El pecado de pensar diferente

Por: Shirley Ruiz
FSMET Col-Lat, Costa Rica

Ojalá desde niños nos dieran la libertad de pensar diferente, cosa muy distinta es que nos dejaran hacer lo que nos diera la gana, pero normalmente crecemos con una creencia impuesta, con gustos en la comida según lo que comen o gusta a nuestros padres y madres.

Nos visten no como uno desea, sino al gusto y criterio del adulto que nos compra la ropa, luego, entramos a la escuela y empezamos a recibir toda clase de información según la cultura, leyes del país o reglas de la institución y entonces, debemos adaptarnos a la forma de evaluación del sistema para ir pasando cada año de nivel con las notas según el reglamento.

Ingresamos al colegio y en cada inicio del periodo lectivo nos entregan un reglamento que va desde cómo usar el uniforme, hasta como debemos peinarnos.

Esto jocosamente me hace recordar a mi profesora de inglés, que algunas canas le debo haber sacado, ya que precisamente por lo que menos se preocupó era por enseñarnos a hablar o aprender bien el idioma, pero sí estaba súper pendiente de si llevábamos pulseras, anillos o algo fuera de lo que el reglamento decía para entonces hacernos una boleta de reprensión y quitarnos puntos del concepto de clase.

No vale mencionar cuantas boletas me hicieron en el colegio, pero sí recuerdo lo cansado de ese montón de reglas y que me hacen pensar ¿En verdad servían para algo o aportaron algo valioso a mi educación?

Tal vez muchos y muchas me dirán que ¡Sí!, que eso me enseñó disciplina, valores, respeto y otras características positivas a la manera de comportarme y dirigirme hacia los demás.

Y sí, no voy a negar que las reglas son necesarias, ¿Se imaginan un mundo sin reglas? Sería un caos total, pero precisamente no estoy hablando de reglas, sino en la manera de como desde pequeños nos encierran en cuatro paredes y básicamente nos limitan la creatividad y la forma en cómo podemos pensar sin sentir la culpa de que pensar diferente es pecado y tener que resignarnos a que lo normal es pensar como la mayoría.

Por otro lado, recuerdo a mi profesora de matemáticas que nos decía: “Preguntar es de inteligentes y quedarse con la duda es de idiotas”, y ella no nos dejaba salir de la clase sin haber entendido la materia y que por más ridícula que pareciera una pregunta, le daba a uno la confianza de expresarnos sin sentir miedo o vergüenza, (no hace falta contar cuanto amo las matemáticas y como estas, gracias a mi profesora fueron mis mejores materias en el colegio)

Me encanta una frase de Agatha Christie que dice:Recuerde, es un pensamiento original y puede tener resultados valiosos”

Ahora bien, digamos que ya de adultos superamos el tema de tener que pensar todos y todas igual y que hoy en día gracias a las redes sociales y otros factores podemos sentir que tenemos una voz y algo que decir y que no necesariamente tenemos que estar de acuerdo con todo y todos.

Pero me atraen mucho ciertos temas como por ejemplo:

-El lenguaje inclusivo o inclusive

¿Qué pasa con los que sí están a favor y con los que no?

Hace unos días leía a ambos bandos: los que sí están a favor trataban a los demás de prehistóricos y falta de derechos y respeto, y los que no están a favor trataban de estúpidos y ridículos a los demás.

Y así podría mencionar muchos otros temas, y ojo, no estoy diciendo que no tomemos una posición radical o firme en lo que creemos o no creemos, lo que pienso es que estamos en tiempos donde todos y todas queremos tener la razón y básicamente si yo tengo la razón los demás están equivocados.

¿Y si yo soy la que estoy equivocada?

Pareciera que nos hemos hecho adictos a tener la razón y que estamos en una competencia y que gane el mejor.

Entonces, vamos por la vida creyendo que podemos hacer cambiar a los demás de cómo  piensan, y hasta termina siendo un tipo de enfermedad en la humanidad.

La historia nos muestra que querer tener la razón es una de las causas principales de enfrentamientos entre personas, países y religiones, llevándonos a guerras, muertes y toda clase de injusticias.

Y si bien, todos y todas tenemos derecho a decir lo que pensamos, ¿Por qué castigamos al que piensa diferente?

Estamos envueltos sin darnos cuenta en “verdades absolutas” según el criterio personal y nos aferramos a creer en esas verdades al punto de esforzarnos en convencer a los demás, y esto nos lleva a estados de frustración, enojo y apatía si no logro que el otro-otra termine pensando como yo, y así un criterio o una creencia acaban en un conflicto conmigo misma y con los demás.

El libre pensamiento es un logro humano, pero tener libertad de opinión y de expresión pareciera una desventaja cuando las posiciones mentales impiden abrirse a nuevas perspectivas o puntos de vista que no concuerdan con las propias.

Puede ser que estamos repitiendo comportamientos de cómo nos hicieron “a imagen y semejanza” de alguien más desde pequeños y ya adultos nos apegamos a los pensamientos y creencias que nos dominan sin cuestionarnos o sin que nos cuestionen queriendo obligar a los demás que “sean o piensen como yo”

El dicho popular: “Para gustos los colores”, nos ubica en una posición que no necesariamente debemos aprobar, adoptar o validar la forma de pensar de los demás pero que sí nos lleva a una forma empática de respeto hacia los demás donde la  diversidad se construye en el mundo cada día.

Es lógico que por ideologías, gustos, creencias y otras formas de como dirigimos nuestra vida nos conduce a no siempre estar de acuerdo, pero sí podemos pensar que muchas veces uno es el que piensa diferente y que eso nos ha llevado a ser discriminados, rechazados y excluidos como si pensar diferente fuera un pecado capital.

Un comentario en «El pecado de pensar diferente»

  1. Según el criterio y precario conjunto de ideas de ¨la única y verdadera¨ el pensar diferente sí que es un pecado capital, basta con echar un ojo a los centenares de víctimas a través de los siglos que han muerto por sus ¨ideas diferentes¨.
    Afortunadamente, vivimos en un tiempo en el que podemos decir, sin miedo, que tantas letras tiene un SÍ como un NO, ¿o no?

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