La Caja de Pandora, un siniestro regalo de los dioses

Por: Mateo Sebastián Silva Buestán
Director Colección Taller Literario, Cuenca (Ecuador)

Desde lo que se conoce como el principio de los tiempos, la humanidad ha pasado por grandes catástrofes. Se dice que somos la especie más ¨evolucionada¨, pero que, pese a tan grandioso estatus, estamos condenados al sufrimiento, padecimiento y desolación. Claramente, la idea precedente para nada concuerda con aquella doctrina –incluidas sus cientos de copiosas ramificaciones- que promociona la muy manipulada ¨buena nueva¨. Ellos proponen que, contrario al buen criterio que afirma que la vida terrenal es dolorosa, el Hombre debe ser feliz porque fue salvado y una vez muera, si se ha portado bien, irá al ¨paraíso¨. Ante tal fábula pavloviana, resulta más sesudo considerar, para entender el origen de los ¨males¨, que alguna vez Pandora, la mujer de Epimeteo –hermano de Prometeo-, despistó a su consorte y abrió una caja que luego sería bautizada con su mismo nombre. 

Cuenta la mitología griega que Zeus, sumamente ofendido por el atrevimiento de Prometeo – titán que robó el fuego de los dioses para dárselo a los humanos-, ejecutó un malicioso plan que acabaría perjudicando al Hombre. Es así que ¨el padre de los dioses y los hombres¨ obsequió a Epimeteo una compañera: Pandora, mujer dotada de infinitos encantos físicos y suntuosas habilidades. Sin embargo, hay que aclarar que Pandora no venía sola, sino fue enviada con una misteriosa caja cerrada que bajo ningún concepto debía ser abierta. Epimeteo, el único que poseyera la llave, cegado por las espléndidas cualidades de la que se convirtió en su mujer, a la larga descuidó su tarea de proteger la caja. Entonces Pandora, llevada por la curiosidad, aprovechó la situación, logró hacerse con la llave y abrir dicha caja. Al momento que la abrió se liberaron todos los pesares que, a partir de entonces, hasta hoy en día nos acorralan.

La caja de Pandora, ese malvado regalo de Zeus para toda la Tierra, contenía en su interior lo que se ha tachado de malo y decadente por siglos. Se dice que dentro de la caja reposaban: vicios, bajas pasiones, enfermedades, guerras, locura, tristeza, crimen, fatiga y demás ¨imperfecciones¨ que son propias de la naturaleza humana. En nuestra era, cuando se menciona ¨se abrió la caja de Pandora¨ es para referirse a una romántica analogía que señala que se destapó un tema que seguramente agitará el sentir de las multitudes. Por ejemplo, hace pocas semanas se descubrió –mejor dicho- dejaron de esconder una alarmante cifra de abusos sexuales por parte de los ¨elegidos de dios¨ contra niños y adolescentes. En concreto, se denunciaron más de 330 mil vejaciones de todo tipo dentro de la Iglesia católica francesa en los últimos 70 años, consumadas por esos infames, infaustos, infelices de sotana ¿Confesarían su pecado?      

En este triste contexto, recientemente numerosas investigaciones periodísticas han revelado el caso ¨Papeles de Pandora¨, lance que involucra a la cúpula política de algunos países de Latinoamérica, entre otras gentes. Los Papeles de Pandora hacen relación a jugosas cuentas en paraísos fiscales ubicados en los países favoritos para estas dudosas transacciones. El objetivo de los paraísos fiscales es evadir impuestos de dineros obtenidos de formas poco claras. Sucede pues que, el Presidente de la República del Ecuador, enigmáticamente, apareció en el listado de los imputados de Pandora. Lastimosamente, con el recorrido, las acusaciones y las medidas que, se sabía, este señor iba a ejecutar durante su gobierno, esta nueva polémica no causó tanto revuelo en el ciudadano. Es como se dice popularmente ¨una raya más al tigre¨. Inmediatamente después que se ventiló este escándalo, el exageradamente primer mandatario se defendió aludiendo que se había deshecho de todas sus cuentas en el extranjero cuando presentó una de sus tantas candidaturas.

¿Somos capaces de creer semejante barbaridad? ¿De verdad nos siguen tomando como fatuos bobalicones que se creen todo lo que dice el tipo que luce un traje elegante y una banda que no hace más que adornar su pecho? Lo que él debería responder al pueblo ecuatoriano es el porqué de sus cuentas camufladas, el causal de sus millonadas, la razón para esconder sus benditos dólares bajo una, dos, tres, veintiuno empresas fantasmas. Entretanto, la Asamblea se ha desentendido completamente del tema y haciendo uso del trabado lenguaje jurídico dejan a Pandora dentro de la caja, varada en el olvido. Bien es sabido que ¨en bocas cerradas no entran elefantes¨, debido a que una contienda entre estas dos entidades sería como si ¨el jumento acusara al marrano de ser orejón¨.

Vaya, se me olvidaba narrar una parte de la historia de Pandora. Después que fueran aireadas las desgracias, se cuenta que una sola cosa no salió despavorida de la caja: la esperanza ¿Sirve tener un mínimo de esperanza, ahora, que las nuevas deidades, los dioses políticos nos han zarandeado en la cara, ya no su caja, sino su cesto de desdichas, infamias y canalladas? ¿Cuál es la salida, en este instante, que se ha esparcido el fosco secreto mejor guardado de alguien que preside un país asfixiado de inmundicia?  De seguro, las divinidades del Olimpo no consideraron la magnitud del daño al regalarnos esa caja que parecía inofensiva. Posiblemente, junto a todos los males también se regaron por el mundo estos chocarreros políticos.

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