Elisa Del Carmen Loncon Antileo: Una esperanza para Chile y Latinoamérica

Por: Adriana Rodríguez Caguana, PhD
Universidad Simón Bolívar, Quito (Ecuador)

En estos días celebramos con alegría que Elisa Del Carmen Loncon Antileo, mujer mapuche, académica y activista, sea elegida como presidenta de la Convención Constitucional. Ella liderará el cambio de la vieja Constitución de la dictadura militar hacia un nuevo pacto político, que lleva desde el inicio los colores de la interculturalidad. Más allá de lo institucional, esta elección significa un avance simbólico hacía el antirracismo, tan necesario en un país que vivió una de las dictaduras más cruentas de la región Latinoamericana.

En Chile las brechas de desigualdad son alarmantes, especialmente en el campo de la educación. Según las cifras del CASEN Los pueblos originarios de Chile sufren a mayor escala la pobreza: alcanza un 14,5%, el cual aumenta en el caso de la pobreza multidimensional con un 30,2% frente a un 19,7% de la población no indígena.Esta brecha se ha ido profundizado con la pandemia. El derecho a la educación ha sido uno de los más afectados, por la falta de acceso universal al internet. La política educativa general de la región en la pandemia excluye a las poblaciones que no tienen el servicio, especialmente a la población rural. Según la CEPAL solo el 14% de la población rural de la región tiene acceso a internet; sin embargo, las iniciativas de las comunidades rurales o indígenas han podido sobrellevar estas políticas absurdas. En este contexto, que una educadora, de educación intercultural bilingüe, sea quien lidere el proceso de la Nueva Constitución en Chile es una muestra de sabiduría de los pueblos.

Elisa es una reconocida educadora, docente de la Universidad de Santiago (USACH), que es la sucesora de la Universidad Técnica del Estado, en donde también fue profesor el inolvidable Víctor Jara, quien fue detenido torturado y asesinado por la dictadura de Pinochet. Pertenece a la comunidad mapuche de Lefweluan, Región de la Araucanía. Su familia fue perseguida, especialmente su abuelo Ricardo Antileo, quien fue detenido por dirigir la recuperación de tierras. Hay que recordar que el pueblo Mapuche resistió ferozmente contra la dictadura de Pinochet, quien además de perseguir a las organizaciones, promovió una ley en 1979 para “terminar de una vez y por todas con el problema indígena” a través de titulaciones individuales de propiedad para romper las comunidades.

En Ecuador tuvimos la suerte de tener Elisa, quien nos visitó en el año 2016 en el marco del I Taller Internacional sobre Buenas Prácticas de Educación Intercultural Bilingüe. Pudimos escuchar su ponencia sobre la formación docente en Chile, las luchas académicas y políticas que se dieron en torno a la enseñanza del mapudungú en la formación docente. Las lenguas indígenas siempre han tenido que persistir en demandas y acciones dentro de la academia que sigue guardando vestigios coloniales.

Además, la presidenta de la Convención se define como feminista anticolonial, y no es para extrañarnos, lleva en sus espaldas la historia de resistencia de las mujeres originarias del Continente que ha sido de dolor y luchar. En la obra conmovedora de Gioconda Belli (1990) “La mujer habitada” se narra la historia de las mujeres indígenas de Tegucigalpa que decidieron no tener relaciones sexuales con sus esposos indios para impedir la procreación de hijos legítimos que fueran luego esclavizados por los invasores. Historias como esta, la escuchamos en cada pueblo originario del Continente y es que el nuevo orden moderno capitalista, heteropatriarcal y colonial, se ensaña contra las mujeres rebeldes, las de color cobrizo. La violación sexual, usada como arma de guerra colonial para someter la rebeldía y humillar a las comunidades, solo logró que las organizaciones de mujeres en las comunas tengan más fuerza. Actualmente las mujeres docentes de las comunidades ejercen liderazgo político y procesos de revitalización cultural, y se autoproclaman como “Las guardianas de la cultura y de la lengua”. Y es que las luchas por las identidades son siempre políticas. El feminismo subalterno tiene entre  sus  objetivos  reconstruir  la  historia  y  analizar  el  lugar de la resistencia de las mujeres en los diversos capítulos de la re-sistencia y re-existencia que poco o nada se conoce. Ahora Elisa cambia esta historia, el mundo entero la observa con admiración y esperanza.

La historia de las resistencias tiene sus recompensas. En medio de una de las mayores crisis civilizatorias de nuestra época con la pandemia, América Latina vuelve con sus oprimidos y oprimidas a dar luces de cambio. La promesa occidental civilizatoria ya no es bien recibida y se empieza a promover otros escenarios políticos: Chile lo demuestran diciendo a adiós a la dictadora. Se demuestra entonces que el Estado plurinacional e intercultural sigue siendo un proyecto político que puede promover la emancipación o al menos democratizar las instituciones del Estado en sociedades que persisten en el autoritarismo-racistas. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *