Constituyente en Chile, el camino de las grandes alamedas

Por: Carola Beatriz Henríquez Espinosa
Comunicadora (Chile) 

En su último discurso durante el golpe de Estado de 1973, Salvador Allende esperanzaba al pueblo chileno sosteniendo: “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”, después de 47 años, al parecer el camino para la apertura de estas grandes alamedas toma un rumbo cierto y avanza a paso firme para la construcción de esa sociedad mejor.

La consigna “Chile despertó” que llenó las calles a lo largo de Chile desde octubre de 2019, se reflejó en las históricas votaciones realizadas hace 10 días, para la designación de los 155 constituyentes que redactarán la nueva Carta Magna, además de la elección de gobernantes y alcaldes/as.

El triunfo de los sectores de izquierda y progresistas a nivel nacional, junto al gran número de independientes, son un factor decisivo, pues en un país donde el sistema neoliberal se ha instalado durante décadas, donde la desigualdad y la exclusión son una realidad cotidiana, donde la privatización afecta hasta el acceso a los servicios más elementales para una vida digna, la posibilidad de retomar temas pendientes como mejorar los sistemas de salud, educativo, de pensiones y jubilaciones, se plantean como una meta alcanzable, de la mano de factores transversales como la participación ciudadana, la ecología, la equidad de género, la descentralización, entre otros.

El logro alcanzado nos recuerda que la organización popular y la participación son fundamentales para lograr un cambio de la estructura de país. Tras las protestas y movilizaciones sostenidas durante más de cinco meses, reflejo de un profundo malestar social acumulado por más de cuatro décadas por una realidad política, social y económica enmarcada por los rezagos de la dictadura de Pinochet, finalmente se abrió la posibilidad para la redacción de esta nueva Constitución que definirá un nuevo modelo económico y de funcionamiento del Estado que rompa con las prácticas neoliberales y de violencia sistémica que imperaban en Chile desde el golpe cívico militar de 1973.

Quienes ahora tienen en sus manos la redacción de la nueva Constitución son tan diversos como lo es el propio pueblo chileno, desde abogados/as, profesores/as, periodistas, filósofos, representantes de pueblos originarios, sociólogas/os, amas de casa, personas que han sobrevivido a un sistema de salud egoísta, médicos, transportistas, feministas, pobladores, ecologistas, sindicalistas, artistas. Gente de la calle, de a pie, que recogen el sentir de millones de chilenos y chilenas que buscan construir un mejor país, sobrepasar el pasado gris de una dictadura, pero sin perder la memoria histórica que es la que los condujo hasta el momento que viven hoy.

Una diversidad de conocimientos y sentires que tienen la oportunidad de generar un verdadero cambio, un pacto social que permita recordar que la consigna “Hasta que la dignidad se haga costumbre” no es una simple demanda o un grito surgido en las movilizaciones, sino que debe ser el motor que les impulse a garantizar derechos esenciales, a buscar justicia social, romper la desigualdad económica y social, y saber que las voces de los más vulnerables, de los excluidos, ya no será silenciada.

Aún quedan caminos por recorrer para el pueblo chileno. El proceso de construcción de esta nueva Constitución tendrá que pasar aún muchas discusiones, diálogos y acuerdos, la seguridad que tienen es que las propuestas en beneficio del pueblo no podrán ser vetadas por la derecha oficialista, que no alcanzó el tercio necesario para el rechazo.

Se aproximan, además, las elecciones presidenciales, de senadores y diputados, otro momento que los sectores que han resultado como grandes ganadores en la constituyente deberán afrontar. El reto ahora se encuentra en alcanzar una unidad que permita mantener la esperanza que ha sembrado el último proceso electoral, se deberá realizar un arduo trabajo para el planteamiento de acuerdos programáticos entre los diversos sectores progresistas y de izquierda con miras a la construcción de un gobierno que apoye y respalde la propuesta de la nueva Constitución, es un sendero con muchos baches el que queda por recorrer.

Es necesario tomar este decisivo momento histórico que hoy vive Chile como referente para respaldar los diversos procesos de resistencia que vive la región, para recordar que el pueblo tiene derecho a alzar su voz para demandar una mejor calidad de vida y tiene derecho a ser partícipe en los cambios que exige. Que este momento nos sirva como recordatorio que la unidad y organización son urgentes.

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