Entrevista a Fabían Saltos Coloma

Propuesta de cambio en la gestión de la Casa de la Cultura(s) Ecuatoriana

Por: María Eugenia Torres Sarmiento
Docente, comunicadora, Azogues (Ecuador)

Una noción de progreso, implica un desarrollo económico, social y cultural, a partir de la aplicación de los principios de solidaridad e interdependencia basados en conceptos de identidad, de origen y cultura de cada uno de los pueblos, consagradas en las libertades de opinión y expresión, que constituyen entornos indispensables para el ejercicio de la creatividad científico-técnica y estética en toda su amplitud y la difusión de los productos culturales.

En torno al tema, Fabián Saltos Coloma, abordará desde su experticia este tema importante en el destino cultural del Ecuador. Fabían Saltos Coloma, es Antropólogo.  Posgrados en políticas y gestión cultural, Cooperación Cultural, Gerencia Social para el Desarrollo, Gestión del Patrimonio. Magister en Estudios Internacionales. Magister en Gestión Cultural. Director de planificación/formación. MCYP. Director de Participación ciudadana, MIES. Gerente Complejo Arqueológico Ingapirca, Director Museo  Manta. Autor Libro: Bases y estrategias de la Gestión de  Cultural,  así como varios artículos que evidencian la gestión cultural en el país.

¿Cómo se encuentra la institucionalidad cultural en el Ecuador?

En términos generales,  estamos viviendo un sistema nacional de cultura en proceso de configuración, es decir que las funciones de cada una de las instrucciones tienen que estar alineadas a una política cultural estatal, que cumpla con la garantía de los derechos culturales de todos los ciudadanos ecuatorianos,  por ejemplo los servicios, bienes y productos culturales tienen que ser distribuidos equitativamente en todos los territorios sin importar quién sea el oferente  público del servicio cultural, puede ser la Casa de la Cultura, el Instituto de Patrimonio Cultural, las mismas Direcciones de la Cultura  de los Municipios o de las Juntas Parroquiales.

Lo importante es que haya presencia cultural desde el Estado con servicios, bienes, con productos culturales que garanticen el acceso y disfrute de la cultura por todos los ecuatorianos. Por lo tanto,  el sistema y la institucionalidad cultural,  deben estar presentes en todos los territorios, incluso en los muy alejados y recónditos, es decir, en los pueblos y nacionalidades indígenas, en los barrios urbanos marginales. Obviamente esto es una gran política de Estado que debe de aquí en adelante irse plasmando poco a poco debido al deficiente recurso económico, que deberá incrementarse año a año en el presupuesto estatal, pero también con la gestión, con la demanda desde los ciudadanos para que se logre concretar esta aspiración de una política cultural integral e integradora  al servicio de todos los ecuatorianos.                                                               

¿Qué ha hecho la Casa de la Cultura Ecuatoriana en los últimos 10 años para promover la democratización de la cultura?

Tenemos un problema serio en la Casa de la Cultura, y obedece sobre todo a esquemas demasiados verticales y rutinarios. Un concepto de la cultura de los años 40 o 50 que se mantiene y que se refleja en  un pensamiento único, un arte y una cultura nacionales; evidentemente  este concepto se ha sobre pasado hoy en día 

Hoy tenemos una visión más holística e integradora, hablamos de una integración simbólica de los ecuatorianos, de una producción de pensamiento filosófico profundo de la ecuatorianidad. Estamos hablando de que la Casa de la Cultura tiene que ser un referente identitario sobre una propuesta de un imaginario colectivo sobre la ecuatorianidad,  una reflexión permanente sobre una nueva antropología social. Lastimosamente se ha reemplazado todo este camino de un pensamiento y de una reflexión continua con un tipo de “eventitis aguditis” que llevamos haciendo durante mucho tiempo, rellenando con algún tipo de servicio cultural como la prestación de escenarios, de teatros, de salas, etc. Un error fundamental que adolece la Casa de la Cultura y en donde no se ha plasmado aún auténtica gestión cultural.

Estos sistemas verticales habituales, legalistas, establecidos desde hace 60 o 70 años siguen operando con formas discrecionales de instrumentar la gestión de la cultura, por lo tanto, es necesario hacer una ruptura radical.

Me parece que debe darse  una ruptura justamente a partir de la democratización y la democracia culturales que no son otra cosa que el acceso a bienes y servicios  y la participación activa de todos los actores. De esta manera, la Ley Orgánica aprobada a finales del 2016 suscitó una participación sustancial de los inscritos en el RUAC, como actores clave en las elecciones de la Casa de la Cultura, donde se supone que todos los actores que estaban registrados en el lugar de residencia, serían los que participen en las elecciones de la Casa de la Cultura, siempre y cuando los actores  tengan un papel protagónico en la construcción sociocultural de la CCE.  

Me acuerdo que, la Casa de la  Cultura hasta el 2016, tenía espacios democratizadores al contar con las secciones académicas, que hoy muy bien podrían llamarse secciones culturales, a secas, así los artistas, gestores, portadores de saberes, los miembros activos de la CCE, enriquecerían el constructo social de la CCE, con sus aportes, con su reflexión, con sus propuestas artísticas, con nuevas estéticas innovadoras etc.  Harían que la Casa de la Cultura sea realmente un refugio de efervescencias y de actividades culturales trascendentes, con profundidad con un pensamiento crítico sobre la base de unas teorías renovadas del arte-patrimonio etc.

Ahora todo esto se ha venido abajo, ha flaqueado completamente la imagen de la Casa de la Cultura.  La gente que  hoy postula para ser directivo, simplemente lo hace por tener un cargo directivo, recibir un mensual. Penosamente,  la rutina, la monotonía, el desconocimiento, la mediocridad,  han ido agobiando, desgastando y decantando por dentro los pilares tutelares  de la Casa de la Cultura. Necesitamos una ruptura seria, necesitamos una refundación  de la Casa y hoy, pienso,  estamos en el espacio tiempo propicios, puesto que, estamos de cara a las elecciones de los directivos de los núcleos provinciales y de la sede nacional…,  obviamente todo ese proceso debe estar esto atado a la Ley de la Cultura y a su reglamento.  

¿Nos podrías contar un poco sobre las falencias en los procesos eleccionarios de las casas, se han priorizado perfiles acordes a una dinamización de la gestión cultural?

En primer lugar sobre los perfiles de los candidatos no hay ningún reglamento o instructivo, pero obviamente es necesario que el postulante posea  toda una carga de experiencia vivencial/profesional en la gestión de  las artes,  los  patrimonios,  las culturas, pero sobre todo en políticas y gestión cultural pública.        

La Casa de la Cultura como otras instituciones culturales, son instituciones de la complejidad, no son instituciones fáciles de manejar, en el sentido de que en estas instituciones hay demasiados criterios, decisiones, voluntades y subjetividades que inciden justamente en una política cultural, muchas veces discrecional y personal  y la Casa de la Cultura no ha escapado a esta situación desde la misma fecha de su fundación. La CCE tiene que ser un gran  espacio de concertación,  de mucha reflexión y de mucha decisión.

A veces, con una decisión puedes dejar de lado a muchas personas, incluso amigos, por qué los recursos escasean y  hay una decisión primordial en beneficio de todos los ciudadanos que consumen cultura. Entonces se necesita personas con una probidad ética, profesional y con esta visión de integración e identidad simbólicas del Ecuador a través de la historia, la memoria social, la antropología, la filosofía, las artes, pero también de la prospectiva cultural.  

¿Fabián a nivel nacional se está llevando a cabo las elecciones para directores provinciales y  presidente de la sede nacional, cómo ves este proceso, es democrático o no?

Lo que yo aprecio es que hay una especie de arreglo concertado entre los directores que hoy están en funciones y el presidente nacional, Restrepo, para prolongarse en los cargos a través de la reelección. No hay  una comisión, una especie de Junta electoral independiente de la Casa de la Cultura que elabore los padrones y el proceso de elecciones. O se deberá encargar al Consejo electoral Nacional  que se encargue del proceso pues no pueden, por ética, por ley,  ser generado el proceso y padrones  por  los mismos directores de los núcleos que se van a reelegir. Aquí debería cumplir un rol importante el Ministerio de Cultura a través de la designación de una comisión  o de una junta electoral o para que éstas puedan reglamentar e instrumentalizar el cómo se va a operar, paso a paso las elecciones desde la misma convocatoria, los requisitos, el día del sufragio, las impugnaciones, etc. 

Entonces,  este proceso electoral para su legitimidad, tiene que ser mucho más transparente, es decir, alejado de los directores provinciales a la Casa de la Cultura y de Restrepo, que como es sabido, él está en la función de presidente nacional, no por meritos, sino por argucias politiqueras. Por qué alguna vez, hace cuatro años, nosotros comentábamos que de pronto sería interesante que el mismo Consejo  Electoral pueda organizar las elecciones de la Casa de la Cultura para darle mayor credibilidad al proceso, mayor objetividad, mayor transparencia y que no quede ninguna duda. Ahora bien, también es ilegal  la prolongación de los directores actuales, pues hay fechas estipuladas en la ley para su finiquito del cargo.

Me parece que por ahí  debe operativizarse hoy este proceso, a fin que exista mayor  participación y legalidad en estas elecciones.  Algo importante también, el Registro Único de Actores y Gestores Culturales (RUAC) me parece que es una herramienta indispensable para conocer quiénes somos los actores que estamos dentro del arte, de la memoria social, del patrimonio cultural, es un registro serio, objetivo, formal que ayudará en mucho al sector. El RUAC,  no necesita que las personas inscritas allí, digan que quieren o no participar en las elecciones de la Casa de la Cultura, lo yo pienso es que  deberían crearse o conformarse las secciones culturales,  donde los miembros del RUAC,  formarían  parte sustancial de esas secciones culturales, para que aporten en la construcción de contenidos que ayudará a una buena  gestión de la Casa de la Cultura. Estos miembros están en la capacidad de asesorar, asistir, capacitar,  orientar a la institución de  Casa de la Cultura.

Sólo de esta forma, la participación de los integrantes del RUAC, tendría valor y validez, con una  participación activa y no simplemente utilitaria, a través de una carta, que me parece incluso ridículo, al decir que  quiero o no quiero  participar en las elecciones de la Casa de la Cultura. Uno participa cuando se compromete, cuando aporta, cuando ayuda  a construir críticamente una gestión, una praxis, una filosofía y un pensamiento. Y pienso que por allí deberían estar hoy en día  caminado las elecciones.                         

¿Conoces de la gestión cultural emprendida por los miembros del RUAC a nivel nacional?

El RUAC, como decía, es una herramienta lo más objetiva posible, por cuanto, no te acredita tu experiencia, tu trayectoria, simplemente tu presentas un título o un tipo de certificado o documentación de tu práctica, y el RUAC  valida la información que tú mismo enviaste. El RUAC no te acredita tu condición de actor cultural, si eres o no actor, si eres o no gestor, si eres o no investigador, si eres o no portador de patrimonio, simplemente valida tu información  y eso me parece a mí importante.  

Todos estos actores culturales del RUAC obviamente están participando activamente en la vida cultural del país. Hay de todo tipo de actor cultural, los que crean, producen, difunden artes, los que hacen mucha investigación, por ejemplo, investigación de las artes, investigación del patrimonio.  La categoría de “portadores” me parece muy interesantísimo, por ejemplo, los artesanos que portan “conocimientos” de una técnica tradicional como los del saber del tejido del “sombrero de paja toquilla” están ahora en el RUAC. Esta plataforma es un gran espacio para su reconocimiento y difusión de sus saberes. El RUAC con la incorporación de otros actores culturales significa un proceso de inclusión y  democratización del  pluralismo socio cultural del  país.

El RUAC es una herramienta pública, magnífica, de largo alcance, para que sus miembros forman parte de directorios, de representaciones, de delegaciones, etc., en cambio para ser miembro de la Casa de la Cultura es demasiado discrecional, se refiere al criterio de las autoridades de turno para que elijan o autoricen o aprueben, quien puede o no puede ser miembro de la Casa de la Cultura. 

Siempre hemos tenido este problema de procesos electivos  elitistas, selectivos, antes eran miembros justamente  personalidades del ámbito cultural, artistas e intelectuales reconocidos o renombrados. Hoy en día el RUAC, nos permite tener otro tipo de actores culturales que han sido invisibilizados y marginados históricamente  y hoy son reconocidos desde el Estado, entonces el RUAC, me parece un instrumento grandioso que incluso, yo me atrevería a decir que debería ser el único mecanismo para ser miembro de la Casa de la Cultura, con la respectiva membresía de la sección cultural que ha escogido y desde ahí aportar. Por ejemplo, sería necesario contar con  una sección cultural de lenguas originarias en las Casas de la Cultura.  Imagínate que  por ejemplo:-La Casa de la Cultura de Pastaza, provincia que alberga a 7 nacionalidades indígenas,  tenga unas secciones de lenguas, de patrimonio inmaterial, de técnicas tradicionales de labranza, de danzas y cantos,  etc.

¿Frente a la precariedad de los procesos culturales en el ecuador y a una deficiente gestión cultural como fruto de los mismos, cuáles serían las propuestas de cambio?

Lo primero son estos desafíos que tienen las instituciones culturales, es admitir que son instituciones complejas, que sus políticas no necesariamente son inclusivas, que muchas de sus decisiones excluyen a las mayorías de los actores culturales. También pensar que debemos tener este concepto holístico de la cultura como una actividad humana pero sobre todo que deberíamos pensar en una gestión cultural de tres patas claramente establecidas Creatividad,  Memoria y Diversidad. Yo creo que estos tres ejes son fundamentales para entender los nuevos roles de la Casa de la Cultura.

Entendido como una complejidad esta institución  es obligatorio que éste organismo conjuntamente con otras instituciones del Sistema Nacional de Cultura, garantice el ejercicio pleno de derechos culturales de toda la población, he ahí la instauración de algunas actividades o planes estratégicos de cómo descender o cómo llevar a cabo una política de largo alcance de democracia hacia todos los territorios. Para ello, el ejercicio de planeación cultural es una exigencia en todos los núcleos.

“La Casa de la Cultura”, como un concepto holístico e integral del Ser humano y también “la Casa de las Culturas”, como grupos particulares y específicos que tiene que ver con la diversidad de la creatividad humana, son  justamente  la riqueza de este país.

La gran Casa de la Cultura, por lo tanto  es la llamada a hacer una mediadora entre la creación de los artistas, -un especie de puente-, entre una Casa, -no de los artistas-, sino de la Creatividad, es decir una Casa de las creatividades del pueblo, donde artistas, creadores se congregan obviamente con sus expresiones, sus manifestaciones, sus obras con los ciudadanos, con los vecinos, con el pueblo, con esos,  los consumidores de la cultura y el arte. 

Entonces, es la gran Casa del pueblo, porque si no fuera así,  estaríamos desvirtuando su misión, al decir  que es una Casa solamente de los artistas,  pues eso significaría su distanciamiento de la comunidad, del barrio, de la ciudad. Por eso en las asambleas de la Casa de la Cultura,  me parece que  no debe estar solo integrado por actores o gestores, sino también por ciudadanos que son los que consumen cultura y con sus criterios se va a   mejorar los canales y las practicas de una buena gestión cultural. 

Es necesario el criterio de las audiencias, es necesario el criterio del público, no es simplemente la Casa de los artistas, donde los artistas exponen y no importa si van o no van, si asisten o no asisten, las personas, los públicos los grandes consumidores. Recordemos que la CCE es una institución pública que funciona con recursos de todos los ecuatorianos.

Yo creo que ésta, es una falencia y hay que tener otra mirada de la institución, por lo tanto, debe ser un espacio social, un espacio público donde se encuentren las diversidades creativas de los diferentes pueblos y colectivos que conforman este país diverso.

Hay un arte afro ecuatoriano, hay un arte montubio, hay un arte cholo (pueblo en proceso de reconocimiento incluso constitucional). Hay unos patrimonios que están dispersos, no es sólo el patrimonio nacional, hay patrimonios desde los diferentes pueblos, nacionalidades y  comunidades, que también tienen que estar allí y es una Casa de la Cultura como reservorio ético filosófico político, donde se construyen los nuevos escenarios de un nuevo imaginario del Ecuador que queremos…, y hacia donde caminamos. 

 La Casa de la Cultura, fue justamente constituida para que sea este gran emplazamiento de creatividad, este gran tanque de reserva de la identidad cultural ecuatoriana, de la reafirmación de la diversidad…  La Casa de la Cultura tiene que apoyar y suscitar todos estos procesos creativos, estos procesos de investigación, de pensamiento.

La investigación académica de las universidades es una cosa muy distinta a una investigación que se puede hacer desde los propios actores que no necesariamente son académicos, por ejemplo, los artesanos, los portadores. 

También dedicarse  la Casa de la Cultura a la producción de nuevos eventos, nuevas manifestaciones artísticas que lleguen también a los territorios más alejados, dedicarse  a la distribución de cine, dedicarse a la formación de actores y gestores culturales, a través de  talleres que bien se los hacía desde hace mucho tiempo… y dedicarse a la circulación del arte, no basta simplemente tener productos o eventos culturales hay que pensar en su circulación en cómo se distribuyen, en cómo llegan a los territorios y sobre todo, pensar en el consumo cultural de todos los ecuatorianos… Una Casa de la Cultura renovada tiene que ayudar a ejercer los derechos culturales, a construir  pensamiento crítico y pensamiento propositivo y a propiciar el acceso y disfrute de los diversos productos y servicios.

 A mí me parece interesante tener un Sistema Nacional de  Casas de la Cultura, no solo basta con los núcleos provinciales,  hay que fomentar las extensiones culturales en las parroquias urbanas y comunidades, en barriadas grandes.  En más de 1.100 parroquias rurales, tranquilamente podemos tener una Casa de la Cultura por parroquia, utilizar la infraestructura educativa para que se reúnan artistas, hay que identificar  puntos de cultura (grupos de arte conformados) en todo el país… es decir, tener una infraestructura   barrial parroquial comunal cultural en todos los territorios donde se crucen servicios, bienes, productos con territorios. Esto es pues, un verdadero Sistema Nacional de Cultura –“Esto es un gran tejido social de una política cultural del Encuentro”. 

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