¿En Colombia no hay con quién?

Por: David Rubio Quintero
Colombia

Es bochornosa la práctica del actual gobierno de intercambiar a los servidores públicos entre sus cargos, dando facultades y consignas especiales temporalmente, para que el gobierno siga funcionando como si nada. Lo cierto de toda esta situación y su trasfondo es perverso e irresponsable, atenta contra el merito público, la naturaleza de las instituciones públicas y la ampliación del debate político, que ahora se concentra en un grupo pequeño y selecto, propio de una oligarquía o un oligopolio del poder.

Es muy diciente que el poder se mantenga en las cupulas del poder y no se permita vincular nuevos actores al debate; deja mucho que pensar este tipo de juegos o transiciones sin claridad. En un primer momento debemos hablar del doble papel de Marta Lucia Ramírez, quien es la actual Vicepresidenta de la República y a su vez asume las funciones del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, por la renuncia de Claudia Blum de su cargo; también podemos hablar de Miguel Ceballos, quien deja de ser el Alto Comisionado de Paz y por no dejarlo ir del gobierno lo encargan como representante del gobierno ante el Comité del Paro; finalmente, tenemos el caso de Nancy Patricia Gutiérrez quien renunció al cargo de Ministra del Interior y paso a convertirse en la Alta Consejera para los Derechos Humanos.

En los tres casos, veo con preocupación que los criterios de nombramiento no son del todo transparentes, son criterios personales o de partido, que se imponen por encima de los criterios que deberían movilizar las necesidades sociales, la convergencia ciudadana y el valor de público por encima de los egos e intereses personales.

Los cambios en el gobierno deben ser vistos como una oportunidad de cambio, por una apuesta de renovación y oxigenación, que mejore las condiciones de gobernanza y gobernabilidad, solo un gobierno obtuso, un partido político ciego o un presidente sordo es capaz de mantener a los mismos con las mismas, sin tener rotación o cambios significativos por 4 años de mandato.

Y es que, uno no debe pensar en gobernar para unos pocos o para mi grupo de amigos, uno debe proyectarse en el poder, estando en capacidad de tomar buenas decisiones o de al menos asesorarse de la gestión que se ha adelantado. Finalmente, dejo al lector la duda sobre si esta dinámica se replica en sus países, pensando que son situaciones que se prestan para la corrupción y malos gobiernos.

Un comentario en «¿En Colombia no hay con quién?»

  1. Desde luego, aquí en Ecuador la astucia del alto mando político funciona igual de mal. Tenemos nuestra propia especie, el ¨donosaurious politicus¨.

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