Cuerpos silenciados: la hipocresía del puritanismo y otros demonios (VI)

Por: Shirley Ruiz
FSMET Col-Lat, Costa Rica

Julio de 1926 los arzobispos españoles redactan una carta sobre el comportamiento y la vestimenta de las mujeres donde les preocupa la incapacidad de la Iglesia por controlar la apariencia corporal de las mujeres.

Bordo cita a Bourdieu y a Foucault para decir que el cuerpo es un centro de control social; es a través de maneras, hábitos, rutinas, reglas y prácticas que la cultura construye el cuerpo. 

En 1931 la Iglesia al ver cómo iba perdiendo la influencia sobre los cuerpos de las mujeres moviliza a sus partidarios a una construcción católica de la “feminidad”.

Por otro lado, Lagarde afirma que “el cuerpo es el más preciado objeto de poder”  Indica que son las instituciones quienes disciplinan, controlan y recrean los cuerpos a través de diversos procesos que enseñan cómo debe ser el cuerpo para hombres o para mujeres, según las normas corporales de género, por lo tanto, cada cuerpo es disciplinado con fines sociales.

Las faldas cortas y las prendas que resaltaban las figuras corporales llevó a los arzobispos a redactar cartas basándose en las vestimentas de los años 1920 para prohibir y castigar el uso de ciertas vestimentas y de cómo debían comportarse públicamente las mujeres y en algunos casos, también los hombres.

Butler, afirma que el cuerpo es un instrumento relacionado externamente con un conjunto de significados culturales, por lo tanto, es una construcción cultural.

A lo largo de los años, la historia se sigue repitiendo una y otra vez, principalmente en sectores conservadores y fundamentalistas donde hablan de cómo debe vestirse una mujer según la biblia para agradar a su Dios.

Encontramos artículos con títulos como:

  • ¿Cómo debe vestirse una mujer cristiana?
  • Así es como debes vestir si eres mujer
  • Versículos de la vestimenta de la mujer
  • Dios prohíbe que las mujeres usen pantalones

Y así, un sinfín de artículos, prédicas, charlas y hasta reglas se siguen impartiendo desde lugares de poder para controlar, tener bajo sumisión y silenciar los cuerpos de una y otra forma y Gatens  menciona que la diferencia entre los cuerpos de hombre o mujer no se relaciona con lo biológico, sino con “la forma en que la cultura marca los cuerpos y crea condiciones específicas en que pueden vivir y recrearse”

Y es que el poder y disciplinamiento corporal  como seres políticos que somos no queda de lado y más bien cobra fuerza ya que mientras de una forma integral se logre controlar todos los aspectos del ser humano, eso le da más poder a líderes políticos y religiosos.

Volvemos a mencionar a Foucault ya que consideraba que el cuerpo está inmerso en relaciones de poder y que el sometimiento del cuerpo no se obtiene solo mediante la violencia, sino que puede ser muy sutil; esto para lograr cuerpos dóciles, es decir, cuerpos que puedan ser sometidos, utilizados, transformados y perfeccionados.

Por lo tanto, se entiende el cuerpo como centro de poder y de control, de diferentes maneras y algunas de ellas difíciles de detectar porque son silenciosas o invisibles  que no se recurren a la violencia física, sino   a una estrategia de autocontrol corporal.

Y si hablamos de la “feminidad” agregaríamos que es una construcción cultural impuesta como ideal social para las mujeres, representada con gestos, vestimenta y comportamientos que implican obtener una etiqueta impuesta para poder ser y pertenecer a una sociedad o religión que nos dice o habla de una forma “correcta” de ser como personas.

Nietzsche  menciona que la moral y la religión han hecho del humano lo que han querido. Además, que dan “preceptos acerca de cómo se debe vivir y hacen que se obedezcan estos preceptos por medio de castigos y recompensas” mencionando que “la concepción de mundo está manchada por la idea del castigo”.

Y en hoy en día, en pleno 2021, seguimos castigando a los cuerpos así como sucedía en los tiempos medievales, como lo fue la Inquisición medieval, tal como ocurría en la tradición cristiana, y se hace énfasis entre el cuerpo disciplinado y el cuerpo indisciplinado, al punto de llevarlos a una confrontación y culpa como forma de manipular y controlar.

Vidas, cuerpos, apariencias, ideas e ideologías dentro de las cotidianidades homogéneas es lo que busca la sociedad actual, en la que las diferencias son rechazadas y discriminadas.

En 1948 Simone de Beauvoir se preguntaba cómo atravesar el camino de la emancipación sin caer en el destino reservado a las mujeres. Ella deja de lado las opciones que denomina justificaciones: no es por la vía del amor o de la mística que las mujeres conquistarán su libertad. Es transitando el camino de la fraternidad, luchando contra la tortura, el hambre, el colonialismo y la sujeción ejercida sobre sus cuerpos como mujeres que alcanzarán la libertad.

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