el conocido caso de Pandora Papers, y el correspondiente llamado al presidente Lasso a rendir la respectiva versión. De igual manera, una semana antes, el sector político de UNES abandonó la sesión parlamentaria, dejando en vacío la urgente votación para archivar el proyecto de ley tributaria del gobierno, haciendo juego a la abstención que a la postre permitiera imponer la propuesta neoliberal por el ministerio de la ley. Estaba claro que un sector de Pachakutik se había ya transformado en derecha indigenista, lo sorpresivo asomaba en que UNES, identificada como progresista, terminara engrosando con 81 votos el fatal abstencionismo; luego explicaron que la ley tributaria había sido negada, cuando en anteriores ocasiones, durante el régimen morenista, si apoyaron el archivo de leyes igual de perjudiciales. Inentendible esta injustificada postura, que a la postre facilitara los objetivos de un gobierno neoliberal. Ahora se habla de lograr inconstitucionalidad de la ley en la Corte Constitucional: roguemos que así se sentencie.

El ambiente político está en terapia intensiva. Mientras en otros países se están gestando procesos de lucha social e interesantes configuraciones electorales para las izquierdas y progresismos, en Ecuador estamos peligrosamente dividiéndonos. Recuerdo que algo parecido sucediera en los años 90. El centro izquierda y las izquierdas pudieron aglutinarse en fuerzas unitarias, pero prefirieron ir cada sector con listas propias, más bien impropias, y terminaron a la cola de los eventos electorales de segunda vuelta durante toda la década. Accedieron al poder oligarquías funcionales al neoliberalismo global y las consecuencias fueron de desastre nacional con la conocida tragedia llamada feriado bancario en 1999, a pesar de las caídas presidenciales y las crisis de gobernabilidad.

No cabe duda que los eventos de 2007, de una nueva Constitución y de la instauración de un gobierno claramente progresista, marcaron una notable diferencia en nuestra historia política, sobre todo en referencia a las dominantes posturas neoliberales y sus nefastos regímenes en toda América Latina. La traición de Lenín Moreno nos sumergió nuevamente en tal degradante historia. Penosamente, la división que he mencionado volvió a jugar en favor del triunfo electoral del neoliberalismo con Guillermo Lasso, cuando en la primera vuelta electoral, en alianza con el Partido Social Cristiano, apenas lograron algo más del 20% del sufragio. La desventura de confrontaciones entre correítas y anticresistas no facilitaron un bloque de izquierda y progresista en el gobierno y hoy estamos lamentando las consecuencias. Vale advertir que es urgente superar esta ridícula disputa, porque la derecha neoliberal festeja nuestra torpeza política y el pueblo ecuatoriano es empujado hacia la miseria social.

Entonces ¿Cómo garantizar que esta alternativa sociopolítica desde la paciencia-emergencia o desde la articulación entre reforma-revolución pueda volverse realidad? He insistido, hace unos meses, en la urgente creación de un Frente Antineoliberal, donde se unifiquen progresistas no sectarios y los movimientos sociales liderados por la histórica CONAIE. Esta iniciativa obviamente no puede reducirse al Frente Progresista como lo plantea Carlos Rabascall, ya que se debe ampliar su conformación con otros sectores de izquierda y centro izquierda. Obviamente, en este importante bloque no menciono a la Izquierda Democrática, que se encuentra ya en una indiscutible derechización. Es indispensable no solamente revitalizar el espíritu de lucha política, sino también atender la grave situación en la que nos dejó Moreno y en la que nos está imponiendo Lasso. Sería inaudito que la ley tributaria se sostenga en el tiempo, pues sus efectos para los sectores medios y populares del país son de alto perjuicio. Tampoco puede hacerse juego a las intenciones de privatizar las empresas más sostenibles del país y su legado público. En poco tiempo intentarán apropiarse o vender el Banco del Pacífico, pues nuca estuvo en las oligarquías la mínima preocupación por las economías del pueblo ecuatoriano; por el contrario, siempre se orientaron por el lucro desmedido y desproporcionado atraco a la nación. Juguemos la política como se debe jugar, intentando derrotar al totalitarismo neoliberal.  

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