¡Si es posible, pasa de mí esta copa!

Por: Shirley Ruiz
FSMET Col-Lat, Costa Rica

Era el año de 1939,  niños, adolescentes y jóvenes  se reunían cada día para realizar diferentes actividades sociales, educativas, religiosas o simplemente compartir y disfrutar un tiempo de ocio con sus amigas y amigos.

En sus planes nunca estaba el tener que pensar que algún día tendrían que huir de sus países por motivos de persecución o de guerras o tener que refugiarse y esconderse para no ser encontrados y mucho menos pensar  que sin desearlo se separarían de sus amigos  y amigas de crianza y que no se volverían a ver o que la mayoría iban a morir, aún así, cada vez que se reunían aprovechaban el tiempo para recordar y no olvidar  en un presente futuro esos buenos momentos vividos juntos y juntas.

La gran variedad de sus historias y circunstancias en los tiempos de guerra hizo que muchos y muchas escribieran cada día lo que iban viviendo, temas como la naturaleza del sufrimiento humano, persecución, sociedades con una moral y éticas hipócritas o simplemente escribir sobre la esperanza de algún día no tener que amanecer con el sentimiento de desesperación por recuperar la libertad que se les había quitado a tan tempranas edades, era lo único que se les ocurría escribir porque eso les causaba un poco de desahogo ante el dolor y angustia de lo que vivían cada día.

Mirian, más conocida como “Mary Berg”,  nació un 10 de octubre de 1924 en Lodz, Polonia, en 1939 a la corta edad de 15 años fue una de las hermosas quinceañeras que escribió uno de los primeros diarios que dejaron al desnudo una realidad horrorosa para que el mundo entero conociera el infierno que muchas personas vivieron durante el Holocausto.

Cada día empezó a escribir lo que no era normal para su edad, Mirian debía escribir sobre cosas que le apasionaban, debía contar sobre qué deseaba estudiar, o sobre cómo se sentía cuando aquel chico que le gustaba la miraba tímidamente de lejos, ella no escogió vivir esos momentos, no escogió tener que ocultarse, no la dejaron decidir  qué le gustaría escribir, tal vez Mirian deseaba contar en su diario cómo sería el primer beso, o contar cómo fue su primer periodo menstrual y los cambios que iba notando en su cuerpo.

Al contrario, Mirian empezó a escribir como su país se había rendido ante las fuerzas alemanas, empezó a relatar el escape de su familia a Varsovia por la búsqueda de salvarse y que no los mataran.

Era 1940, ya había pasado un año de vivir ese infierno donde su familia iban de un lugar a otro y estaban refugiados en un ghetto de Varsovia, dos años después en 1942 los alemanes detuvieron a la familia de Mirian y los trasladaron a la prisión de Pawiak, luego los transfirieron al campo de detención de Vittel en Francia y en 1945, Mirian a la edad de 21 años, ya siendo una mujer joven, sobreviviente de una guerra en la que ella no escogió vivir, seguramente mientras leía el diario escrito por ella y había sido publicado, con lágrimas en sus ojos al leer cada vivencia y sentir el dolor que le causaban sus propias letras ya que la llevaban a recordar las horas eternas de las noches y sus desvelos, Mirian en su silencio exclamó: “Pasa de mí esta copa”

2021, ochenta y dos años después, Mirian ya no está para escribir lo que hoy en día se vive, pero así como Mirian sufrió una guerra a una temprana edad, la historia de Mirian trasciende y se encarna en millones de jóvenes que sin existir una guerra definida viven un infierno cada día en diferentes países por gobiernos llenos de políticos e intereses corruptos.

Hoy en día los temas siguen siendo los mismos, el hambre, las injusticias, el abuso policial, violaciones físicas, violaciones de derechos humanos, asesinatos en manos de policías, etc., han coartado la libertad de muchos y muchas.

Si hoy muchos de nuestros jóvenes en diferentes países escribieran sus vivencias diarias, en medio de guerras no pronunciadas, seguramente muchos preferirían escribir clandestinamente, otros usarían seudónimos, algunos escogerían permanecer en silencio o incluso no levantarse cada mañana y quedarse por horas inmóviles en escondites mientras sueñan con un mejor futuro.

Ellos y ellas no escogieron tener que poner sus estudios en pausa y salir a marchar sin saber si van a regresar a sus hogares y compartir un café con su familia mientras se ríen de las tonteras  que les pasaron durante el día, no escogieron tener que enfrentarse ante la violencia deshumanizada, no escogieron ver un futuro nublado sin esperanza, no escogieron salir con miedo,

Muchos y muchas sí regresan a sus hogares, pero otros y otras ya no están, les robaron la vida, los sueños, la esperanza de construir un hermoso futuro.

Así como la historia cuenta que un día un hombre en medio de su soledad, miedos, angustia y dolor porque sabía que lo iban a matar exclamó: “¡Si es posible, pasa de mi esta copa!”, hoy esa frase se encarna en mí, en vos y en miles que al tener que vivir en un mundo deshumanizado e indiferente, donde se tiene que luchar por derechos básicos que nos han sido robados y que levantar la voz significa muchas veces la muerte, muchos y muchas en medio de motivaciones forzadas para no desfallecer, se levantan cada mañana y antes de poner sus pies sobre la realidad que tienen que enfrentar dicen: “¡Si es posible, pasa de mí esta copa!”

¿Cuántas velas faltan por encender, cuántas oraciones más hay que hacer, cómo llorar a los muertos, cómo recordar a las víctimas, su dolor y su soledad, cómo hacer que llegue el día en que el dolor, los abusos, las guerras y las injusticias terminen y volvamos a amanecer siendo personas libres, y no solo seamos personas silenciadas por el temor de decir lo que pensamos?

Un comentario en «¡Si es posible, pasa de mí esta copa!»

  1. Me encantó Shir!!. Como es de esperar tu relato en ese paneo de lamentable realidad, habla de ti, desnudando ese compromiso visceral con aquellas realidades injustas que te toca percibir, contemporáneas o no. Te felicito!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *