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Por: Pedro Carlos Martínez Suárez, PhD
Vicerrector Investigación, Innovación, Vinculación con la sociedad y Posgrados
(Universidad Católica de Cuenca, Ecuador)

Sí has acertado, ese odioso mensaje corresponde a “Lo siento, esta página no está disponible” Exactamente es lo que se encuentra el internauta cuando entra en la página https://www.salud.gob.ec/normativa-ecuador/ correspondiente a la normativa sobre bioética en el país. Esta vez no haré caso omiso al mensaje en pantalla y les ahorraré la tortura bizantina por la que un investigador en Ciencias de la Salud ecuatoriano o extranjero residente debe pasar para someter su investigación a la valoración de un CEISH (Comité de Ética en Investigación en Seres Humanos) aprobado por el Ministerio de Salud pública. Es absolutamente perecedero y hasta putrefacto lo que le hayan dicho sus pares, si su proyecto está sin código emitido por un CEISH acreditado, usted está sin proyecto.

En mi caso he pasado por la experiencia dos veces, una vez con éxito y otra vez sin él. No he conseguido aún descifrar las rutas cognitivas seguidas por los miembros del tribunal para aplicar unos criterios supuestamente objetivos con los que valorar (no evaluar) un proyecto. Sepa usted no obstante que miles de páginas de informe le llevarán ineluctablemente a un Sí (jamás con pocas y puntuales modificaciones) o un NO. Que conste que no trato de ser popular, victimista o belicoso con mi artículo de opinión. Constato la experiencia subjetiva por la que pasamos muchos investigadores en este país al que, sin duda, muchos de nosotros queremos ver crecer exponencialmente en investigación científica, como en otro tiempo no muy lejano sucediera.

Cuando se entablan conversaciones de pasillo con colegas tratando esta temática recuerdo dos situaciones jocosas (reír por no llorar). Por una parte, visualizo las imágenes de la película “Un padre en apuros” o “El regalo prometido” (varía según países). En dicha película, el protagonista, Langston, llega tarde a la clase de kárate de su hijo y le promete comprarle un Turboman, el juguete más codiciado por muchos niños de la ciudad por lo que pasa todo tipo de peripecias para conseguirlo. Los que padecemos la burocracia del sector público estamos acostumbrados, pero lo del CEISH supera cualquier situación que pueda usted imaginar. Otra situación que se me viene a la mente es el libro “Silas y la piedra de Lynxblue” de Álvaro Pedroche, donde el personaje principal se ve acorralado por unos compañeros de colegio, matones y decide esconderse en su rincón favorito, un árbol que le lleva a un mundo de fantasía. Ambas situaciones son similares, por la ansiedad que evocan, pero esencialmente diferentes, la primera es una situación de exposición prolongada a un estímulo ausente (una especie de contradictio conductual in terminis)  y la segunda una situación de evitación experiencial. Ante las muchas veces ridículas peticiones de los comités, algunos investigadores deciden “ingresar en el delirio” (diría un psicoanalista) y comenzar un viaje sin fin al infierno del papeleo rozando el absurdo más esperpéntico. Otros deciden simplemente evitar los comités, haciendo revisiones sistemáticas, metaanálisis, trabajos exclusivamente técnicos más afines a las ingenierías, trabajar con animales o con piedras, sí piedras.

En una ocasión reciente, un investigador de treinta años de experiencia me confesó – Pedro, mientras existan estos comités yo me dedico al estudio de microorganismos en piedras- no le faltaban razones. Al margen de la humorada, comienzan todo tipo de ingenios para saltarse el comité, búsquedas desesperadas en el vacío, palos de cielo legales, triquiñuelas y artimañas para saltarse la normativa. Sin embargo, nada parece resistirse al AM 4889 amparado en el WHA63.21, del 21 de mayo de 2010 de la 63 Asamblea Mundial de Salud y una regulación y sustentación legal de Naciones Unidas de más de 30 años. Ni siquiera una promesa de cambio o mejora por parte del actual gobierno. Por si fuera poco, la revisión de los comités puede ser ética, metodológica y jurídica, con lo que la evaluación por pares queda totalmente en entredicho y para los propios comités es un quebradero de cabeza encontrar expertos en temas muy específicos. Asimismo, las investigaciones en seres humanos en el país agonizan poniendo en plusvalía su derecho a obtener resultados y difundirlos. Es responsabilidad de todos generar una tregua y encontrar una vía, que preservando los derechos de los investigados no pisotee los de los investigadores.

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