La ecología en la música clásica, dos obras de amor para la conciencia planetaria

Por: Leonardo Andrés Ballesteros Pedraza
Colombia

A Luz Stella

Pedro y el lobo

La obra de Pedro y el Lobo de Sergei Prokofiev, originalmente fue escrita para niños en 1936, toda vez que cada instrumento de la orquesta, representa la existencia de un personaje fabulado, que recrea la presencia de diálogos y acciones entre Pedro y las diferentes atmosferas bucólicas de la fauna. La obra procura expresar la fastuosidad de diferentes especies, a través de cada instrumento de la orquesta; tal propuesta, permite imaginar un encuentro entre especies, sin maquinas, ni lenguajes obsesionados por la competencia productiva de la vida moderna, ya que cada cual, como especie, no solo ocupa su espacio, sino que reconoce la presencia de lo múltiple, sin perder su identidad, es decir, su sonido. En Pedro y el Lobo se pueden reconocer, una variedad de lenguajes y acciones de convivencia en el bosque, todo allí, si se escucha con atención, goza de una armonía única, inclusive, el ser humano habita integrado al carnaval silvestre de la vida.

Para nadie es un secreto que Prokofiev, fue un compositor oficial de propaganda soviética, pero hoy esta obra supera su objetivo inicial, no solo porque permite encumbrar la inteligencia de los niños a través de lo sinfónico, al dibujar, las formas de convivencia entre especies en cada nota de la narración: ¿Quién que se acerque a Pedro y el Lobo, no solo repasa experiencias vividas en el campo y maximiza las imágenes de recuerdos multicolores y sonidos de música en el bosque?

La marcha triunfal final de Pedro por el bosque, ayudado por un coro de animales, es sobrecogedora, ya que permite pensar que no existe un solo tiempo, -el humano- hay tiempos diversos en el bosque, que se entrecruzan maravillosamente. En cada instante se siente que el amor está presente allí, quizá, porque el otro está presente y no subordinado o sojuzgado por la mentalidad cicatera y egoísta contemporánea; el bosque en Pedro y el Lobo, es un proyecto del amor hecho música, por ello, es posible amar a la naturaleza misma, al exponerse gozoso a ella.

El bosque de Pedro y el Lobo es un lugar donde es imprescindible abrazar a los árboles, caminar sobre el tapete de hojarasca y entregarse a la fruición del oxígeno libre y fresco para sanar cada poro del cuerpo.

Vídeo: Pedro y el lobo. Una fábula musical para niños. Sergei Prokofiev. Orquesta Sinfónica Nacional.

Sinfonía pastoral

La sexta sinfonía de Ludwig Van Beethoven o sinfonía pastoral, se interpretó por primera vez en 1808, en un concierto que incluyó el estreno de la quinta sinfonía. Desde el inicio, la pastoral como es comúnmente conocida, invita a la evocación de un viaje a la belleza, al entra al primer movimiento, se aprecia que el aire y el vínculo con la naturaleza se expresan de manera diferente; en la pastoral, otras especies participan en la primera fila  de la creación, desde el inicio, dicha comunión, es un ejercicio de felicidad y gozo por vivir un mundo de múltiples instantes, donde al escudriñar el horizonte rústico, podemos encontrar la fiesta de su propia música. Beethoven, exalta que esta sinfonía es “más una expresión de sentimientos que una pintura de tonos”, así en la pastoral, todas las sensaciones retumban en todas las direcciones, evoca la necesidad de la belleza, la existencia y la naturaleza juntas en un solo tono.

En la naturaleza hay fiesta y música por todas partes, cada especie tiene su propia sinfonía, el vaivén del viento carece de constancia, tal vez porque, esta es una categoría humana, que obliga siempre al movimiento; por el contario, la pastoral nos invita a escuchar diferentes ritmos naturales en eterna quietud y ello hace que toda la creación esté presente en una incalculable ausencia de silencios.

Al final del viaje, la pastoral incluye una gran tormenta, que experimenta una naturaleza viva, ¡se mueve con su propia cadencia!, contiene todas las fuerzas juntas, pero no se expresa con violencia, sino que goza de un vigor inefable, porque al fin y al cabo su esencia misma es perturbadora, porque no se autodestruye, ni se niega, ya que la belleza y el amor son determinantes para que otras especies evolucionen de forma espontánea. Al   decir de Rodolfo Llinás, neurocientífico colombiano, “siempre la vida ha tenido una parte milagrosa, que no es obvia, la vida es inevitable, dadas condiciones apropiadas”.    

Vídeo: Sinfonía 6, Pastoral. Ludwig Van Beethoven. Berliner Philharmoniker.

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