La sociedad del desencuentro. Lo perdido, lo anhelado y lo no correspondido

Por: Dr. Pedro C. Martínez Suárez, PhD
Universidad Católica de Cuenca

Quisiera que el lector viera estas líneas como un producto de reflexión y no de mera intelectualización.

Los desafíos que enfrentamos como especie tienen que ver con: lo perdido, lo anhelado y lo no correspondido, no necesariamente en ese orden.

El homo sapiens ha perdido inteligencia, o tal vez nunca la ha ganado, o tal vez la inteligencia, como diría Stephen Gould, ha sido una falsa medida del hombre. Ahora que la inteligencia artificial nos supera, acercándose al mito presentado por Kubrick, ahora que sabemos que el hombre de Flores con 400cm3 de cerebro usaba herramientas hace 12.000 años y construía balsas para viajar, ahora que sabemos que no somos más empáticos que muchos animales, ahora que nos levantamos mirándonos al espejo de los primates y que también sabemos que algunas subespecies del género homo nos colocan en un genograma más paralelo que secuencial, ahora que la tecnología avanza tan rápido que nos hace sentir como viajeros de un tren de alta velocidad; es ahora, cuando realmente experimentamos todos los giros antropocéntricos en un uno, situándonos literalmente a un brazo de la galaxia, impasibles, suspendidos en el aire en una gran bola, que ni siquiera es perfecta. Epatados esperamos algún evento cósmico interesante tras vivir miles de años en una región suave del universo. El punto azul de Carl Sagan, amenazado por nuestra propia especie, está más que nunca en la inflexión de la catástrofe natural. Sin embargo, lejos de interesarnos los objetivos del desarrollo sostenible nos interesan solo nuestras orejas, como al burro, y nos moriremos de inanición con una mosca muerta a nuestro lado, porque carece de movimiento, como la rana de Szamosi. Nuestras estrategias de adaptación no son suficientes para afrontar el cambio global. Hemos perdido la tierra.

Lo anhelado es también lo perdido, una realidad que es el fracaso absoluto de lo simbólico. La verdad convertida en falta de fundamento de la propia existencia. Zizek o Lacan pueden estar equivocados, pero el ser humano se encamina cada vez más a un espacio real genuinamente caracterizado por aquellos autores, más cercano a la frontera con la pseudociencia que con la ciencia, porque la capacidad de adaptación del ser humano está más ocupada en el escarabajo de Hoffman, que se colocó al borde de la extinción apareándose con botellas de cerveza que emulaban a la coraza de las hembras. Absurdos que recuerdan a los que se viven en los grandes almacenes en Black Friday. Todos los ridículos que alimenta el capitalismo o el socialismo de consumo, que también existe, son eso sí, objeto de radiodifusión en el ágora de las redes sociales. Correcto, usted lo ha pensado, sus sandeces están siendo vistas por millones de personas en Facebook (la transparencia de Byun Chul-Han) y usted no es más que mi ratón en la jaula. Lo anhelado es sencillamente lo consumido y lo consumido es una falsa realidad, un gran engaño que nos conduce, aparentemente, hacia la libertad y el progreso.

Finalmente, la religión ha dejado de ser el opio del pueblo. La nueva religión es la mediocridad, tal cual la describió la poetisa Catalina Sojos. El postureo, el culto al gym en detrimento de la lectura, las pomadas faciales, la pasión física frente al compromiso (consultar teoría triangular de Sternberg). El envase importa más que un vino gran reserva, las esencias falsificadas son mejores que el original. El “otro” ha dejado de ser correspondido para convertirse en objeto de deseo que satisface o no mis necesidades. A la empatía la han bautizado como cognitiva, por ser pecado venial. Si el amor es o no correspondido ya no nos importa, la pareja es una figura más decorativa para lucir en fiestas de guardar. La opulencia importa más que una mirada de complicidad, una puesta de sol, un paseo por la playa o un helado de paila en el atardecer cuencano. Nos dejamos llevar, nos hemos olvidado de amar, preferimos a las Real Doll que a seres humanos. Hemos ingresado en un juego de simulación donde las muñecas sexuales pronto reemplazarán a las relaciones saludables entre congéneres de la misma especie. Ciertamente, es un negocio en auge, al menos en la milenaria China.

Con este panorama, somos todos extranjeros en nuestra propia tierra, todo por la deslocalización supuestamente democrática de los valores humanos o debería decir ¿No humanos?

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