La cultura del Juego

Por: Iván Petroff Rojas, PhD
Universidad de Cuenca (Ecuador)

Esto de jugar a la vida
                                                                                          Es algo
                                                                        Que a veces duele
                                                                 Amparo Ochoa

A propósito del período tan esperado de las vacaciones, estas reflexiones y recuerdos sobre los juegos. Hemos de comenzar diciendo que la infancia, a no dudarlo, es esa parte de nuestras vidas que la recordamos con la mayor intensidad, nostalgia y fuerza posibles, porque representa ese conjunto de hechos, situaciones y acontecimientos que se confunden con el amplio espectro de la magia, la fantasía, la creatividad y la imaginación. Época definitivamente poética si por poética hemos de entender ese conjunto de esferas de la realidad que se reproducen en el ímpetu de la pasión creadora.

Todo es posible en este mundo donde los objetos cobran vida, se metamorfosean y las acciones se cumplen por una suerte de magia y malabarismo. Ejercemos roles e identidades que con la transformación de los objetos y la fantasía propia de la edad nos fue posible reutilizar un pedazo de madera, la pieza olvidada de alguna máquina, la hoja de un gran penco que fue una embarcación con la que recorrimos el mundo. Un árbol grande de higos al que nos subimos revestidos como pilotos de avión y que nos permitió dominar el aire de un cielo limpio para volver por los caminos del arco iris que nos recupera sanos y salvos a la ventana de la casa, pasadas ya las ocho o nueve de la noche.

Un conjunto de sensaciones que fuimos sintiendo y experimentando cuando actuamos en mil y una historias en las que los protagonistas se empeñaban en no morir y vivían sus personajes en la vestimenta de un domador de circo, un cantante anónimo de tangos, un cura alquimista, un contador de cuentos sin piernas, un hacedor de estatuas que hablaban por las noches, un avión de carrizos que volaba por encima de las azoteas de las pocas casas del barrio María Auxiliadora, un derviche que asomaba con tórtolas para la merienda o una anciana buena que nos preparaba los alfeñiques en forma de pájaros vacacionales.

Siempre descubrimos en el juego aquel que no respeta las normas, al roñoso, que se queda escondido para  trampa, al llorón que solo quiere ganar, el que se levanta con las apuestas; en fin, a todo mortal que después, en la vida, va a tratar de ganar con las estrategias del dolor y el engaño. Por la forma de jugar se conoce al solidario, al compasivo, al que gusta ayudar a otros a salir adelante. Pero también, por el juego, conocemos al vanidoso, al que se vanagloria por el juguete más caro, al egoísta que nunca presta sus posesiones, al metódico y cuidadoso que guarda su juego para que no se dañe o “gaste”.

Todo se puede descubrir a través del juego, hasta eso de las profesiones, porque el que después fue cura, desde chiquito juega a celebrar misa, da la comunión y compra las hostias de “mintiendito”. O el que tiene vocación de profesor, se las ingenia para tener un buen puntero que le sirve para darles unos cuantos “punterazos” a los guambras que no se saben la lección o que no pueden con las tablas de multiplicar.

Las chicas con su instinto maternal, por lo general, tenían las mejores muñecas que son atendidas por el doctor del barrio, un suco de seis años aproximadamente que andaba con una manguera de suero auscultando a cuanto enfermo se le atravesaba por su consultorio. El juego del papá y la mamá reproducía todos los conflictos que los vecinos traían de sus casas y que los transformaban en nuevas posibilidades de entender la realidad de sus hogares.

Otro divertido juego, algo que lo hacemos hasta ahora con un grupo de “veteranos”, es el juego del cine y las historias de amor. El que había podido remedar en el cartón y un trípode de caña guadua una cámara filmadora, se hacía pasar por director, daba indicaciones a los actores de cómo tenían que desempeñarse en sus respectivos papeles, exigiendo en cada uno de sus movimientos como líder, el máximo realismo posible. Detrás de él estaba un pequeño grupo de guaguas con gripes mal curadas y narices coloradas por los estornudos que fungían ser integrantes de una orquesta que cumple el papel de fondista musical que se requiere en ciertos momentos de la tensión dramática de la historia. Los besos no estaban permitidos, porque esa era una regla en las proyecciones del cine del padre Crespi que nos inició en los secretos y claroscuros del arte de la cinematografía, cuando gozábamos con las ocurrencias de Carlitos Chaplin, el Gordo y el Flaco, los hermanos Marx, Cascarrabias entre otros clásicos del western americano como Durango Kid.

Todo comienza con una propuesta lúdica que se va consolidando a lo largo de un proceso que determina un tramo de nuestras vidas. La educación, por lo tanto, y este es nuestro planteamiento, ha de estar cimentada en las diferentes posibilidades, actividades, técnicas, recursos y estrategias que provienen del juego. La experiencia y la práctica nos han permitido comprobar excelentes resultados de aprendizaje que partiendo del juego han sido posibles con la participación de los aprendices, observándose una total entrega al hecho y al proceso hasta el punto de que los discípulos lo hacen con total alegría y satisfacción. En vez, entonces, de la agresión, de una actitud impaciente, el conductor del aprendizaje también se contagia del interés con reglas claras que nos permiten orientar las formas y los valores que sustentan el hecho mismo de aprender; respetando al grupo, ayudándose mutuamente, corrigiendo los errores, fomentando la tolerancia y el compañerismo, jugando limpio, compitiendo honorablemente y compartiendo la experiencia que finalmente les ha servido a todos para el objetivo último que significa prepararse para la vida.

Los niños practican los modelos lúdicos que les entrega la tradición, ejercida por la comunicación que protagonizan los “más grandes” hasta que ellos entienden lo que implica la creatividad y se constituyen en la generación que apuesta a darle un nuevo giro a los juegos aprendidos; y es más, poco a poco van incorporándose nuevas maneras y posibilidades de armar otras propuestas en las que se integran renovados elementos que a lo mejor la generación anterior no los tuvo. Muchos juegos y juguetes son el resultado de un proceso de mutación y reciclaje que es una buena contribución a enriquecer el bagaje lúdico con que cuenta ese grupo, ese colectivo como práctica cultural, sinónimo de iniciativa y emprendimiento. Una sociedad exitosa en el ámbito de la cultura y la educación como es el caso de Finlandia, precisamente, tiene que ver con eso de incorporar a la educación todas estas experiencias de tradición oral que sirven para ejercitar los valores, las reglas, el lenguaje, el arte, la organización social y cultural, los liderazgos, el trabajo autónomo y cooperativo.

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