La feria de leyes en Colombia y la quimera del cumplimiento de la ley

Por: Jacqueline Murillo Garnica, PhD
Colombia

Los niveles de exceso de la fuerza pública en los últimos dos años se han intensificado más, y la difusión en tiempo real de estos actos ha dejado sin excusa a algunos miembros de la policía nacional que han abusado de su uniforme para cometer toda suerte de abusos contra los ciudadanos.

Recientemente el presidente de los colombianos presentó un proyecto de ley que modificaría el Estatuto Disciplinario Policial, incluyó 39 hechos que son calificados como delictivos. ¿Pero estas nuevas leyes para la policía tendrían algún efecto?, ¿es decir, servirían para reformar esa institución? ¿Sería esta la solución efectiva? ¿O solamente serán el conjunto de nuevas tipificaciones de leyes para los policías infractores? El punto aquí es quién cumple las leyes. “La ley se ha convertido en parte del discurso político: en los procesos electorales, hace parte de las promesas” mencionó el doctor en Derecho de la Universidad de Santo Tomás, Jairo Angarita.

Desde la Constitución de 1991, la tendencia reformista llevó a que Colombia sea uno de los países que más ajustes ha hecho a su carta política, una sumatoria de 56 veces en 110 artículos de los 380 que tiene. Esto quiere decir que, los legisladores, en menos de treinta años, ya han modificado una tercera parte de la carta política.

Las comparaciones ciertamente son odiosas, no obstante, vale la pena referirlas en esta ocasión:

PaísAntigüedad constituciónReformas/ajustes
Estados Unidos230 años27
Bélgica186 años13
México100 años77
Chile30 años33

Apunta el constitucionalista Juan Manuel Charry en la revista Razón Pública, que el exceso de reformas a la constitución indica inestabilidad política y relativización de la norma fundamental. El tema de fondo no busca solucionar la debilidad institucional, sino apalear los descalabros con reformas tras reformas y en esencia no se está atacando la problemática. Es evidente ver la debilidad de un gobierno que busca con cierto desespero mediático hacer creer que se está dando soluciones a todas las situaciones que se van generando justo también por ese mismo debilitamiento y desmoronamiento de la institucionalidad. Y eso que no nos vamos a referir a la ética de los que enarbolan la “democracia” en Colombia. Sería otro tema para abordar y con debida urgencia.
Retomo las nuevas leyes y sus tipificaciones como graves faltas del establecimiento que vela por el bien y cuidado de los ciudadanos colombianos, el Estatuto Disciplinario Policial.  Una de las novedades de este proyecto de ley es la inclusión de cuatro puntos: entre ellos cito este; “Causar daño a la integridad de las personas o los bienes como consecuencia del exceso en el uso de las armas, de la fuerza, de los demás medios coercitivos o con otros elementos no reglamentarios”, reza el numeral 1 del artículo 46 del proyecto de ley.

Obedece este nuevo punto de la reforma a las denuncias sobre delitos sexuales, no a los desmanes que produjeron estas execrables actuaciones de algunos miembros de la policía nacional contra los manifestantes. Otra de las inserciones a esta ley que es considerada como falta gravísima, dice: “Realizar sobre una persona conducta indeseada que implique tocamientos de naturaleza o contenido sexual”. Otro de los 39 hechos que serán considerados como gravísimos es la de vincular, facilitar, media o permitir la incorporación o ascenso en la institución de personas sin completar los requisitos. El último hecho y del que hubo más desarrollo en el texto del proyecto de ley tiene que ver con respecto al uso de la tecnología y las comunicaciones en la Policía (Diario El Espectador, VII-21-2021).

Todo un caudal de más leyes para una institución que las gambetea y la soslaya en su mejor versión. Y esto que se refiere a delitos que fueron captados in sutu y puestos a rodar por las redes sociales, no nos vamos a referir a otros que se han cometido en otras latitudes de la geografía nacional, ni tampoco a los crímenes cometidos por xenofobia. ¿Quién le pone el cascabel al gato? Se podrían aplaudir estas nuevas tipificaciones de delitos graves que está consignada en el EDP (Estatuto Disciplinario Policial), o sea, borrón y cuenta nueva. ¿Como antes no estaban estipulados entonces no se van a considerar? Esperemos que la justicia ejerza su función para todos los crímenes cometidos por los que se encargan de velar y salvaguardar la seguridad de los ciudadanos. No puede tejerse mayor ironía en Colombia como esta que ocurre con la Policía Nacional.

Coda: con profunda indignación hemos visto los colombianos los resultados de la elección de los dos presidentes del Senado y la Cámara. Al diablo con las reformas a las leyes si desde las mismas instituciones se están alimentando las cloacas de corrupción.

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