CES-AL y la divulgación como ejercicio democrático cultural

Por: Luis Curay Correa, Msc.
Vicerrector de la Educación General Básica. Cuenca (Ecuador)

La responsabilidad con la que se realizan proyectos de difusión cultural, la democratización de esta tarea y el liderazgo que se debe asumir para obtener excelentes resultados desde la planificación y la ejecución, terminan siendo el motor de una divulgación especial cuya energía se dirige hacia la noble labor de entregar aportes importantes a la cultura. Este artículo nos lleva a reflexionar sobre el éxito particular de la Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina (CES-AL), que en su corta vida ha rebasado las expectativas de sus iniciadores, de escritores y del gran público que es su destinatario.

A propósito del gran logro editorial de Centro de Estudios Sociales de América Latina (CES-AL), vale reflexionar, aprovechando esta coyuntura cultural, sobre algunos entretelones que a nuestro modo de ver prefiguran el trabajo comprometido de quienes, partiendo de una quimera que embebe, han sabido caminar de manera acertada por el tortuoso laberinto de la promoción literaria e intelectual.

Para lograr estacionarnos en la valía de CES-AL es ineludible, primero, fijarnos en los números que alcanzan: más de cien libros en escasos tres años. De ello diremos que sea cual fuere la intención de una editorial (lo digo porque como sabemos más de una, por no decir, la gran mayoría, defienden el interés comercial que le otorgan a la obra publicada) por llegar a cantidades como las descritas, la casa editora en mención deja fuera la pompa innecesaria e incluye en su existencia un proceso en el trabajo silente de muchas personas que, desde sus apasionados deseos culturales, contagian el ambiente con respuestas que observamos como gratos testigos: la motivación a escribir, leer, expresarse, la pasión por entregar una oportunidad a quien la duda lo carcome, el trabajo en equipo desinteresado, el compartir sin esperar una recompensa que sea diferente a la de difundir la palabra escrita, el liderazgo sensitivo y tesonero, la sonrisa complacida por el camino recorrido, la proyección como mecenazgo imperativo y popular, etc. Luego, en segundo lugar, la confianza. Algo parecido a la enigmática forma de “poner a la ciencia de moda” relatada por Sergio de Régules en El Muérgano[1] sucede con el valioso juego de colocar a la escritura como punto de interés de lectores y escritores, un público de acceso más generalizado que logra, gracias a CES-AL, encontrarse con un acto de divulgación en el que la narración se convierte en ese vínculo sensorial que nos permite observarnos de frente con el conocimiento, con un entorno que nos rodea y que no necesariamente resulta conocido; por ello narrar es para nosotros enamorar. Confiar en un grupo de colaboradores que hagan el oficio de iniciadores en el acto amoroso de ingresar al mundo de la palabra, es aún más valioso cuando esta iniciativa se adereza con la juventud, la experiencia y las ganas. Como tercer punto podemos manifestar una clara conciencia estética en cuanto intención de divulgación de la literatura y del arte en general. Recordamos para ello las clarísimas diferencias entre las escuelas críticas literarias apostrofadas entre el formalismo con interesantes aportes de Jakobson, Bogatirev, Vinokur, entre otros, y el estructuralismo de Mukarovski. En cuanto a la primera diremos de manera general que su interés radicó en demostrar la valía de un texto en cuanto lo de ciencia tenga, por tanto, especificidades como el alto valor otorgado a la cientificidad literaria, la negación de la inspiración del escritor, de la intuición y la falta de un método crítico fueron los puntos sobre los cuales centraron su pensamiento y acción; se radicalizó la “forma” en clara superioridad sobre el “fondo” narrativo. Por otro lado, el estructuralismo defiende una intención estética de la obra cuando la función poética domina un texto, y ello, claramente, tiene que ver con el escritor y su obra, con el lenguaje, los temas y la forma. Es decir, la obra tiene un carácter de divulgación más general -lo llamamos democratización literaria- y aporta el goce estético del que podemos servirnos para entregarnos de lleno a la belleza, al placer de la lectura. Queda entonces por reflexionar sobre el cuarto punto, el de la divulgación, que resulta muy divertido abordarlo. En algunas esferas que se preocupan por dar importancia a la etimología de la palabra -lo que es muy valioso, sin embargo, vale la pena prestar atención a los contextos semánticos y léxicos a los cuales una palabra se adscribe, al hacerlo estamos ingresando en su historia, en su evolución- incluso se puede estar tentado a entender cómo divulgador podría convertirse en un término, si se quiere, hasta discriminatorio. Nos explicamos: divulgador viene de la palabra latina divulgare que significa “extender, poner al alcance de la gente común”; palabra hermosa que tiene como componentes léxicos al prefijo “di” (separación múltiple), “vulgus” (vulgo, gente común), más “ar” que se usa como una terminación para formar verbos. De ahí que una nube negra para los puristas pudiese cubrir una bella labor; la divulgación como noble tarea que permite llegar a públicos que quizá en su vida pretendieron o pensaron acercarse hasta lo divulgado, -en el caso de CES-AL la ciencia, la literatura, la cultura- y el divulgador-autor-editorial, que gracias a sus horizontes llega a todos, no solo al vulgo -que de hecho esta encomiable misión se vuelve aún más digna de admiración por llegar a grupos como estos, anteriormente sesgados u olvidados- sino a lectores de toda condición: los de experiencia lectora, los que se están iniciando, los que están distraídos y necesitan motivación, los curiosos, etc.

El diálogo que suscita un referente numérico, la confianza como valor sobre el que se apuesta a ganar culturalmente, la motivación estética que mueve ad honorem un proceso de divulgación literaria, artística, cultural, y, la verdadera significación de la relación divulgación-divulgador han hecho, a nuestro modo de ver, entre otros muchísimos factores, un camino seguido con ilusiones, recorrido con alegría ante las dificultades que muy seguramente se habrán presentado, pero que aun no llega a su final -esperemos que no tenga final-, por el contrario abre mayores posibilidades y compromisos por continuarlo con renovadas expectativas.

El soslayar un liderazgo notorio no es digno de omisión consciente. Para cerrar este artículo debemos necesariamente vincular los resultados obtenidos por CES-AL con quienes, desde los ámbitos de trabajo cooperativo y de liderazgo, son el sostén de tan espectacular empresa. Por ello, hablar del trabajo desplegado por José Manuel Castellano como cabeza de un conglomerado humano que reconoce en él las competencias necesarias para ejercer el liderazgo necesario, nos pide algunos pensamientos que iluminamos con las siguientes palabras:

Las tareas del líder con respecto a la motivación son muchas y variadas. Entre otras cosas, un líder debe reconocer la necesidad de sus seguidores, ayudarlos a ver cómo pueden concretar esas necesidades y darles la confianza para que puedan alcanzar a remover constricciones o inhibiciones que han impedido el juego de la motivación.

Ante esta realidad, no escapan las organizaciones educativas, concibiendo como líder al docente y como seguidores a sus estudiantes, en este sentido, el docente deberá ejercer un liderazgo efectivo a través de la motivación, para administrar eficazmente su rol académico, con lo cual, sus estudiantes se conviertan en seguidores de sus conocimientos, altamente motivados, de manera que alcancen satisfacer sus deseos y necesidades (Alvarado, Prieto Sánchez, Betancourt, 2009).

El docente formado por vocación despliega su ejercicio profesional con la pasión justa y debida, además, este ímpetu no recae solo y preferentemente en el deseo, en las ganas de llevar adelante algún proyecto, se respalda también en una sólida formación que impulsa sus intencionalidades. El liderazgo de José Manuel cumple con lo requerido siendo, a más de lo mencionado, trabajo y persona capaz de convocar, convencer, apasionar. Lo demuestran las palabras de aprecio de sus alumnos, de los familiares de ellos, de colegas y de muchos escritores y escritoras que han dejado la veda intelectual para sumarse con entusiasmo a “enamorar” al público de la literatura, la ciencia, el arte.

Solo queda augurar aún mejores vientos a esta editorial, a su gente -que somos muchos- para que la luz de la divulgación siga resplandeciendo y este empuje no disminuya, más bien crezca, se nutra, consiguiendo una robustez mayor, más amplia. Los niños, jóvenes, adultos, profesionales, intelectuales, tengamos, en el libre acceso a la lectura y publicación, la oportunidad de compartir nuestros mundos, que, dejando de ser hijos únicos, reclaman la primogenitura de todos. ¡Felicidades!

Bibliografía

Arita, H. T., Régules, S. D., Reynoso, E., Gutiérrez, S., & Bonfil Olivera, M. (2008). El muégano divulgador, no. 39, p. 3

Alvarado, Y., Sánchez, A. T. P., & Betancourt, D. (2009). Liderazgo y motivación en el ambiente educativo universitario/Leadership and motivation in the university educational environment. Actualidades Investigativas en Educación, 9(3).


[1] Una amena narración sobre cómo la ciencia en el siglo XVII logra ser el centro de atención de muchos, y que, gracias a ello, experimenta apadrinamientos interesantes que se dan desde esferas insospechadas.

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