El machismo en los medios: esta vez, en la voz de Andrés

Por: Carola Beatriz Henríquez Espinosa
Comunicadora, Chile

Hace algunas columnas atrás escribía sobre el periodismo, y los difícil que es a veces defender esta profesión. No quiero volver sobre el tema de la ética profesional, o sobre cómo finalmente, quienes tiene el poder inciden mucho, como dueños, en las líneas editoriales que maneja cada medio de comunicación.

El problema está, en que en el ejercicio del periodismo no sólo debemos enfrentarnos a quiénes cumplen el rol de establecer una línea editorial, sino también a quiénes se les da espacio y tribuna para emitir opiniones que realmente son imposibles de justificar.

Esta semana se podría haber tratado muchos temas, como el efecto que el alza de combustible tiene a nivel nacional y en el aumento del valor de la canasta básica; o el riesgo en la calidad y gratuidad de la educación superior con la reforma a la Ley Orgánica de Educación Superior presentada por el gobierno; de la salida de Lenín Moreno del país o de las causas y consecuencias del aumento de la migración y sus detenciones en las fronteras, pero hay dos tópicos que, nuevamente, colocan al periodismo en la palestra, las medallistas olímpicas y la situación de las mujeres en Afganistán tras la toma del poder por los Talibanes.

Y me refiero a estos dos, pues en los últimos días hemos visto, a través de las redes sociales, cómo las opiniones machistas de algunos periodistas han encendido la mecha que nos recuerda que aún queda un sinuoso camino por recorrer para erradicar al patriarcado de nuestra sociedad y de nuestras vidas.

Tamara Salazar, Neisi Dajomes y Angie Palacios no sólo llegaron al país con sus logros olímpicos, sino con un reconocimiento a su esfuerzo, sorteando inequidades, resaltando la importancia de sus raíces, de su pueblo y su historia, pero para Andrés Carrión en su rol de periodista era más importante conocer si sabían cocinar o lavar platos.

El sesgo machista de estas preguntas no es inocuo, ni se trata de la sensibilidad de las feministas, es un reflejo de como aún se mantienen los estereotipos y estigmas sobre los roles de género, es violencia porque se ejerce desde el poder que Carrión tiene como entrevistador por sobre las deportistas como entrevistadas, calzando completamente dentro de un sistema patriarcal y colonial, pues sí, porque también hay tema de raza detrás.

Así, queda en tela de duda quiénes tienen acceso, entonces, a estar en pantalla o tener espacios para dar este tipo de opiniones, caso similar, es lo sucedido en el programa Mucho que Contar y las declaraciones de Andrés Pellacini, sobre lo que deberían hacer las feministas frente a la situación de las mujeres en Afganistán, insinuando que todas deberían ir a defenderlas para ser fusiladas, y finalizando con un tema tan sentido como lo es el de señalar a las mujeres como provocadoras de actos de violencia hacia ellas.

El lenguaje configura realidades y los medios de comunicación actúan como canales de difusión, generan opinión pública y permiten que se mantengan los discursos hegemónicos que construyen a la sociedad, es por esto, que no podemos hablar de opiniones inocentes, sino de una falta de formación y valoración de los procesos sociales, como el feminismo y sus luchas.

Las y los periodistas, entonces, en la posibilidad de acceder a espacios en los medios de comunicación y las redes sociales para la difusión masiva de sus pensamientos y creencias en base a las cuales generan su opinión y aportan a la opinión pública, tienen la responsabilidad social de cuidar sus palabras, sin caer con esto en la básica y típica noción de censura.

El tipo de comentarios realizados por estos dos Andrés terminan por contribuir a la desinformación, al refuerzo de estereotipos, a fomentar la discriminación y el odio, pero, a la vez permiten que se levanten las otras voces: las disidentes, aquellas que a través de los nuevos medios y formación de espacios construyen los nuevos discursos, los contrahegemónicos.

Un comentario en «El machismo en los medios: esta vez, en la voz de Andrés»

  1. No conozco las opiniones de tales periodistas mencionados, sin embargo, no necesito conocerlas para apreciar la solidez y altura del argumento de la columnista.

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