¿Una tercera vía universitaria en Ibarra?

Por: Manuel Ferrer Muñoz, PhD
España

En Ibarra, Imbabura, suenan tambores de guerra. Ocurre que muchos ibarreños sueñan con una institución universitaria de auténtico calado, digna de tal nombre, que forme a sus jóvenes con mentalidad crítica y criterio propio. Es natural el temor que produce entre los acomodados al status quo la posibilidad de que una nueva generación crezca en libertad, capacitada para pensar por sí misma.

Descartada en el inmediato plazo la Universidad Técnica del Norte, en tanto no logre sacudirse el lastre del cacicazgo que, desde sus mismos orígenes, la tiene secuestrada, cabría pensar que la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Sede Ibarra, podría constituir una opción válida para renovar la formación superior que se brinda a la juventud ibarreña. Pero quienes hemos conocido la institución de cerca, y desde la distancia hemos observado su deriva, depositamos muy pocas esperanzas en ella, a pesar del impulso proporcionado por el nuevo prorrector: por el bajo nivel en investigación; por la demencial e injusta política salarial, que denunciamos en su momento; por el escaso respeto hacia los propios profesores, que aguantan, aparentemente resignados, descarados abusos laborales y una excesiva acumulación de carga docente, y por otras mil razones que no vienen a cuento.

Ciertamente la PUCE-SI proporciona pocos argumentos para proyectar un panorama optimista, tras el fiasco generado en el corto plazo por la llegada del nuevo prorrector, cuyo retorno -veinte años después de haber desempeñado ese mismo cargo- pudo ser percibido en su momento como una inyección de aire fresco que renovaría el ambiente viciado de la universidad. Pero el tiempo demostró que aquellas ilusiones mesiánicas pecaban de optimistas. En descargo del actual prorrector, hombre recto y bienintencionado, es preciso reconocer que ha de remar contra corriente y enfrentar hábitos muy arraigados en la institución, como la inhibición de un amplio sector de los docentes, poco implicados en actuaciones que les alejen de sus cómodas rutinas. Si a esto añadimos la significativa reducción de ingresos de la Universidad, como consecuencia de la pandemia reciente, resulta fácil colegir que la PUCE-SI no reúne los requisitos para reactivar la vida universitaria ibarreña.

Admitido que la UNIANDES dista de satisfacer las mínimas condiciones exigibles a un centro universitario que aspire a la excelencia, descartamos su toma en consideración como posible motor innovador del espíritu universitario en Ibarra.

Desde la inquietud que brota de esas dolorosas evidencias surge el interrogante: ¿habrá espacio y ánimo emprendedor para impulsar una universidad de nuevo cuño, no lastrada por el peso muerto de una trayectoria declinante, como ocurre en los casos de la UTN y de la PUCE-SI?

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