Un Illescas de Oro 2021 vino en brazos de Mama Yama a Cuenca

Por: Marisol Cárdenas Oñate, PhD
Quito, Ecuador

El pasado viernes 15 de octubre dentro del Mes de la Afrodescendencia, se llevó a cabo en el Teatro Nacional Sucre la ceremonia de los Illescas de Oro, consistente en siete galardones del busto de nuestro primer héroe intercultural Alfonso de Illescas, nacido en Cabo Verde, y luego liberto cimarrón que llegó a lo que actualmente es la provincia de Esmeraldas,  convirtiéndose en el fundador y líder del cacicazgo del Reino de los Zambos de nuestro país, allá por el siglo dieciséis, quien falleciera en el año 1528.

Su contribución a la lucha por la libertad es un justo reconocimiento a los y las tantas mujeres y hombres invisibilizados que lucharon en el territorio de nuestra Abya Yala  donde fueron traídos y esclavizados, dejando su África natal.  Ellos no fueron criollos, asumían su cuna en otro continente, de ahí que podríamos decir que son heroínas y héroes interculturales.

Ellas y ellos lucharon con los y las otras similares que encontraron en su camino. África así se constituye en una madre inmensa con hijos de diversas lenguas, tonos, naciones, que por las circunstancias de la primera violencia institucionalizada como fue la Esclavitud, transformaron sus cadenas de opresión en cadenas de hermandad.  Quizás y ahí ya encontramos las raíces del Ubuntu, esa palabra cosmo-metafórica que alude al todo de todos que en algunas lenguas de la Africanía cono el Bantú, el Xhosa se ha traducido como: “yo soy porque tú eres” y que ha ido empoderándose en la política gubernamental desde Mandela y que también nadó hacia nuestra Afrolatinidad y afroandinidad donde ha seguido cimarroneando en muntualidad (como algunos intelectuales afroecuatorianos prefieren nominarla).  Esto implica el vivir a gusto, el vivir sabroso, el vivir en comunidad, el asumir literalmente que si tú tienes problemas de cualquier orden corporal, social, económico, yo igual los tengo, y por tanto hay que resolverlos en conjunto, en juntura, intersiendo como lo dijo también Tich Na Han, y eso implica equidad, comunidad y dignidad.  En palabras de Papa Juan “Los derechos humanos son obligaciones mutuas que tenemos entre seres humanos para construir un mundo de solidaridad y vida diga” (1984).  

En este contexto, el Illescas de Oro, entregado cada cuatro años por la Federación de Organizaciones y Grupos Negros de Pichincha (FOGNEP) que premia a personas e instituciones que fomenten la interculturalidad  e integración de todos y todas, como un justo reconocimiento a personas o instituciones que realizan acciones relevantes al pueblo afroecuatoriano y que prevalezca en el tiempo, dando  ejemplo, en connotación nacional e internacional, considera nominaciones de todas las provincias y hasta personajes o instituciones en el exterior. En este marco, este premio otorgado cada cuatro años, en este 2021 se premiaron siete categorías: 1) derechos humanos e inclusión social,2) cultura artística musical, 3) liderazgo y organización, 3) incidencia en la  educación y etnoeducación, deporte,  salud y medicina ancestral y el griot y ancestralidad.  El griot son los y las encargadas de transmitir los conocimientos de la sabiduría ancestral y fue un premio sugerido por el Maestro Juan García.

En este contexto, el premio Griot y Ancestralidad vino a Cuenca gracias a los amorosos brazos de Mama Yama: Iza Cristina de Aguiar, fundadora del Movimiento Afro del Azuay. Ella ha fortalecido a las hermanas y hermanos afroecuatorianos desde hace veinte años que vive en esta ciudad con la transmisión oral de su palabra sabia, y también desde su interculturalidad, pues su raíz libertaria la lleva ya en el nombre de su inmenso “pueblo” natal Rio de Janeiro.

Yama, es el nombre espiritual que le da su gurú en la escuela espiritual hinduista luego de doce años de aprendizajes, lo cual le merece ser reconocida como sacerdotisa Brahamani Madhava Gaudiya Vaishnava Sampradaya. Este nombre nos explica ella, hace honor “al principio regulador de la justicia cósmica, lugar donde todas las cosas encajan, pues todas las cosas tienen su propósito su función y se tiene que poner a servicio con los demás.” Su historia como suele ser común, tiene el azar envuelto en un pañuelo que es el mundo, pues con la organización internacional con la que ella ponía al servicio sus conocimientos de sabiduría ancestral oriental basados en el Yoga, la alimentación vegetariana (pues además se graduó como chef Vegana-Ayurvédica) viene al Ecuador compartiendo sus conocimientos de terapias holísticas que fueron parte de su formación del Master como Sanadora Ancestral de Herencia Familiar.

 De modo que su tejido de sabiduría también es inter y transcultural, pues desde ahí y su posición política identitaria afrodescendiente teje como en una Red de Indra que interconecta, intersiendo con todo, con el todo de todos las sabidurías ancestrales que como ella también menciona, siempre se encuentran en un punto, un diálogo de saberes oceánicos, donde las Orishas, los devas, los santos y santas, y todos los seres de Luz comparten dones que reflejan las virtudes humanas más altruistas de compasión, sabiduría, amor, hermandad.  Así es como esta cimarrona en Ubuntu, construye una ciudadanía comunitaria, una pedagogía del oprimido siguiendo los surcos abiertos por Paulo Freire, que se libera con las pócimas del amor trascendental, la justicia social, la educación emocional, la curación del cuerpo que habla, y la palabra que canta y encanta con magia de la sororidad.  

Su lucha por la defensa de las mujeres afrocuencanas no ha sido poca, pues ha acompañado luchando con todos los medios por la defensa de derechos de las mujeres afrodescendientes por la equidad, la justicia y reparación de su pueblo, que lamentablemente aún vive el racismo, la discriminación y todo tipo de violencia real y simbólica.

Finalmente, Mama Yama es una griot una trasmisora ancestral porque su palabra resuena ya en los diversos círculos de aprendizaje comunitario a los que pertenece. El primero, por su puesto sus hijos: Nila, su cómplice de andanzas, creaciones de proyectos y la misma organización Movimiento Afro del Azuay, así como tantos eventos, quien como su nombre recuerda la divinidad en su versión belleza negra, y con quien ha desarrollado proyectos que ahora son realidad como el Programa Voces de Ébano, y actualmente la Escuela de Formación Afro del Ecuador. Otra  ramita es su Tulasi, nombre de su otra hija, que representa las ofrendas de los pequeños y grandes emprendimientos de empoderamiento comunitario a los que ella se avoca.  Su presencia y su sonrisa, se juntan con su palabra ancestral con la que hace reflexionar sobre la fuerza de la energía que revela a la divinidad, con el nombre que sea, como fin y objetivo último, y por esto le puso Druhva a su hijo.

Felicitamos a la Mama Yama de Cuenca, por este merecido reconocimiento a su peregrinaje por lejanos lugares, corazones, palenques de su pueblo y de la humanidad entera para acariciarlos como lo hizo con el Illescas de Oro en sus manos: sanando, alimentando, corazonando.

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