Cuerpo, sexualidad y performances: la hipocresía del puritanismo y otros demonios (III)

Por: Shirley Ruiz
FSMET Col-Lat, Costa Rica

Para nadie es novedad que estamos enfrentando tiempos de muchas crisis sociales, a medida que la desigualdad, injusticias y abusos crecen en la sociedad, así con esa misma magnitud e incluso con mayor fuerza se manifiestan los distintos movimientos sociales, incluyendo el arte o arte revolucionario.

 La historia nos demuestra que en cada revolución el arte ha sido parte importante, y no definamos qué tipo de arte, sino, que cualquier expresión artística que junto a la revolución se dieron la mano y se expresaron como forma activa para levantar la voz y muchas veces decir sutilmente lo que se tenía prohibido decir, ya que el arte tiene la fuerza, la vitalidad y la creatividad cultural para ser parte activa y empuje en momentos de crisis, por lo que en los distintos tiempos de la historia, el arte se ha comprometido con la transformación revolucionaria del mundo, y deja al desnudo aquellas deficiencias que existen en la sociedad trayendo confrontación y  al mismo tiempo un respiro de esperanza y un acompañamiento para los que lloran y sufren.

Dentro de las diferentes expresiones artísticas están los performances que surgieron en la segunda mitad del siglo XX y abrazan una compleja y heterogénea forma de arte vivo cruzando sin límites  las distintas fronteras artísticas en una búsqueda continua de nuevos y distintos lenguajes.

Los performances buscan nuevos espacios, nuevos materiales, nuevas experiencias donde el cuerpo del artista es la materia prima, mejor dicho, el cuerpo es el lienzo, es la pintura, es la escultura viva en movimiento.

Hoy en día a lo largo y ancho de nuestra hermosa Latinoamérica, cada país transita sus propios caminos por lo que los performances se adaptan a cada situación en particular según lo que cada país está enfrentando abriendo un abanico de temas que van desde lo religioso,  discriminación, sexismo, marginación, amor, represión sexual, identidad, muerte, abusos y el arte mismo, entre otros muchos temas, haciendo de cada uno de ellos circunstancias concretas, visibles y con un mensaje  que no pase desapercibido.

Las dictaduras militantes de los años sesenta y setenta hicieron que nacieran muchos movimientos sociales como los movimientos de estudiantes, las manifestaciones de los trabajadores del campo, las luchas feministas, diferentes guerras, etc., y en medio de todos esos contextos sociales se desarrollan los performances de la mano a las movilizaciones políticas.

En medio de todo esto las mujeres, su cuerpo y sexualidad juegan un papel muy visible y destacado ya que se le permite a la mujer expresarse libremente sin estar sometidas en el ojo crítico del puritanismo y su hipocresía

El cuerpo de la mujer es la obra que experimenta, explora, cuestiona y transforma sin tapujos o sin límites y crea elementos de la cotidianeidad para reflexionar, analizar y llevar a otro nivel artístico en tiempo real sentimientos muy fuertes entre el arte y la vida mostrándose al público a sí mismas con múltiples metáforas como objeto y sujeto de la acción

La mujer artista toma su cuerpo y lo incorpora a su contexto social, su cuerpo es un acto simbólico que expresa apasionadamente diferentes sentimientos relacionados con el género y la política, de ahí el término: “lo personal es político” ya que no se puede separar al cuerpo de las condiciones sociales y culturales

“toda experiencia corporal lleva consigo un
inevitable aspecto social, y que todo compromiso
político tiene un ineludible componente corporal”.
Warr y Jones

La agresión y trasgresión de una moral hipócrita en sociedades que reprimen hasta los deseos, presentar libremente y al desnudo temas tabúes es de vital importancia, los performances toman el cuerpo y lo expanden, lo hacen metáfora, materia, sexo, lienzo y llevan a la sociedad a una exploración y relación del cuerpo y las diferentes búsquedas donde la sexualidad  libre es punto para mencionar temas feministas, lésbicos-gay, religiosos y políticos.

Algunas artistas mujeres pioneras de los performances de nuestra Latinoamérica son:

María Teresa Hincapié (Colombia)
Antonieta Sosa (Venezuela)
Nao Bustamante (California)
Marta Minujín (Argentina)
Tania Bruguera (Cuba) 
Lygia Clark (Brasil) 
Lorena Wolffer (México) 
Lucía Madriz (Costa Rica)

El trabajo de cada una de estas artistas y otras miles que no menciono, nos llevan al punto de cautivarnos y nos dan la mano para dar un paso más abriendo nuestros cinco sentidos a otro nivel y poder ver el cuerpo femenino como una expresión de libertad en medio de una sociedad tradicional donde por siglos se ha reprimido el cuerpo y se ha reducido a un “objeto sexual”

El performance nos abraza y nos hace reflexionar sobre el papel de las mujeres en la sociedad de una forma integral donde ningún aspecto de la vida sea minimizado o juzgado y la mujer como artista creadora de su propia obra  pueda abarcar temas personales, políticos y sociales desde su corporalidad.

El performance nos permite a las mujeres artistas ser musas de nosotras mismas e invitar a la sociedad en general a reflexionar sobre nuestro propio cuerpo, sobre nuestra identidad, nuestros derechos, nuestros dolores y abusos, nos lleva a ser instrumentos con un mensaje de confrontación y esperanza tan humano que no solo queda plasmado en una fotografía, sino que es tan humano que cada persona que tuvo contacto visual en tiempo real al cerrar sus ojos, recuerden y sientan lo que el performance creó y los hizo vivir. El performance es nuestro tiquete de viaje que nos permite ir de un lugar a otro y desde lo desconocido recorrer caminos sanadores llenos de aventuras y travesías para descubrir y descubrirse sin miedos ni reservas.

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