Crianzas respetuosas para infancias felices

Por: Carola Beatriz Henríquez Espinosa
Comunicadora (Chile)

Junio inició festejando el Día del Niño y la Niña, seguramente como me pasó a mí, sus redes sociales se llenaron de fotos de las celebraciones, regalos y frases sobre la importancia de la niñez y su felicidad, sin embargo, tan sólo 4 días después a través de esas mismas redes sociales llegaba la noticia de un niño que murió en Tungurahua víctima de maltrato por parte de su madre y su pareja.

Un niño, maltratado, que sufría abusos físicos y psicológicos, un niño que no es el primero en fallecer por estas causas, un niño que como muchos otros y otras deben enfrentar realidades que distan mucho de los cuentos de colores y del mundo de derechos.

El abuso y maltrato en la infancia, lamentablemente es algo que muchas veces se encuentra normalizado y normado, padres y madres que encuentran teorías de crianza o se basan en su experiencia para justificar desde los “inocuos” jalones de oreja hasta castigos físicos que dejan marcas mucho más profundas que las que se reflejan en sus cuerpos.

Este tipo de violencia visibiliza relaciones de poder, que muchas veces son reflejo de la incapacidad que se tiene como adultos para gestionar las propias emociones y conflictos, así como una continuidad del trato que pudieron haber recibido de pequeños, y que muchas veces no sólo se manifestaban en el hogar, sino que era extensivo incluso a las escuelas, donde autorizaban el maltrato como un método de “obediencia” y de “corregir conductas”.

¿Es este el tipo de crianza que realmente queremos?

Hay un slogan que manejan grupos de crianza que tratan el tema desde la orilla opuesta que dice “la crianza con respeto es mi forma de cambiar el mundo”.

No sé si para cambiar el mundo sea sólo necesario cambiar el tipo de relaciones que tenemos con la niñez, pues aun así sean respetadas, si no tienen acceso a oportunidades equitativas en lo social y económico, tampoco podremos ver un verdadero cambio. Pero, efectivamente, el trato en base al respeto puede abrir nuevos caminos que nos permitan avanzar en esa búsqueda de una sociedad mejor.

Romper con el adultocentrismo es de vital importancia para recorrer el camino de una crianza con respeto, aprender a escuchar a las niñas y niños, considerar sus necesidades -que a veces a ojos de los adultos parecen no ser tan importantes-, comprender sus estados anímicos y sentimientos, que como a nosotros a veces nos abruman y no los sabemos manejar.

Pero el tipo de crianza que se decida adoptar también se relaciona con la posibilidad de elegir cómo maternar y sobre todo que las maternidades sean deseadas, y me refiero en particular a la maternidad, porque muchas veces la paternidad es más fácil de evitar, y son las mujeres quienes deben desarrollar el rol total del cuidado y crianza.

En una sociedad donde muchas veces se defiende la vida desde antes de la concepción, la vida y condición de muchos niños y niñas en desamparo o que sufren violencia queda relegada al plano privado. Así como la situación de niñas obligadas a ser madres y embarazos adolescentes, donde realmente la posibilidad de una crianza distinta muchas veces se ve truncada por la misma situación que deben enfrentar desde la carga moral, el abandono, la imposibilidad de acceder a oportunidades en lo educativo y lo social.

La violencia hacia las mujeres también deja en una condición de desamparo a muchos infantes. En Ecuador los femicidios han dejado 1095 huérfanos/as entre 2014 y 2020, más infancias vulneradas a causa de una violencia estructural que no sólo se manifiesta en el maltrato hacia niños y niñas, sino también hacia las madres.

Es entonces necesario considerar que la protección integral a niños y niñas debe extenderse a las mujeres, apostar por maternidades deseadas, acompañadas y seguras. Apostar por una crianza basada en el respeto para que las celebraciones por el día del niño y la niña tenga una significancia real, donde el acceso a oportunidades equitativas vaya acompañado del rechazo total de todo tipo de violencia hacia la niñez.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *