Formación de cuarto nivel

Por: Dr. Enrique Espinoza Freire, PhD
Universidad Técnica de Machala (Ecuador)

El propósito de este ensayo es reflexionar sobre la pertinencia de la formación de postgrado como tributaria al fortalecimiento y actualización de las competencias profesionales, situación que amerita ser analizada por la cantidad de ofertas que existen en el país.

Las instituciones de Educación Superior tienen entre sus objetivos la sistemática capacitación de los profesionales egresados de sus aulas para proporcionarles los contenidos científicos y tecnológicos más novedosos relativos a su área de especialización; de esta forma, se garantiza la formación académica y la superación profesional continua como vía de mantenimiento de la vitalidad del desempeño profesional.

Entre las funciones de la enseñanza de postgrado están la complementación, actualización y profundización de las competencias del ejercicio profesional. Mediante la complementación se adquieren los nuevos conocimientos y habilidades profesionales no contempladas en la formación de grado; por otro lado, la actualización, permite la renovación de las competencias profesionales de acuerdo a los avances científico-técnicos y, por último, la función de profundización está encaminada hacia el logro de un nivel superior de estas competencias profesionales.

En este sentido, el sistema de Educación Superior en el Ecuador está organizado en cuatro niveles: 1) técnico, 2) tecnológico superior, 3) de grado y 4) de postgrado. La formación de cuarto nivel o postgrado, está orientada al entrenamiento profesional avanzado o a la especialización científica y de investigación; para ello se organiza según programas de especialización de formación avanzada, relativa a un campo disciplinar o profesional; especialización en el campo del conocimiento específico de la salud; maestría profesional; maestría de investigación y de doctorado. De esta forma, se tributa a la formación de especialistas en el correspondiente ámbito profesional, especialista en el campo específico de la salud, magíster profesional en el ámbito de la especialidad, magíster en investigación en concordancia al ámbito académico y doctores en el correspondiente ámbito académico respectivamente.

Pero, no es suficiente contar con una estructura organizativa y un marco normativo de la actividad de este nivel formativo; es necesario que los programas diseñados posean carácter sistémico, respondan a las funciones de la enseñanza de postgrado y tengan en cuenta factores tales como: el enfoque contextualizado a las necesidades de aprendizaje y competencias profesionales; urgencias de los entornos profesionales, empresariales, tecnológicos, productivos y sociales; actualidad científica y tecnológica, teniendo en cuenta los avances acaecidos en los últimos años; normas éticas y articulación con los problemas sociales, tecnológicos y del ámbito laboral.

Por otro lado, estos programas deben posibilitar al docente la práctica de metodologías productivas, a través de las cuales y de manera creativa: propicie espacios de relaciones de colaboración y cooperación entre los actores del proceso de enseñanza-aprendizaje, enseñe estrategias y habilidades de tipo cognitivo, facilite la participación activa del estudiante y provoque contradicciones epistemológicas que promuevan la investigación en función del aprendizaje significativo y la intervención directa en la solución de los problemas. Así, se logrará la pertinencia del currículo de formación de cuarto nivel que, según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) está dada por la articulación de las acciones previstas y la satisfacción de las necesidades sociales.

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