Escribir, un aprendizaje

Por: Francisco Carrasco
Miembro de CES-AL, Cuenca (Ecuador)

En esos momentos de contemplación o reflexión que suelen darse durante el transcurso del día, siempre hay una pregunta que ronda mi cabeza ¿Por qué escribir resulta complicado?

Al momento que esa duda emerge del océano que llevo por mente; siento una leve sensación de ansiedad y curiosidad. A lo largo de mi vida he visto a la escritura como esa ruta de escape, el desfogue de todas esas emociones intensas que sacuden mi diminuta existencia dentro del cosmos. Al escribir – plasmar mis ideas en una hoja de servilleta, documento de Word o como un grafiti en los muros de mi cabeza- justo en ese instante siento la sensación de libertad, mis hombros sueltan el peso que llevo encima, me siento como un leopardo en medio de la sabana corriendo a toda velocidad, mientras el viento impacta mi rostro; esa puede ser la descripción más certera de la experiencia al momento de enfocarme y escupir todo el veneno en forma de palabras. Sin embargo, una vez que termina ese éxtasis viene el bajón con la siguiente pregunta: ¿Qué viene después?

De esa manera empieza el ciclo de no saber qué escribir, la confusión de si mis emociones valen la pena para ser expresadas o carecen de sentido para ser expresadas en un poema o un texto. Debe ser la inseguridad – que como buen ser humano tengo- al momento de leer cada una de esas estrofas, párrafos o un simple monosílabo que me hacen menospreciar y dudar de la calidad que hay en ese conjunto de letras. Si el infierno tuviera un paisaje, para mí sería el instante en que me encuentro sentado, con un esfero o las manos posadas en el teclado viendo un espacio en blanco.

Aun así, a pesar de que esta relación con la escritura sea de amor y odio, porque así lo percibo, siento que me ha dado más victorias que derrotas. La simple acción de llevar todo el caos que hay en ese mundo inmaterial, a la realidad que percibimos, se parece a la magia, o por decirlo de una manera más exacta: alquimia. Transmutar todo ese plomo de ideas en oro, el más puro que puede existir, ya que es una creación que solo uno puede hacer.

Escribir me ha salvado de las fosas que hay en las crisis existenciales, ha sido la medicina para una vida que a fin de cuentas no escogí. Gracias a la fusión de palabras, inspiración y lo intangible, he logrado sobrevivir a escenarios en que todo se volvió tinieblas, para que sucesivamente se me presenten momentos bellos que serán atesorados por la eternidad. Hay que quitarse el miedo a escribir y simplemente hacerlo, la primera palabra siempre será difícil, pero una vez que sea escrita, un maremoto de ideas nos bañará y arrastrará por la costa hasta llegar al inicio, y empezar con el ciclo una y otra vez.

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