La formación por competencias

Por: Dr. Enrique Espinoza Freire, PhD
Universidad Técnica de Machala (Ecuador)

El desarrollo de las tecnologías de la información y las telecomunicaciones  han propiciado cambios en la dinámica de las relaciones sociales, favoreciendo a la llamada globalización. Esta sociedad, caracterizada por la acelerada producción de información y velocidad de su trasmisión,  demanda un alto grado de competencias del ser humano.

En el contexto, de una sociedad informatizada, donde el saber es un factor esencial para el desempeño de cualquier labor o profesión, corresponde a las instituciones educativas la formación integral de un individuo capaz de adaptarse a las nuevas realidades del medio circundante mediante la incorporación de conocimientos, habilidades, capacidades y actitudes que faciliten su cotidianidad.

Surge así, la formación por competencias como una alternativa pedagógica; propuesta que persigue la formación integral del sujeto, fundamentada en el aprendizaje significativo, mediado por el principio didáctico de vinculación de la teoría con la práctica en busca de un mejor desempeño.

Pero, ¿qué se entiende por competencia? El término competencia ha sido indiscriminadamente utilizado, muchos lo emplean como sinónimo de habilidad o capacidad; pero es más que esto, es la integración de conocimientos, habilidades, destrezas, capacidades y valores con el propósito de saber, saber-hacer, saber estar y saber ser.

Luego, las competencias pueden ser entendidas como un proceso complejo de integración de elementos cognitivos, procedimentales y actitudinales puestos en función del desempeño idóneo y responsable en un determinado contexto de la actividad humana.

Se considera que, una persona es competente cuando sabe: aprender de manera autónoma, diagnosticar los problemas, implicarse en el trabajo colaborativo para la resolución de estos, formular propuestas de solución, emplear de manera eficaz y eficiente los recursos, ejecutar las tareas, tomar decisiones y relacionarse con los demás.

La adopción del proceso formativo por competencias, precisa de una profunda reflexión direccionada a los objetivos que se persiguen, el tipo de individuo a formar, las competencias que deben ser formadas y las adecuaciones del plan de estudio, el currículo y el proceso formativo para que el aprendizaje sea significativo.

Diseñar una estrategia de formación por competencias precisa de la selección de ejes transversales problemáticos al cual se integran las disciplinas del plan de estudio, para de manera conjunta solucionar las situaciones problemáticas, generadoras de la necesidad de aprendizaje.

De igual forma, se requiere de metodologías activas que permitan aprender a aprender, convirtiendo así al estudiante en el verdadero protagonista de su aprendizaje, al ser el regulador de los procesos cognitivos, metacognitivos, procedimentales y afectivos.  Entre estas metodologías se significan: la resolución de problemas, la elaboración de proyectos, el aprendizaje y servicio, las redes semánticas y el aula invertida, Por último, para que una estrategia de formación por competencias sea pertinente, debe contar con un sistema de evaluación por competencias, lo que exige de cambios en la manera de concebir el resto de los componentes del proceso de enseñanza-aprendizaje, dígase métodos, formas de organización, recursos didácticos, etc.  Surge así una pregunta, ¿los sistemas educativos de nuestro país están preparados para la formación y  evaluación por competencias?, interrogante que amerita de un espacio propio de reflexión, sirva entonces de motivación y compromiso para un próximo trabajo.

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