El agua como proyecto ancestral entre agricultura y la redención humana

Por: Leonardo Andrés Ballesteros Pedraza
Colombia

“El conocimiento no es una ganancia, o al menos no es mi ganancia,
ni es mi redención, sino la redención de lo distinto.
El conocimiento es amor. La mirada amorosa,
el conocimiento al que el amor guía redime
a la flor de su carencia ontológica.
El jardín es, por tanto, un lugar de redención”.
Byung-Chul Han

El agua es uno de los componentes determinantes en la historia de la humanidad, la cual ha sido motor de civilizaciones, así como inspiradora de múltiples aplicaciones, que van desde el consumo humano para la supervivencia, hasta connotaciones místicas, políticas y económicas. El interés por el agua además conlleva dimensiones simbólicas y sagradas que plantean ejercicios de purificación, redención y fertilidad de la vida en comunidad para diferentes culturas en el mundo.

El futuro de la civilización humana analógicamente está determinado por el presente del agua, de allí, el delgado hilo que nutre incesantemente la huella humana en la naturaleza y su componente más próximo, la determinación por la vida. Sin embargo, la historia de las culturas humanas, nos permite también entender que el agua más que un elemento o recurso natural, se convierte en un nutriente que impulsó al ser humano en diferentes contextos, al imaginar la manera como en los territorios se puede aprovechar la fertilidad de las tierras para la agricultura y el control del flujo de aguas en las inundaciones simultáneamente.

En Colombia los indígenas Zenúes, quienes habitaron las ciénagas de la depresión momposina, emprendieron una obra de ingeniería colosal, al diseñar sistemas de canales de agua de inundación, para organizar la supervivencia de su cultura y a la vez el aprovechamiento de tal recurso para el cultivo, la pesca y demás actividades cotidianas. La depresión momposina, concentra alrededor del 80% del total de ciénagas de la región y es una de las más grandes áreas inundables que existen en América.

Fuente: Banco de la República. Sistema de canales de agua en Colombia. Depresión Momposina.

La depresión momposina está localizada entre la llanura caribe y las serranías de Ayapel, San Lucas y Perijá en Colombia, es alimentada por cuatro sistemas fluviales: Rio Magdalena, Rio Ariguaní, Rio Cauca y Rio San Jorge, entre los departamentos de Bolívar, Magdalena, Sucre, Córdoba y Cesar. ​Estos grandes surcos de agua, son un modelo notorio de distribución de aguas ancestral en la región, que no cumplía una función simplemente de contención de las mismas; en este sentido, la magia de la depresión momposina, plantea un sistema planificado de supervivencia, que resguarda la memoria de la naturaleza y se adapta al medio ambiente, sin bloquearlo, vía intervención humana.

Actualmente los vestigios de la depresión momposina, nos permiten saber que los sistemas hidráulicos Zenúes, estaban dominados por inundaciones controladas de agua en canales naturales, dado el alto flujo de lluvias anuales en la región, para la cual se adecuaron viviendas, labores, cultivos, sistemas de transporte en canoa para el tránsito entre territorios; un saber magno, que conlleva un desarrollo de al menos 13 siglos en la historia de la región. Hoy en día los canales de agua se ven afectados por el uso de las tierras para diversas actividades, -que no necesariamente son agrícolas- y ello ha permitido que esta obra se fragmente bajo el dominio de la propiedad privada, lo que además ha borrado los límites maravillosos de este aporte de la inteligencia humana, en virtud de la memoria trascendente de la naturaleza.

Los caminos de agua en Tenjo Cundinamarca

Foto: Caminos de agua en Tenjo, Cundinamarca. Proyecto Tierra Verde.

La historia venturosa de los canales de agua Zenú en la depresión momposina, han inspirado proyectos agrícolas maravillosos, que privilegian los saberes de ingeniería ancestral y los articulan a las labores y saberes contemporáneos en agricultura orgánica en Tenjo Cundinamarca. De la mano de Constanza González, una líder del territorio, que desde hace más de veinte años, viene liderando procesos de transformación territorial, así como de nuevas iniciativas agrícolas, que privilegian lo campesino, con los desarrollos culturales propios de la región, creó un proyecto que emula los desarrollos indígenas en la distribución del agua, en el marco del proyecto Tierra Verde a través de caminos de agua en la huerta.  

Foto: Constanza González agricultora orgánica proyecto Tierra Verde.

El proyecto Tierra Verde nace en 1995, en el Municipio de Gachancipá, con el objetivo de cultivar alimentos sanos, en cuyo escenario central está la huerta casera, como principio de su proyecto; posteriormente el mismo se traslada a Tenjo Cundinamarca y desde allí emprende un proyecto que reúne diferentes iniciativas de la zona y que hoy es un referente a nivel nacional en el cultivo de alimentos orgánicos en el centro de Colombia.

Constanza González retoma los saberes ancestrales e impulsa entre otras acciones, la creación de reservorios de agua, los bancos de semillas, la siembra de árboles nativos, los cuales convierten su proyecto en guardián del agua y las semillas para el cuidado de la biodiversidad en el mundo silvestre y el cultivo. Es precisamente este escenario, en donde nacen los caminos de agua en el proyecto Tierra Verde, los cuales tienen una lógica similar a las canales Zenúes, que por su estructura se transforman en riegos de escorrentía, que mediante un diseño geométrico -perpendicular-permite el flujo libre y la circulación controlada del agua por toda la superficie de la huerta, para el cultivo de diferentes variedades de vegetales, hierbas aromáticas y granos, bajo el amparo de la ciencia y lo ancestral en común unión con el respeto y cuidado al medio ambientemente. 

Video: Caminos de agua Tierra Verde, Tenjo, Cundinamarca.

Es claro que las dimensiones sagradas y místicas del agua, no son cuestión de sistemas indescriptibles de creencias que superan la cognición humana en todo momento; es por ello que, el trabajo sobre la distribución y aprovechamiento del agua, permite entender que la vocación contemporánea de privilegiar los servicios ecosistémicos, tiene una misión superlativa en todas las acciones humanas, que no se reduce a un bien escaso a través de la lógica económica, sino por el contrario, es desde allí, como podemos entender la acción mágica del agua sobre nuestra vidas.

El interés por el agua hoy en día, se plantea sobre su fututo, es decir, que “las guerras venideras serán sobre el control por el agua”, sin embargo, hoy sabemos que el pasado ha provistos de modelos inteligentes para su conservación y el presente nos llama a actuar con inteligencia y diligencia frente a la tarea nada fácil de pensar, en que los ciclos vitales y naturales no son problema de la técnica o acceso únicamente, sino de la propia supervivencia humana, que conlleva una tarea política, simbólica y sagrada sobre la vida del planeta y la nuestra propia.    

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