Inteligencia, una clave para la seguridad ciudadana

Por: Ángel Vera
Periodista y abogado, Cuenca (Ecuador)

El presidente Lasso, que había anunciado la supresión del Centro de Inteligencia Estratégico del Estado porque lo veía como sucesor de la Ex-Secretaría Nacional de Inteligencia (Senaín), ha decidido mantener el organismo y poner a cabeza del mismo al ministro de Defensa, Fernando Donoso, marino de profesión. El correísmo y la vieja izquierda critican, temen un principio de represión.

Es cierto que la Ex-Senaín fue más una policía que un cuerpo de seguridad que debió dirigir todos sus esfuerzos a recoger información útil, exclusivamente proteger los intereses de la seguridad nacional y no de los del partido de gobierno y, precisamente porque se trata de la seguridad del Estado y de la población, un organismo de este tipo es indispensable para el país y necesario que a su cabeza esté una cabeza especializada en Inteligencia. Un problema con el almirante Donoso es que me temo no cumpla con todo el perfil necesario para la función.

El almirante Donoso es un marino de guerra y aviador naval, de setenta y siete años de edad, que no se especializó en Inteligencia, que lleva veinte años fuera de las filas militares y que se formó en una época cuando la seguridad y defensa se orientaban bajo la doctrina clásica de seguridad nacional que hoy, bajo la inspiración y conceptos de la  Constitución del 2008 está reformada, incluso abandonada, al haber destinado a las Fuerzas Armadas únicamente a tareas de defensa de la soberanía y protección de amenazas externas y están excluidas de realizar acciones de control interno que antes (en los tiempos del almirante Donoso) sí hacían.

Tampoco se trata de ubicar en el cargo a un gurú que se crea la única luz en el túnel, sino un especialista que, bajo las directrices del Consejo de Seguridad Pública (Cosepe) y conforme a las presiones y amenazas detectadas contra la sociedad y sus objetivos, dirige la búsqueda, proceso, análisis de información sobre seguridad nacional y toma las decisiones necesarias para preservarla, porque eso es la inteligencia.

Hace muchos años se consideraban amenazas o potenciales riesgos contra el país la posibilidad de un conflicto armado con el Perú, la pobreza, una reacción social violenta o el surgimiento de grupos armados. Hoy, entre las principales amenazas están el crimen organizado, el narcotráfico (tan vulnerables somos que las narcoavionetas vuelan en cielo propio), el lavado de activos, la piratería, la infiltración del terrorismo, los grupos armados de Colombia u otros, el cybercrimen, el saqueo de nuestra pesca por flotas extranjeras; en menor medida, eventuales acciones de grupos políticos interesados en desestabilizar al gobierno o la sociedad mediante el caos.

En el país varios organismos tienen sus propias agencias o realizan acciones de inteligencia: la Policía, el Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea, el Servicio de Vigilancia Aduanera, el Servicio de Rentas Internas, la Superintendencia de Bancos, la UAFE (Unidad de Análisis Financiero y Económico), hace lo suyo la Cancillería y se recibe información del GAFISUD (Grupo de Acción Financiera de Sudamérica), entre otros, una cantidad de información tan basta y sensible es muy complejo.

Cada entidad actúa en su área pero deben hacerlo de manera coordinada bajo una sola doctrina e incluso unir sus fuerzas en ciertas operaciones para detener a los criminales y llevarlos ante la justicia…

Esa debe ser la labor, entre otras, de quien sea la cabeza del Centro de Inteligencia Estratégico, por eso su director requiere de conocimientos muy amplios, especializados y actualizados, conforme a la realidad presente y a la doctrina política, constitucional y legal. Las amenazas a la seguridad son múltiples y la misión de continuar cuidando a la sociedad ecuatoriana es fundamental.

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