El dilema de Hobson

Por: Jacqueline Murillo Garnica, PhD
Colombia

Se conoce como la decisión en la que en realidad no existe opción, es decir, “tómalo o déjalo”. El origen de este dilema se le adjudica a Thomas Hobson (1544-1631), era el propietario de un establo en Cambridge, que ofrecía a sus clientes la alternativa de coger el caballo más próximo a la cuadra o quedarse sin montura.

Los retratos narrados por los sobrevivientes de las cruentas guerras a lo largo de la historia han registrado estos pasajes que, aunque sucedieron hace siglos, es la historia común, reiterativa y reciente de la humanidad. En 1922, las tropas turcas avanzaron sobre la ciudad de Esmirna, y las llamas flameaban la urbe durante varios días. Al treparse los supervivientes a los botes salvavidas, mientras los desventurados compañeros morían despedazados por las hélices de los barcos o eran eliminados de un disparo, muchos de los que quedaron a merced de las circunstancias asumían que los siguientes en sufrir un destino cruel iban a ser ellos.

Aunque la henchida retórica que todavía defienden tanto griegos como turcos, compiten en reprocharse sus recíprocas barbaridades, lo cierto es que la guerra grecoturca de 1919 a 1922 fue tan caótica como sangrienta. Uno de los comandantes griegos, el príncipe Andrés, padre del duque de Edimburgo, marido de la reina Isabel y recientemente fallecido, admitía haber quedado espantado por la crueldad que tuvo que contemplar en los campos de batalla.

El autor Ismail Keskin recuerda los relatos que le contaban de pequeño sobre este desesperado episodio de la historia turca. Refiere este estambulita, visiblemente emocionado, que su bisabuela, de ascendencia mixta, tuvo que ocultarse en una cueva en pleno monte al tratar de llegar a Occidente con dos niños muy pequeños, entre ellos su hijo de escasos diez meses. El bebé empezó a llorar. La mujer petrificada y con un siseo ahogado, la mujer que los acompañaba puso a la madre ante una terrible disyuntiva: marcharse o matar al hijo. Un claro ejemplo del Dilema de Hobson: salir a campo abierto y exponerse a la muerte certera de los dos niños u optar, como finalmente hizo, por acallar al hijo sofocándolo con un pedazo de tela.

No iba a ser el único ahogado, otros y muchos perecerían de ese modo, los que intentan desafiar las feraces riberas del ancho río Maritsa que traza actualmente la línea divisoria entre Grecia y Turquía -tal y como les sucede a los refugiados asiáticos y africanos de este siglo-, mientras los francotiradores de la frontera y los guardias armados apostados en los puentes permanecen impasibles, incapaces de prestar ayuda, o peor aún, decididos a no hacerlo.

En un reportaje enviado al Toronto Star (1922), Ernest Hemingway retrata la escena: “El convoy principal que cruza ahora mismo el río Maritsa a la altura de Edirne tiene treinta kilómetros de longitud. Treinta kilómetros de carros tirados por vacas, bueyes y búfalos cubiertos de barro, flanqueados por hileras de hombres, mujeres y niños que caminan a ciegas bajo la lluvia, con paso vacilante y la cabeza cubierta de mantas, convertidos en escoltas de sus escasas pertenencias” (2001, pp. 29-41).

El mismo drama se encarga de refrescarlo las imágenes que vemos en los noticieros, en los medios de comunicación en directo: un rio humano y estrecho de rostros escondidos de afganos intentando huir de los talibanes en Kabul, esperan en largas filas que puedan ser trasladados en aviones a otros lugares. El desespero y la impotencia fueron los ingredientes que se encargaron de catapultar estas impresionantes escenas. Mientras Rusia y China se disputan las alianzas con los talibanes.

El cine también se ha ocupado de narrar en imágenes episodios sobre estos dilemas que deja la guerra: la película “La decisión de Sophie” basada en la novela del escritor norteamericano, William Styron, narra la tortuosa elección que hace una madre, ¿a cuál de sus dos hijos entrega? Previendo el destino final e inevitable para los dos. La historia se ha convertido en un círculo vicioso, los mismos paisajes ensordecedores que deja la guerra se reiteran en las imágenes que vemos a diario en casi todas las latitudes del globo terráqueo. Las guerras no resueltas, los conflictos silenciosos terminan estallando con los más vulnerables. La dominación y la desigualdad son el caldo de cultivo que bulle y fermenta el suelo en espera de algún estallido para que se conozca de las desventuras que ocurren en cualquier parte del planeta. “El círculo no se detiene” como en la ópera prima del director macedonio: Milcho Manchevski, Antes de la lluvia. El dilema de tomar partido o perecer en la guerra. Cualquiera de las dos elecciones no tiene vindicación.

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