A propósito de ¨la muerte en Venecia¨. El sinsentido de la vida

Por: Mateo Silva Buestán
Estudiante universitario, Cuenca (Ecuador)

El escritor alemán Thomas Mann (1875-1955) en su obra ¨La Muerte en Venecia¨ de 1912 logra capturar varias ideas en razón a la complejidad de la misma existencia. El libro en cuestión es una novela corta que trata sobre la decadencia del reputado e hiper disciplinado académico Gustav Von Aschenbach. Citado personaje, luego de consagrarse al arte, a los círculos elitistas más cerrados y cumplir con austeridad el acervo de su época, decide tomar unas vacaciones indefinidas en aras de liberarse de tan asediado y sofocante estilo de vida. El periplo se centra en Venecia, mágico paisaje en el que, sin querer o queriendo, Gustav Von Aschenbach es encontrado por la muerte.

Al igual que el famoso hidalgo de Cervantes cuando decidió convertirse en caballero andante, Gustav de Mann había llegado a su quincuagésimo aniversario al momento que decide marcharse en busca de situaciones que le devuelvan el ímpetu ¿Qué secretos guarda aquel temido número en la vida de los hombres? ¿Es en la mediana edad que se desea deshacerse de todas las cargas que corroen a los maltratados hombros? ¿Y por qué esperar hasta llegar al quinto piso para abandonar la desagradable realidad? Además de todas las explicaciones más menos lógicas que se podrían dar a estas despejadas interrogantes, es necesario aclarar que Aschenbach se presenta como un tipo consumado por su oficio, incluso ansioso y depresivo.

Ya en su viaje, Gustav Von Aschenbach se hospeda, como era de esperarse, en uno de los mejores y más suntuosos hoteles de la zona. Allí cobra protagonismo un hecho que termina por aclarar el panorama de la obra. Es durante una de las comidas servidas en el ostentoso hotel que Gustav Von Aschenbach centra su mirada en un prematuro adolescente, también huésped de quien -coinciden varios críticos- se enamora grotescamente. Además, Gustav da muestras de poseer un amor pasivo-obsesivo; por estas y varias razones más, algunos expertos han catalogado dicho libro como un romance homosexual.

En contraparte, es oportuno hallarle más de una explicación a tal admiración de Aschenbach hacia Tadzio -así llamado el chico referido, escrito también Tardio o Tadrio según la editorial-. Este último, de muy buen parecer, con su frescura juvenil, indómita belleza y radiante energía termina por plasmar en Gustav su vitalidad perdida, su virilidad agotada, sus sueños frustrados y esa libertad de encausar la vida como quiera. Es decir, el señor Aschenbach, hastiado de su corriente vida, proyecta en Tadzio su reflejo, tanto que cuando posa sus ojos sobre él, es capaz de mirarse a sí mismo.

La historia sigue su derrotero entre narrativas no extensas que describen pequeños encuentros, no físicos, del hombre maduro con el mancebo, profundas reflexiones filosóficas a manera de soliloquios y una amalgama de eventos. Ya en la parte final del libro, se cuenta de una extraña enfermedad mortal estacional que llega a Venecia; aunque varios locales manifiestan que no se trata, sino de un rumor malsano concebido a fin de exasperar los ánimos de los turistas para ahuyentarlos de la ciudad. De cualquier manera, ese virus -como lo describían- se cobra la vida de varias personas, incluyendo la de Gustav Von Aschenbach, mismo que suelta su último hálito mientras observa, desde lejos, a Tadzio.

Se puede decir que esa ¨peste¨ es la metaforización del destino que el protagonista de ¨La Muerte en Venecia¨ se había forjado desde hace ya algún tiempo. Cabe considerar, por otro lado, que el deceso del personaje era la salida inminente a su padecer. Es probable, también, que la defunción de Gustav sea un paso hacia la reencarnación en Tadzio. En cualquier caso, esta obra muestra el sinsentido de la vida, el hacer de la cotidianidad una enfermedad, el vivir enjaulados en la rutina, el querer escapar de vacaciones y no regresar, así como nunca volvió Gustav Von Aschenbach. ¨Sus intentos de desembarazarse de su opresor eran contracciones, que cesaban a ratos y sólo sobrevenían como una convulsión¨.

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