¡Eran tiempos recios!

Por: David Fernando Rubio Q.
Politólogo, Colombia

Pensar que el periodo de la Guerra Fría se acabó y que el surgimiento de la potencia hegemónica del norte con fuerza avasalladora y totalizante es algo del pasado, identificar que el papel de los Estados Unidos ha menguado a consecuencia del papel de Donald Trump y sus decisiones unilaterales y del pésimo manejo de la pandemia es una realidad. El siglo XXI se caracteriza por ser un escenario diverso y polifacético, todos los temas tienen aristas y debates que deben ser atendidos, la zona gris de muchos de ellos se ha ampliado a tal magnitud que los extremos son irreconocibles e irreconciliables.

Pensar que el periodo de la Guerra Fría se acabó y que el surgimiento de la potencia hegemónica del norte con fuerza avasalladora y totalizante es algo del pasado, identificar que el papel de los Estados Unidos ha menguado a consecuencia del papel de Donald Trump y sus decisiones unilaterales y del pésimo manejo de la pandemia es una realidad. El siglo XXI se caracteriza por ser un escenario diverso y polifacético, todos los temas tienen aristas y debates que deben ser atendidos, la zona gris de muchos de ellos se ha ampliado a tal magnitud que los extremos son irreconocibles e irreconciliables.

En ese orden de ideas, esta atmosfera permite el surgimiento de nuevas potencias globales como los son China y Rusia, secundados por la India, Brasil, Turquía, Japón y tal vez Sudáfrica y Egipto. Este surgimiento de bloques permite equilibrar la balanza, en medio de un nuevo estallido de violencia global, reviviendo los tiempos recios de la segunda mitad del siglo XX, donde tanto unos como otros podían vulnerar fácilmente las fronteras y la soberanía de los estados.

Con la situación vivida en Afganistán se revive un poco este recuerdo, por un lado, el desescalamiento del conflicto de parte de los Estados Unidos, esta locación huérfana sirve para la multiplicación de la violencia y la posibilidad de dialogo por parte de Rusia y China, donde el interés es claramente geopolítico y geoestratégico. Al igual que pasó con Guatemala, Filipinas, Cuba y Panamá, por mencionar algunos, la presencia imperial de los Estados Unidos deja una estela de sangre a su paso, las guerras a larga distancia están desvirtuadas y desde el siglo pasado se han desvirtuado, comprobando que son los locales, los que más sufren por esta intervención, multiplicando entre los ciudadanos la resistencia a la estrella del norte y haciéndonos reflexionar sobre ¿Cuál es el papel de un verdadero líder global en estos tiempos recios?

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