¡Ecuatorianos indeseables!

Por: Dr. Lauro R. Yumbla Lucero
Azogues, Ecuador

Con seguridad, amable lector, usted ha escuchado, alguna vez, “No hay sobre la faz de la tierra ser humano perfecto”, atributo único de la Divinidad; sin embargo, se dice también, “El ser humano ni es ángel ni es demonio”. Estas reflexiones dejan entrever que las personas -hombre o mujer- tenemos nuestro lado bueno; pero, como complemento, también nos acompaña el lado malo. Con estos razonamientos, les hago partícipes de una preocupación, que aspiro no sea solo mía. ¿Cómo somos los ecuatorianos?; ¿Existen los ecuatorianos indeseables?  

Los últimos acontecimientos suscitados en el país y que son de dominio público, nos han presentado de cuerpo entero a ciertos malos ecuatorianos que, con actos reñidos con la moral, la ética y las buenas costumbres, fueron declarados y reconocidos, “legalmente”, como “discapacitados”???, para beneficiarse de esta condición. Sujetos que, toda su vida han buscado, a como dé lugar, “ser lo que no son”; de yapa, algunos, autoproclamados, procedentes de “buena familia”. ¡Qué vergüenza!  

Sin duda, como reza la sentencia, “En la Viña del Señor hay de todo”; en Ecuador, ocurre igual; hay personas buenas; pero, también hay de las otras… Faltaría espacio para describirlas a toda la jauría; presentaré, apenas, una muestra: Sesenta asambleístas, del anterior gobierno, con problemas judiciales, por diezmeros, troncheros y otros actos delictivos. Politiqueros vividores de la política, a costa del dinero del pueblo, pregoneros de grandes promesas que jamás van a cumplirlas. Un ex presidente de la República, prófugo de la justicia, al igual que ex ministros y otros altos funcionarios del correato, como el ex Contralor Pólit, ex asambleístas, etc. Funcionarios públicos, corruptos, (el presidente Moreno lo confirmó, indicando que, existía corrupción en todos los ministerios) –A confesión de parte…- Empresarios que evaden impuestos, con el beneplácito de las autoridades. Empleados públicos –pipones-. Responsables de medicamentos caducados en hospitales del IESS, de Quito, Guayaquil y otras ciudades. Robos en los parques automotores de las entidades estatales, por parte de ciertos conductores. Contratistas del Estado, incumplidos e irresponsables y  fiscalizadores cómplices. Delincuentes comunes que asaltan y asesinan a diario, ante la inoperancia de la Fuerza Pública. Policías –delincuentes-, en servicio. “Nuestra meta es trabajar en contra de la corrupción policial que lamentablemente existe, aunque no es generalizada” (Coronel de Policía Erik Benítez Navas, subdirector nacional de investigación antidrogas– Vistazo No. 1279- noviembre 2020-pág. 24). Denuncias de sobreprecios en mascarillas, gel, respiradores, fundas para cadáveres, kit de alimentos; negocios millonarios de los insumos médicos en los hospitales públicos. Narcotraficantes y microtraficantes, envenenando a nuestros niños y jóvenes, etc., etc. Sin embargo, lo de los “discapacitados” (funcionarios públicos a todo nivel), con carné que certifica dicha discapacidad, obtenido “entre gallos y medianoche”, no tiene parangón!  

Esto, somos los ecuatorianos: “Una colección de actores políticos incapaces de liderar o compartir un proceso de unidad y no solo una búsqueda de náufragos expertos en ingeniosas mañas en corrupción o malversación…” (Alfredo Negrete – El Comercio – pág. 8, jueves 14 de mayo de 2020).Ecuador, un país donde los robos de gallinas se pagan caro, y las mansiones millonarias se justifican políticamente”  (Iván Sandoval Carrión – El Universo 17.12.2017).  

Por todo lo comentado, el adjetivo –indeseables–, utilizado en el título, no sé si sea el adecuado para identificar a estos malos ecuatorianos, aunque existen sinónimos que pueden definirlos mejor: despreciables, indignos, aborrecibles, canallas, miserables, gusanos, parásitos, sinvergüenzas, gentuzas… Usted, amable lector, asígnele el calificativo apropiado. En lo que sí vamos a coincidir es que en el país de Manuelito existen, no más de dos tipos de  ecuatorianos: los buenos y los otros; dicho de otra manera, personas de bien y los miserables, canallas. Lo que aún me sigue preocupando, seriamente, por el bien del país y de la sociedad, es, ¿quiénes son los más? De ser los canallas, miserables… ¡POBRE ECUADOR!  

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