El agua, don sagrado de los Andes

Por: Carlos Álvarez Pazos
Cuenca, Ecuador

El agua es el arkhé de la vida, ya lo dijo Tales de Mileto, es el elemento primigenio de todas las cosas. El agua brota de las entrañas de las montañas, por eso es sagrada como ellas. De ahí que en la concepción andina en el cerro, en la montaña, en el páramo moran los urkuyayas y urkumamas sus guardianes, seres mitológicos que no permiten que cualquier intruso llegue a profanar las alturas, y si alguien se atreviera se desata la tormenta, se descarga el trueno, el rayo, invade la neblina vivas hierofanías de la sacralidad de estos parajes. Son los santuarios del agua, así como son los manantiales, los humedales, las cascadas, las lagunas.

La historia de los pueblos de los Andes no se puede explicar sin el líquido vital. El Inca Garcilaso de la Vega relata que los antecesores de los incas emergieron de unas peñas cercanas al Cusco, en Paucartampu. Y en el mismo autor encontramos otra variante:  que salieron del lago Titicaca.

Y refiriéndonos a nuestro contexto comarcano, de acuerdo a la leyenda transmitida por los Cronistas, los progenitores de la etnia cañari fueron dos hermanos sobrevivientes del diluvio universal que lograron ascender hasta la cumbre de un cerro de nombre Huacayñan (del kichwa wakay ‘llanto’ y ñan ‘camino’: camino de llanto), aunque otros autores se refieran al cerro Abuga atalaya de la ciudad de Azogues; que luego tomarían por esposas a dos guacamayas con rostro de mujer, que una vez que descendieran las aguas les habrían de auxiliar con alimentos, bebida y semillas.

Por el control de los recursos naturales, tierra y agua, se dieron relaciones: alianzas o enfrentamientos bélicos entre incas, aimaras, collas y chancas en el Altiplano. Y ya en tiempos y lugares más cercanos a los nuestros, durante el siglo pasado, se dieron y aún continúan dándose conflictos armados y legales entre Comunidades del Alto (Hanan) y del Bajo Cañar, las segundas, es decir del Urin Cañar han reclamado derechos participativos del agua que baja de la laguna Culebrillas (3.880 m.s.n.m) aduciendo sus moradores ser también hijos de Mama Culebra, en palabras de Inocencio Loja, líder indígena del cantón Suscal.

Desde luego la laguna ha sido considerada como demiurgo para los cañaris quienes consideraban a  la culebra también como su progenitora, por lo que ha sido objeto de veneración y culto.

Dejando aparte el tema de la leyenda, el nombre de Culebrillas se debe a los recovecos por donde se desborda el agua en las orillas  y que dan origen a riachuelos que bajan hacia el valle abasteciendo del líquido vital a cantones como Tambo, Cañar, Juncal pero no a Suscal, Socarte y Chontamarca, de ahí el reclamo de sus dirigentes.

La carencia de agua, como problema ha trascendido posteriormente sobre todo a campesinos mestizos, pequeños y medianos agricultores y ganaderos, por lo que a fines del siglo pasado se planteara como parte de un proyecto de desarrollo rural, el represamiento de la laguna, cuyo planteamiento trajera adeptos y opositores a nivel institucional local y regional, unos que defendieran sus beneficios para la sobrevivencia y otros que defendieran el ecosistema, el patrimonio histórico de la zona.

Agua y tierra son matrices de la vida. De ahí que laCultura Kichwa las conciba como madres: Yakumama ‘madre agua’ y por ende Kuchamama ‘madre mar´; Allpamama ´madre tierra´ y Pachamama que incluye a los dos anteriores, la Madre Naturaleza.

Por ellas crecen las plantas, producen frutos en mutuo asocio con Inti Tayta, el sol. El agua, la tierra, el sol y el viento constituyen la unidad recreadora de la vida al permitir la reintegración de las simientes al ciclo recreador. Hasta el paisaje agreste andino se vuelve todo resplandor y armonía de flora y fauna por el agua.

 De ahí que para los pueblos y comunidades de los Andes el agua no es una simple fórmula química de dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno, una sustancia inodora, incolora e insípida, sino un ser dotado de samay  ‘aliento o espíritu’: yakusamay que vivifica y da energía a todo ser en contacto con ella. Por ello la creencia de que el agua de las cascadas cura y rejuvenece,  de allí la costumbre de hombres y mujeres de bañarse en sus aguas en las madrugadas.

La época de cambio de solsticio en nuestra comarca azuayo-cañari es época de crecientes de los ríos, de desbordamientos e inundaciones. Por lo que también es creencia de la gente del pueblo, que cada año las aguas de los ríos cobran su tributo y una vez realizado el pago, se apaciguan y vuelven a su caudal normal. Por cierto a mediados del mes pasado uno de nuestros ríos, el temido Tomebamba llamado también Matadero, se llevó de sus orillas a una adolescente de catorce años.

Sin embargo el agua en nuestra provincia va escaseando cada día por el cambio climático, por su uso indiscriminado, por la explosión demográfica, por la contaminación, por la expansión de las fronteras agrícolas y ganaderas, o todo de una vez. La amenaza contra el mismo origen de la vida es permanente en nuestro medio. La devastación minera no tiene ley no tiene freno. Los artículos de la Constitución van quedando como letra muerta, como aquello de que “El agua constituye patrimonio nacional estratégico de uso público, inalienable, imprescriptible y esencial” (Art. 12). O “El Estado garantizará la conservación, recuperación y manejo integral de los recursos hídricos, cuencas hidrográficas….” (Art. 411).

 Y el contraste entre las ejecutorias de nuestras autoridades locales y regionales por hacer respetar las conquistas a favor del agua que se ganara en las urnas el año pasado, es diametralmente abismal frente a las estrategias legales y acciones de hecho por parte de los monopolios regionales y nacionales minera que multiplican la explotación y con ello la devastación. No se hace conciencia que el oro azul de las alturas  es garantía para la sobrevivencia de las fuentes hidrográficas y consecuentemente para la vida humana, animal, agroecológica e incluso industrial sustentable.

Por ello, como herederos del más valioso patrimonio natural que históricamente nos legaran los antepasados, me uno a la voz de quienes en estos días claman por la necesidad de conformar agrupaciones no sólo a nivel provincial  sino incluso regional en que participen los Gaad municipales,, las prefecturas, las universidades, grupos ecológicas para  no sólo defender las reservas de agua adscritas a las cuencas hidrográficas, sino de proponer y realizar proyectos de su construcción a corto, mediano y largo plazo. Es más, estar alerta a las propuestas del nuevo Gobierno sobre el agua y medio ambiente, cómo y en qué plazos ejecutará,  a sabiendas que  el agua es y será la mejor herencia que podemos dejar a las generaciones venideras, el patrimonio de la vida.

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