Las medallistas afroecuatorianas de los Juegos Olímpicos se pusieron los moños

Por: Marisol Cárdenas Oñate, PhD
Quito, Ecuador

Neisi Dájomes y Tamara Salazar son ya un referente de triunfo, alegría y valor para nuestro país, Latinoamérica y el mundo, pero sobre todo son mujeres afrodescendientes de comprobado profesionalismo deportivo que llegaron a Tokio luego de un viaje de heroínas superando todos los obstáculos de condiciones adversas.  A continuación mencionaré algunas interseccionalidades  desde sus pertenencias identitarias. Ellas son parte de una etnia racializada, discriminada, marginalizada; por ser mujeres, en un país en donde el machismo no sólo no desaparece ni siquiera cuando obtienen el triunfo olímpico sino que se enmascara con el aparentemente inocente repertorio de chistes coyunturales, como lo demuestran los memes que circularon por wats up comparándola y colocándola en un lugar de desventaja con el también medallista olímpico Richard Carapaz. El también caminó solo, cambiando de bicicleta en bicicleta hasta que al fin pudo ser “visto” por las instituciones gubernamentales cuando nos ofreció las alegrías internacionales conocidas, pero regresando a las  hermanas afrodescendientes, también cuenta su pertenencia a dos poblaciones rurales en un país donde el regionalismo sigue en maritazgo con los residuos del feudalismo y los autoritarismos blanco-mestizo-hetero-hegemónicos, oligárquicos.

Sin embargo, hubo un elemento socio estético cultural identitario que llamó la atención de los medios nacionales y extranjeros quienes encontraron indicios para desatar los hilos de una madeja que trenza y destreza alegrías y nostalgias, ataduras de una historia de esclavización, pero también otra de empoderamientos que desarman el poder en los pliegues del sentido de su cabellera afro: “superpoderosa”, interviniendo para ayudar a los memes que las calificaron de “chicas” así.  De modo que retornando a esta narrativa heroica, la pregunta sería ¿de dónde llegaron estos superpoderes? Lamento decepcionar a quienes creen en las historietas de ficción, pero Neisi escribió en sus manos disciplinadas, fuertes en cuerpo y alma, el nombre de sus amores perdidos que la inspiraron y con los que soportó no solo el peso en halterofilia sino el peso étnico, la pertenencia a una familia de refugiados fruto de la violencia paramilitar en el Pacífico sur de Colombia, y otras consecuencias de la discriminación a la migración obligada, con todo ello, ella se abrió el camino al éxito. 

Es importante señalar cómo un pequeño indicio semiótico de su vestimenta puede ofrecer tanto sentido y potencia interpelativa.  En esos turbantes tricolores habitan las herencias de maternazgo de todas las otras mujeres afrodescendienties, afroandinas, afroamericanas, africanas realizando todo tipo de trabajos domésticos, agrícolas, culturales (dancísticos-musicales) siempre políticos porque el cimarronaje estético es una práctica semiótica discursiva política ejercida en todo tipo de resistencia-re-existencia, resiliencia. Y también en esas pañoletas, como les llaman en el Valle del Chota, como en Pusir, natal comunidad de Tamara Salazar, están también las mujeres que han luchado y luchan por la equidad, la justicia social, la geopolítica cognitiva en equidad, la soberanía epistémica, la reparación histórica, la ednoeducación, las políticas diaspóricas inclusivas, migratorias, nómada física, simbólica y espiritualmente.  En esas coronas que ellas ya portaban desde antes de ser embestidas por el también hegemónico cedazo de los juegos olímpicos, ya habían sido tocadas por Yemanyá, Obatalá, Ochun y Oyá, por mencionar solo a algunas de las más reconocidas deidades femeninas del panteón Yoruba. Con esto, no quiero decir que tengan una pertenencia a esta religiosidad afrodescendiente las hermanas triunfadoras, sino que como dice el Ubuntu, “yo soy porque tú existes en mi” en lenguaje Xhosa, Zulú entre otros. Todos y todas somos parte intrínseca de todo, por lo que si tú sufres, también lo hago yo, de ahí que debo hacer todo lo que esté a mi alcance para solucionar tus nostalgias, para curarnos comunitaria, mutuamente, o en mutuidad, como lo dicen “casa adentro” los pueblos afro.  Desde este sentipensamiento (también tejida desde la soberanía cognitiva del Sur de Colombia) todas y todos estamos conectados a esos ombligos culturales afrodescendientes que ambas deportistas portaron, y esperemos que luego de esta inolvidable alegría se entienda que el acceso al deporte, la educación, la salud, la alimentación son derechos  en la vida cotidiana de los pueblos y nacionalidades indígenas, afrodescendientes, mestizas y que influyen sobremanera en las condiciones de accesibilidad al podio de la vida digna.

Sólo si se ofrecen políticas gubernamentales integrales, transversalizando la dimensión de género, interculturalidad, decolonialidad y biodiversidad epistémica se podrá crear más canchas (ancestrales) para practicar el mejor deporte para la equidad, el respeto y la convivencia en armonía: una ética planetaria en pluriversidad. Solo así se trabajará para superar los estereotipos, inclusive deportivos asignados a los pueblos históricamente olvidados, y noveleramente reconocidos en eventos puntuales. Ojalá ahora que estas alegrías vinieron de la mano de mujeres que esquivaron la embestida de la maternidad adolescente típica de estas comunidades gracias al deporte, las políticas de Estado presten más atención integral a las condiciones de producción ciudadana en diversidad, más aun tratándose, como en este caso que estos logros están inscritos en el Decenio de la Afrodescendencia.  ¡¡Aché!!           

3 comentarios en «Las medallistas afroecuatorianas de los Juegos Olímpicos se pusieron los moños»

  1. Lindo texto, Marisol, meus parabéns!

    Que a trajetória dessas campeãs seja laureado de orgulho, conquistas, dignidade e representatividade para o povo negro equatoriano.

  2. Un excelente artículo que elige el triunfo de las deportistas ecuatorianas en las Olimpiadas de Tokio para reflexionar sobre la cultura afro en el país, su profundidad histórica, sus orígenes en el continente africano y que se muestra en signos claros de identidad aún hoy. Importante tema que busca terminar con prejuicios que hacen mal a todos los ecuatorianos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *