Temores e incógnitas

Por: Francisco Carrasco

El temor de encontrarse con una hoja en blanco y no tener idea sobre que escribir. Antes hubiera hecho de aquel espacio vacío el hogar de muchas historias o poemas, pero ahora siento que no puedo escupir ideas o sueños, es cómo si toda la imaginación estuviese dormida. Busco inspiración en cada rincón, pero no hallo ni una huella de ella.

¿Dónde se habrá escondido la muy maldita? Es el dilema en el que me encuentro actualmente, no saber sobre que escribir o cómo hacerlo. Tengo la cabeza llena de cosas, pero a su vez todo está inerte. Dudo que la pandemia me haya robado las ganas de contar mi visión de las cosas. Debe ser el fatídico momento en el que todo artista se encuentra innumerables veces, ese bloqueo creativo. Siento cómo mis dedos tocan cada una de las teclas, sin embargo, en cada espacio que doy me quedo sin ideas, y la duda irracional ataca a mi cabeza.

¿Debería dejar de escribir? ¿La escritura es lo que realmente soy? Esas y más preguntas invaden y enturbian a la imaginación que poseo, esa que al escritor le hace volar entre universos de tinta, pero ahora estoy atrapado en el inhóspito vacío de mi propio universo. No hay rastro de vida aquí, estoy yo y mi soledad, nada más. El placer de la vida, se reduce a la breve contemplación de lo que hay en mi entorno, pero aun así peco de ser inconforme y deseo que algo de otro mundo suceda dentro de esta existencia, la cual luce cada vez más y más monótona.

Estudiar, trabajar, sobrevivir, estudiar, trabajar, sobrevivir; a ese pequeño ciclo se reduce la existencia del ser humano. ¿Acaso no podemos vivir plenamente, sin tener que seguir ciclos? Es una pregunta que a menudo me hago, y no encuentro respuesta alguna que me satisfaga. Hay días que me encantaría vivir en una novela gráfica, donde los seres humanos tienen habilidades especiales y tienden a salvar el día, pero lastimosamente creo que nací en la dimensión errónea, esa línea temporal en la cual todo es normal, por decirlo en simples palabras.

Puede llegar a sonar muy infantil o inmaduro, pero estoy seguro que muchos también se han sentido igual alguna vez en la vida. Creo que es parte de crecer, darse cuenta que la vida no es como en los libros o videojuegos, después de todo no es tan maravilloso existir, si me pongo a ver de una forma fatalista. Pero qué sé yo, tan solo soy un chico que está entrando en el mundo de la adultez, por llamarlo de alguna manera, al periodo en el que me encuentro. 

Varios sabios que estuvieron antes de que naciera, de seguro se estaban preguntando sobre cosas más relevantes y de utilidad para la humanidad. No me desacredito, tan solo hay días que siento haber perdido el tiempo, y que a estas alturas de mi vida ya debería estar terminando una carrera universitaria o con un trabajo. ¿He tomado los caminos y decisiones precisas? Pues no, he desperdiciado un poco de mi vida, involucrado en problemas los cuales eran difíciles evadir, pero yo decidí internarme en esa jungla espesa. Recién estoy empezando a ver la luz de otro paisaje, poco a poco voy dándole una forma a mi vida.

Con respecto a la aburrida existencia de la cual hable con anterioridad, siento que la escritura puede ser un escape para eso. En mis planes, desde hace un buen tiempo atrás, se ha ido concibiendo la idea de empezar a escribir un texto, en el cual plasme todo ese universo imaginario que vive en mi cerebro. El que ha sido producto de toda la inspiración, que me han brindado todas esas historias de super héroes y villanos. Si me pongo a revisar el transcurso de mi vida, ha sido una especie de cómic, con la única excepción de que no hay super poderes, monstruos de otros planetas u organizaciones malvadas, las cuales han intentado arruinar mi día. Pero sí que me he enfrentado a diversas luchas, y la más fuerte ha sido esa batalla que hay entre el bien y el mal, que hay en mi interior.

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