Sobre los derechos: por qué sí la naturaleza y por qué no los edificios

Por: Lois Nwadiaru
Abogada, Guayaquil (Ecuador)

El 14 de septiembre de 2021, el Pleno de la Asamblea Nacional instaló la sesión 726, a través de la cual se desarrolló el juicio político que destituyó al entonces Defensor del Pueblo, Freddy Carrión. Entre las múltiples situaciones destacables de dicha sesión está la exposición del asambleísta César Rohon, quien, en relación a las manifestaciones en Ecuador de octubre de 2019, expuso lo siguiente:

¿Dónde están los derechos humanos de la capital que fue destruida? ¿Dónde están los derechos humanos de ese edificio de al frente que fue quemado (refiriéndose a la Contraloría General del Estado)?

Aunque seguramente es bastante evidente la falla lógica en el reclamo del asambleísta, voy a escoger excederme en lo obvio para aclarar que solo los seres humanos son sujetos de derechos humanos. Pero no solo los seres humanos son sujetos de derechos: la naturaleza también lo es. No de derechos humanos, claro, pero sí de derechos y me interesa en este momento hacer un breve repaso del porqué.

Clásicamente, los sujetos de derechos solo podrían ser personas, pero la Constitución de la República del Ecuador (CRE) no agota su protección ahí: en sus artículos 10, 71 y 72, reconoce los derechos de la naturaleza. Y así como existen sujetos de derechos, también existen objetos sobre los cuales recaen dichos derechos. Estos objetos pueden ser, atendiendo a su propia denominación, cosas, o también pueden ser conductas humanas.

Ahora: ¿por qué la naturaleza es sujeto de derechos y no objeto?

Siempre que existe un derecho, existe en contraposición una obligación de garantía. Por lo tanto, el que la naturaleza sea sujeto de derechos como el de que se respete integralmente su existencia, establecido en el artículo 71 de la CRE, significa que, en contraposición, el Estado está obligado a garantizar ese respeto.

Por el contrario, el que la naturaleza fuese únicamente objeto de derecho, implicaría que el respeto íntegro a su existencia solo podría ser protegido como un derecho en la medida en que dicho respeto sea útil para las sociedades humanas. Esta es una visión antropocéntrica que sitúa a los seres humanos como centro de todo, no solo ignorando la existencia de otras especies no humanas, sino además explotándolas utilitariamente. Es decir: es una visión jerárquica y excluyente.

El reconocimiento constitucional de la naturaleza como sujeto de derechos es pensado desde una visión de los seres humanos como parte integral de la naturaleza. Es decir que, proteger a la naturaleza implica proteger a todas sus especies, la humana y las no humanas, rompiendo así la relación de verticalidad que considera a la naturaleza como objeto de utilidad humana.

Entonces: ¿por qué la naturaleza sí tiene derechos y los edificios no?

El edificio de la Contraloría General del Estado (CGE) es una cosa, un bien, un objeto que no existe dentro de un ecosistema como especie de la naturaleza.

No es lo mismo hablar de derechos de la naturaleza que hablar de derechos de edificios. Como mínimo, no lo es desde nuestra realidad jurídica.

Se puede cuestionar el reconocimiento de la naturaleza como sujeto de derechos desde múltiples perspectivas, y muchos de esos cuestionamientos seguramente serán válidos, pero no es equiparable racionalmente el reclamo de derechos, peor aún humanos, de una ciudad o de un edificio con el reconocimiento constitucional de los derechos de la naturaleza. Lo segundo es una cuestión de reformulación de las visiones desde las cuales se han pensado las protecciones a la naturaleza. Lo primero es una manifestación del desconocimiento de nuestra norma jurídica fundamental por parte un funcionario público cuya actividad se centra en la creación de leyes.

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