¡La vida no vale nada…!

Por: Dr. Lauro R. Yumbla Lucero
Azogues (Ecuador)

Es posible, amables lectores, que el título del presente artículo, traiga a la mente, de quienes tienen “buena memoria”, la letra de aquella bella canción interpretada por el inolvidable Pedro Infante, allá por la década del cincuenta del siglo pasado o tal vez, consideren como una afirmación del autor, ¡¡¡al no valorar la vida!!! No voy a referirme ni a lo uno ni a lo otro. El propósito es comentar sobre el estado de inseguridad permanente en el que “vivimos” todos los ecuatorianos en cualquier parte del país, incluidos nuestros hogares. ¡Caminamos, en verdad, sobre el filo de una navaja!  

La situación es realmente impresionante, tenebrosa; la muerte ronda tras de nosotros en cualquier lugar y a cualquier hora; nadie está seguro ni en sus propios hogares. Las razones, múltiples, todas ellas exógenas, con el agravante que por disposición del Gobierno está terminantemente prohibido portar armas para la defensa personal.  

El Art. 393 de la Constitución vigente expresa: “El estado garantizará la seguridad humana a través de políticas y acciones integradas, para asegurar la convivencia pacífica de las personas, promover una cultura de paz y prevenir las formas de violencia  y discriminación y la comisión de infracciones y delitos. La planificación y aplicación de estas políticas se encargará a órganos especializados en los diferentes niveles de gobierno”. ¡Bla, bla, bla…! Frente a los hechos…, las leyes y normas son “letra muerta”. La misma Fuerza Pública, la Policía Nacional se sienten impotentes de poder controlar el alto índice de atentados contra la vida que ocurren a diario, por diferentes motivos.  

Para nadie debe ser desconocido el listado de muertos que la prensa libre se encarga de publicar a diario. Por un lado, la delincuencia común (asaltos, secuestro express, robo a mano armada, estruche a domicilios, robo de vehículos, asalto y robo en los vehículos de transporte público local o interprovincial, etc., etc.), con irrespeto absoluto a la vida de sus semejantes y que en los últimos tiempos se ha acrecentado por la presencia de delincuentes extranjeros, iguales o peores que los nacionales.  ¡Con cuánta facilidad matan a una persona por robarle un celular! ¡¡¡Escalofriante!!! Las “dulces sueños” que exceden la dosis de escopolamima, terminan con la vida de sus víctimas.  

De la misma manera el azote de nuestros pescadores artesanales, en alta mar, víctimas de delincuentes sin conciencia que a más de robarles los motores de sus embarcaciones, el producto de la pesca, para su sustento y el de su familia, acaban con la vida de humildes pescadores, dejando en la orfandad y el desamparo a sus hijos. En los últimos tiempos, igualmente se ha incrementado el abigeato y cuatrerismo, en las haciendas ganaderas  de la Costa y Sierra de nuestro país, en donde existen “un oficial y seis policías especializados” en estos menesteres. Para Ripley. Los ganaderos claman porque el Gobierno les permita portar armas para su defensa personal, el de su familia y sus bienes.  

Los femicidios son pan de cada día, lo mismo que los accidentes de tránsito, los más por negligencia, impericia, irresponsabilidad de sus conductores, con pérdida de valiosas vidas. Lo gravísimo, que no hay autoridad ni gobierno, hasta el momento, que ponga coto a esta clamorosa situación. El tráfico de personas, el secuestro de niños, la trata de blancas, el tráfico y microtráfico de drogas, el sicariato, atentados…; en fin, es larga la lista de formas con las que se atenta contra la seguridad y la vida de los ecuatorianos.  

¿¿¿Qué hacen los organismos y autoridades encargadas de velar por la vida y la seguridad de las personas???? ¿¿¿Qué hacen los Gobiernos??? Vivimos en total desamparo e inseguridad; “no vale nada la vida, la vida no vale nada…”, ¡¡¡porque, los recursos orientados a este fin, no abastecen!!!  “Cuánto más cuestan las cosas, menos valen las personas”.  

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