Trabajo, burocracia e impuestos

Por: Antonio Malo Larrea
Cuenca, Ecuador

Hace tiempo que quiero escribir este post. Voy a hablar de cómo veo el tema del trabajo, la burocracia y los impuestos. Voy a dar muchas vueltas, pero hablaré del tema, y desde una perspectiva que considero profunda (aunque lo que es profundo para mí, seguro para otros será superficial, o serán estupideces). Seguramente quedará un poco largo, sino consigues llegar al final no pasa nada. Si no estás de acuerdo, o te molesta lo que escribo, de corazón lo siento mucho, simplemente estoy compartiendo lo que conozco, lo que siento y lo que pienso. Si quieres responder, bienvenido sea, pero por favor con argumentos. Si, en cambio, tu respuesta es desde dogmas, o con insultos y desvaloraciones, a mí o a cualquiera que participe de la conversación, que sepas que no voy a pelear contigo, simplemente borraré tu mensaje.

Quiero explicar también desde dónde escribo, por transparencia: escribo desde la economía real real, desde la economía ecológica. Podríamos decir que hay una economía falsa, esa de la bolsa, de las acciones, de la pirotecnia financiera y de los juegos comerciales. Esa es una economía falsa porque en su delirio cree que ha podido escapar de las leyes de la física y de la ecología. Luego, se puede hablar de una economía real, la economía de la producción y sus flujos. Que es real, pero no totalmente, porque todavía cree escapar a los límites del planeta tierra, por lo tanto a las leyes de la ecología. Y, finalmente, se pude hablar de una economía más profunda, de una economía real real, de la economía de los flujos de la materia (agua, aire, alimentos, metales, minerales, materiales de construcción, etc.) y de los flujos de la energía y sus contenedores (electricidad, combustibles fósiles, la luz solar, etc.). Pues, desde esta última, de la economía ecológica, que está dentro de las leyes de la física y de la ecología, es desde donde hablaré.

Antes de seguir, quiero explicar como entiendo al término “trabajo”. Entenderé trabajo como el uso de materia y energía para hacer una actividad en un lapso de tiempo determinado. Sé que no es muy claro, por eso voy a poner un ejemplo: las personas comemos comida, de esa comida sacamos los materiales para mantener y construir nuestro cuerpo, y energía para que funcione. Cuando pensamos, estamos consumiendo energía, y esa energía permite que funcionen nuestras neuronas. De los alimentos obtenemos una serie de minerales, como sodio y potasio, que permiten que nuestras neuronas funcionen. Entonces, cuando pensamos, estamos consumiendo energía almacenada en la glucosa, y estamos también consumiendo materia en forma de minerales, y este pensamiento se da en un lapso de tiempo específico y concreto. De esa manera, pensar es un trabajo. También hacer ejercicio, o caminar, o limpiar, o dibujar, o cargar cosas, o activar maquinarias, o cualquier actividad relacionada con la vida humana y con la producción. Sin embargo, también los procesos ecológicos, como la producción de oxígeno, la fijación de carbono, la fotosíntesis o la regulación hídrica son trabajos.

Ahora sí, podemos seguir. En todo lado escuchamos “mi trabajo para mis hijos”, “lo que he conseguido, lo he hecho con mi trabajo”, “comencé de la nada, y con mi esfuerzo y trabajo llegué a tener éxito”. Y siempre hay alguien, que conoce a alguien, que conoce a alguien que así lo hizo. Y puede ser que efectivamente sea así. Pero una golondrina no hace primavera. La excepción no es la regla. Frente a eso debemos preguntarnos por qué difícilmente tiene éxito tanta gente que trabaja durísimo, como quienes hacen la pequeña agricultura (que, entre paréntesis, son quienes de verdad mantienen al Ecuador), o las empleadas domésticas, o las amas de casa, o los guardias de seguridad, o los choferes de taxi o de bus, o los obreros de la construcción, y tantas otras labores muy duras que dan con las justas para vivir. Vamos a entender “éxito” desde la lógica común en la globalización (debo aclarar que no comparto la idea de éxito, de hecho me da alergia): tener los ingresos suficientes para poder comprar los bienes y servicios indispensables para vivir, otros importantes, pero no indispensables, y también para poder acceder bienes y servicios suntuarios (es decir, lujos). Para ser un referente del éxito, se debe acumular riqueza.

Los datos muestran que quien nace en la clase media alta y en la clase alta tiene un 90% de posibilidades vivir y morir manteniéndose en esas clases. Mientras que quien nace pobre, tiene un 99% de posibilidades de vivir y morir pobre. Si entendemos a una competencia como un conjunto de conocimientos, habilidades, emociones, valores y actitudes, es obvio que quienes tienen el privilegio de nacer en la clase media alta y en la clase alta, tienen acceso a unas experiencias, a unos recursos y a una educación que les permite desarrollar las competencias que necesitan para tener éxito. El resto de clases socio-económicas, y sobre todo los deciles socio-económicos más bajos, difícilmente tendrán acceso a las condiciones que les permitan desarrollar esas competencias.

Pero tener las competencias y las relaciones para el “éxito” no es suficiente. Se necesita también tener acceso al capital indispensable para iniciar. Entonces es indispensable indagar de dónde vino ese capital original. Si viene de un crédito bancario, hay que preguntarse de dónde vienen las condiciones que permitieron acceder a ese crédito.

En ese contexto, y en el caso del Ecuador, hay varios procesos de despojo que permitieron acumulación de capital, el mismo que ha pasado de una generación a otra. Es decir, que no es capital que resulta del trabajo, sino que es capital que resulta de la apropiación del trabajo, de las tierras, de los recursos, de la naturaleza, de otras personas, o del Estado. Dicho diplomáticamente, es un capital que se acumula gracias a un “subsidio” dado por alguien más.  Entonces, para saber si de verdad el éxito de una familia, de un grupo o de una persona viene de su trabajo, y no de sus privilegios, debemos saber si alguna parte del capital con el que se originó su “éxito” proviene de estos procesos de despojo. Se me ocurren varios eventos nacionales de despojo, bien sea de recursos como la tierra, o bien sea de trabajo (entendido como se explicó al inicio del texto):

1. El proceso de conquista europea, donde se despojó a los pueblos originarios de lo que hoy es el Ecuador de sus tierras, de sus recursos y de sus derechos.

2. El proceso de colonia, que consolidó el despojo anterior a los pueblos originarios, pero además de despojarles de sus tierras, de sus recursos, de sus derechos, se les despojó de su trabajo (por ejemplo, en las mitas y los obrajes), y se intentó despojarles de sus creencias.

3. El esclavismo, que no solamente se apropió del trabajo de los pueblos afrodescendientes, sino de su vida, de su identidad, y de su humanidad.

4. El mismo proceso de colonia, produjo relaciones de trabajo que implicaban el despojo de sus trabajos a campesinos, a obreros, a artesanos, empleadas domésticas, y tantas otras labores que se daban en la sociedad. Estas relaciones en muchos casos se mantuvieron, al menos, hasta la década de 1980 y algunas sobreviven hasta nuestros días.

5. Ya en la república, la emisión de moneda por parte de la banca privada fue un proceso constante de despojo de la riqueza de la sociedad en general. Esto duró hasta 1926.

6. El boom del cacao, que se consolidó mediante el despojo de tierras a campesinos, al pueblo montubio y otros pueblos indígenas.

7. El boom del banano, que también se produjo gracias al despojo de tierras de campesinos y montubios. Produjo la pérdida de cerca del 80% de los bosques nativos de la costa.

8. Lo mismo se aplica a otros “booms”: el del camarón y el de las flores.

9. El boom del petróleo, que se produjo mediante el despojo directamente de los territorios de distintos pueblos originarios amazónicos. Pero también indirectamente del despojo de estos territorios mediante la contaminación del agua, del aire y del suelo, y por supuesto, mediante los incentivos a la colonización para conseguir que los desposeídos de la costa y de la sierra migren a la Amazonía.

10. La evasión y elusión tributaria durante toda la historia de la colonia, pero sobre todo de la república, y sobre todo a partir de 1926 hasta nuestros días.

Hay dos eventos vitales para entender el origen de gran parte del éxito de muchas empresas y negocios actualmente, que al final son subsidios de las ecuatorianas y ecuatorianos a la empresa privada, privatización de las ganancias y socialización de las pérdidas:

11. Ya en la década de 1980, en 1983 se dio la sucretización de la deuda privada. Esto significó que las deudas privadas se convirtieron en deuda pública externa. El monto se estima en 1.500 millones de dólares de 1983, que en ese entonces representaban el 15% del PIB. El 15% del PIB de 2019 equivaldría a 15.000 millones de dólares. En palabras más simples, la deuda que adquirieron muchas empresas y negocios privados fue borrada de un plumazo, y pasó a ser deuda de todas y todos los ecuatorianos. Sin embargo, esas mismas empresas y negocios se quedaron con las ganancias y utilidades. Las pérdidas fueron de tod@s, y las ganancias de las empresas.

12. El feriado bancario de 1999 y la dolarización. Este proceso significó una despojo de los ahorros de las ecuatorianos y ecuatorianos, y un aumento brutal de riqueza de la banca y de las empresas que se vieron beneficiadas de créditos que nunca pagaron, sobre todo de créditos vinculados. Nuevamente, una transferencia de recursos de la sociedad en general a la empresa privada.

13. Hay quienes sostienen que la remisión de deudas, multas e intereses de 2018, causadas por no pago de impuestos, fueron también una transferencia de recursos de la sociedad en general a la empresa privada.

Seguro que hay varios otros procesos mediante los cuales se transfirieron recursos de la sociedad en general a la empresa privada. Sin embargo, se debe tener claro que las empresas no se inician solas, requieren de un talento humano capacitado y de una red de infraestructuras y servicios que le permitan operar. Entonces, es fundamental preguntarse ¿de dónde vino el dinero que formó a ese talento humano, el dinero que generó esa infraestructura y servicios, y que la mantiene funcionando? ¿de dónde viene el trabajo que ha permitido que esa empresa funcione y produzca utilidades? ¿Quiénes trabajan para que esa empresa funcione y produzca utilidades?

Por supuesto qué habrá quien diga: “yo inicié mi empresa con un crédito, y desde ahí todo ha sido gracias a mi trabajo”. En ese contexto, es indispensable preguntarse de dónde vino el crédito, ¿de la familia? ¿Del sistema bancario? Si vino de la familia, ¿de dónde vino el capital familiar que permitió dar el crédito? Si vino del sistema bancario, ¿de dónde vino el capital que le hizo sujeto de crédito? Debemos recordar, que esa gente que fue históricamente despojada de todo, no sólo que no tiene acceso a los procesos y relaciones que le permitan desarrollar las competencias para “salir adelante”, sino que tampoco tiene acceso al crédito y al capital para poder arrancar.

De esa manera, cualquier negocio “exitoso” que se haya beneficiado de esos procesos de transferencia de los recursos de todas y todos a los negocios privados, no ha obtenido su éxito gracias su trabajo, sino gracias a la apropiación del trabajo de otr@s o de los recursos del país. Por supuesto, que habrá algún negocio exitoso que no se haya beneficiado de lo anterior, habría que discutir su caso al detalle, y determinar si es una regla o una excepción.

Todo lo anterior justifica plenamente la necesidad de un sistema de impuestos que permita redistribuir el capital acumulado en pocas manos mediante los distintos procesos de despojo. Pero no sólo eso, un sistema de impuestos que permita garantizar los derechos y los servicios a quienes no tienen acceso a ellos, un sistema que permita reducir las inequidades y corregir las asimetrías heredades que excluyen y marginan a quienes siempre han sido excluidos y marginados.

Garantizar esos servicios y derechos, reducir esas asimetrías, y generar procesos de inclusión a las personas excluidas y marginadas, tiene un costo, y ese costo debe ser financiado. La mejor manera de financiarlo es a través de los impuestos. Sin embargo, aunque es una creencia común, es un error muy grande sostener que el dinero que se paga en impuestos es dinero que se le quita al sector privado, o que desaparece de la economía. Ese dinero se traduce en servicios, y esos servicios requieren de un talento humano que los garantice, lamentablemente se ha satanizado a ese talento humano, y despectivamente se le llama burocracia.

Ese dinero, no sólo se traduce en servicios y derechos, sino que nunca sale de la economía, se queda en ella. Se convierte en capital en forma de infraestructura, redes, equipos y servicios. Y mucho más allá de eso, regresa a la economía en forma de compras públicas, salarios de las y los servidores públicos, e incluso de subsidios:

  1. Las compras públicas se realizan a empresas y negocios, y se da preferencia a las empresas y negocios nacionales, por lo tanto, es dinero que vuelve al sector privado y dinamiza la economía.
  2. La mal llamada burocracia son personas, son seres humanos, no son extraterrestres que no tienen necesidades. Al igual que el resto de las personas, viven de su sueldo, y no del Estado. Esto significa que compran comida, pagan arriendos o préstamos, gastan en transporte, invierten en educación, gestionan su dinero en bancos y cooperativas, en fin, hacen lo mismo que el resto de gente y usan su dinero de la misma manera. De esta manera, realmente es un error sostener que el dinero que se usa en salarios de la burocracia sale de la economía, se queda en ella y regresa al sector privado.
  3. Los subsidios bien manejados  son una manera de reducir las inequidades y asimetrías de la sociedad, pero también de sostener al sector productivo que lo necesita. Por lo tanto, es dinero que tampoco sale de la economía.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, ¿qué riqueza y qué capital sale de la economía? Pues aquella que se guarda en el extranjero y en paraísos fiscales. Esa riqueza se traslada a otros países y aporta a la economía de esos países. Dicho de otra manera, es riqueza producida en el Ecuador, que se va a paraísos fiscales, y deja de producir para el Ecuador. Pero adicionalmente, al utilizarse los paraísos fiscales como mecanismos para evadir y eludir impuestos, es riqueza producida en el Ecuador, que se queda en manos privadas y no aporta a la sociedad, no se traduce en bienestar y en la calidad de vida para las y los ecuatorianos, tampoco genera producción y trabajo.

De esa manera, el verdadero despojo para el Ecuador es el sacar el dinero del país, es evadir y eludir impuestos. Cobrar impuestos no es despojar, pagar salarios a la burocracia no es despojar, los subsidios bien manejados no son despojo, son actos de justicia y de compensación a esa personas que históricamente si han sido despojadas de todo, marginadas y excluidas.

2 comentarios en «Trabajo, burocracia e impuestos»

  1. Un artículo altamente educativo, necesario sea difundido para combatir la manipulación mediática que enferma la falta de verdad a varios sectores del Eciador.

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