Los maestros y la modalidad virtual

Por: Mateo Sebastián Silva Buestán
Estudiante universitario, Cuenca (Ecuador)

La crisis sanitaria ocasionada por Covid-19 ha afectado a todos los sectores de la sociedad. Uno de los escenarios más comprometidos, sin duda, es el de la educación, puesto que se han cerrado todas las instituciones educativas, para evitar contagios y se ha implementado una educación virtual.  Hasta ahora, y en mayor cantidad, existe literatura referida solamente al papel del estudiante frente a esa nueva modalidad. Es decir, se han tomado en cuenta las ventajas y desventajas de la virtualidad para el estudiantado; pero, se ha omitido la importancia y el sentir docente, figura clave e indispensable dentro del proceso educativo.

Este corto texto hace referencia a testimonios y vivencias de un grupo de profesores de Educación General Básica, a fin de brindar un primer y pincelado esbozo acerca de la virtualidad, que tiene como objeto central una obra de próxima publicación, a cargo de la Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina: “Las miradas de maestros sobre educación en tiempos de pandemia”, donde se aborda ideas generales sobre el reemplazo de lo presencial por lo virtual, el rol que, hoy por hoy, desempeñan los estudiantes y la transformación en la labor docente.

En primera instancia, este repentino cambio hacia la virtualidad ha sacudido intensamente a todos los educadores y ha devenido en múltiples consecuencias. Por ejemplo, planificar, impartir clases, evaluar y el sinnúmero de reuniones -todo virtual-, con el consiguiente agotamiento y estrés de los maestros. En adición, algunos docentes tuvieron que capacitarse en el manejo de plataformas digitales que nunca antes habían, siquiera, escuchado mencionar. Por supuesto, eso no garantiza el dominio de las nuevas herramientas tecnológicas y, por ende, opaca el proceso de enseñanza. Además, de pasar varias horas frente a un computador junto a sus secuelas de todo tipo, como dolencias y malestares que a largo plazo podrían ocasionar daños más ¨reales¨ en la salud, como el estrés, entre otras afecciones mentales y físicas.

Por otra parte, el rendimiento estudiantil ante la nueva realidad deja mucho que desear, pues no se asemeja, en nada, a lo evidenciado en la presencialidad. Los maestros concuerdan que las clases virtuales son monólogas. Ellos se sienten solos frente a una pantalla, que muestra nombres pero no rostros, ni muecas. En ocasiones, las clases se dictan solamente por cumplir, es así que esta educación ha apagado la chispa de la vocación y ha anonadado el deseo y la pasión por el arte de educar. De igual modo, algunos educadores se sienten incapaces de enseñar mediante una sesión de Zoom o, incluso, se sienten perdidos en su proceder, debido a la escasísima participación de sus estudiantes. Sin embargo, no se rinden, pero si tienen una imperiosa y acuciosa necesidad de volver a las “clases reales”. Lamentablemente, para retornar a los centros educativos es indispensable que tanto maestros como estudiantes estén inmunizados, lo que resulta una tarea a muy, pero a muy, largo plazo.

Respecto al quehacer de los maestros, los profes sienten más que nunca los efectos de un sistema íntimamente envuelto y dependiente de la sempiterna “burocracia”. Sistema que promulga una absurda presentación de evidencias, papeleos e insignificantes ceremonias disfrazadas de capacitaciones, que sirven exclusivamente para justificar el sueldo de los más altos jeques del sistema educativo. ¡Empatía y Comprensión! Reza su petición, basta ya de abusos y actitudes intolerables hacia los inspiradores de sueños y guías de generaciones. No exentos y, como cualquier persona, cada docente tiene una vida, familia y necesidades que atender, de a poco el exceso de un fútil trabajo provoca problemas en sus relaciones interpersonales. Conscientes de la vida actual de los docentes, sería inoportuno presionarlos y tachar su labor de insignificante o fácil.

Por último, se ha tratado de mostrar, a grandes rasgos, el rol de los maestros de Educación Básica en tanto a la virtualidad. No obstante, hay que decirlo con claridad, la realidad del bachillerato y de la universidad no dista demasiado de lo planteado. Definitivamente, tras superar la pandemia el papel del profesor, docente, maestro ya no será el mismo ¿Estamos listos para lo que se viene? Muchos hablan de un futuro sistema híbrido -presencial y virtual- ¿Será un acierto o una nueva falencia? De todos modos y como narra el popular refrán “Cuando una puerta se cierra, otras se abren”, ojalá y estas no se dirijan al largo corredor, sin retorno, de lo módico y trivial.

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