Política repugnante

Por: Mateo Sebastián Silva Buestán
Director Colección Taller Literario, Cuenca (Ecuador)

Amanecí con mis puños bien cerrados y la rabia insolente de mi juventud…
(Héroes del Silencio, Iberia Sumergida, 1995).

Durante las últimas semanas se ha quemado el pan en la puerta del horno de la Asamblea Nacional del Ecuador. Más bien, han incinerado unas cuantas empanadas y sus llamas calentaron a un montón de supuestos servidores públicos. La política ecuatoriana ha vuelto a ser tendencia y sus protagonistas -los políticos, obviamente- a entretenerse con fondos públicos, divertirse engañando y defraudando al herido pueblo de este país. Son de dominio público las prodigiosas hazañas realizadas por una sarta de irresponsables mequetrefes mal llamados representantes de una democracia. Referido a esto último, vale cuestionarse ¿Vivimos realmente bajo los principios de una democracia? De ser así, ¿no se supone que deberíamos controlar a los gobernantes?

Suelen decir las abuelas que cuando se le descubre a alguien con las manos en la masa es porque se le durmió el diablo. Al parecer, un cúmulo de asambleístas, incluida su presidente, cayeron en brazos de Morfeo, por lo que entorpecieron sus triquiñuelas; entonces, se ventilaron sus desventuradas andanzas en el oriente ecuatoriano. A lugar, en una de las tantas e inservibles travesías que comitivas de asambleístas y demás politiqueros suelen realizar, esta comparsa pernoctó en uno de los hoteles más costosos de la región amazónica y se deslindaron de la exuberante cuenta. En otras palabras, se les acusa de cargar gastos personales como viáticos y haber pagado el doble de lo que varios servicios realmente costaban. De este modo, se han filtrado facturas con valores irrisorios: empanadas de más de diez dólares, masajes por cientos y hospedajes de casi un mil; todo pasado a reembolso justificado e inmediato. Hoy, ellos presentan burdas aclaraciones, penosas defensas y descaradas razones.  

Aquí no se pretende criticar cómo cada persona derrocha su capital, cada quien hace con su dinero lo que mejor o peor le parezca. Lo que enerva, caldea, encoleriza al pueblo es que un séquito de astusísimos vivísimos administradores de la cosa pública nos crean ingenuos y despilfarren los recursos de todos, pensando que nadie lo notará. Al final, los cazurros, mentecatos con profundos vacíos en sus aposentos son ellos ¿A cuántos salarios básicos asciende todo lo consumido en un par de días por estos amigos de lo ajeno? La mayor parte de dicha desvergüenza se viralizó por la difusión y acusación de otro de nuestros ancestros políticos que actualmente se desempeña como Presidente de la Comisión de Fiscalización de la Asamblea. Este personaje, sin embargo, mantiene una glosa en la Contraloría, además de haber sido acusado de espionaje y traición a la patria en gobiernos anteriores. Quien tiene rabo de paja, no se acerque a la candela que irradia el horno del pan que se quema.

Por otro lado, el Presidente de la República anunció en cadena televisiva una propuesta de ley que promete la reactivación económica. La misma ya está en garras, perdón en manos, del poder legislativo. Mencionado proyecto ha generado confusión, aceptación y rechazo. Hay quienes aplauden que se eliminen los impuestos para la importación de automóviles de alta gama, así ya no deberán emitirse certificados de discapacidad fraudulentos. De la misma manera, los patronos están contentos por los nuevos contratos de prueba hasta de cuatro años. Igualmente, se habló de un nuevo sistema de trabajo que, a grandes rasgos, plantea la precarización de las condiciones laborales. En contraparte, se aseguró que los que más tienen, más pagarán, que no nos sorprenda si esta premisa se entiende al revés. Estas, entre otras babélicas medidas aseguran una recuperación monetaria a corto, mediano y largo plazo. Ante todo: que hablen cartas y callen barbas, pues más vale un ¨toma¨ que dos ¨te daré¨, ya saldrán algún día en la colada, las manchas que se hicieron en la venta.

El análisis precedente conlleva a pensar y reflexionar sobre quiénes son los que nos representan. Lastimosamente -como ya se ha dicho en ensayos anteriores- la clase política de este país es el reflejo de la sociedad. Vivimos infestados de corrupción y compadrazgo dentro de todas las esferas. En atención a lo expuesto, quizá no haya nada que hacer, ya es muy tarde, estamos condenados. A pesar de ello, es importante levantar la voz para denunciar sin miedo a cuántos osen querer aprovecharse del pueblo y recordarles que, ustedes señores que ocupan un puesto político ¡Son nuestros empleados! Por lo que, actuarán acorde a lo que nosotros, sus empleadores, exijamos.

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