Pin parental en educación: La ideología de la no ideología

Por: Juan Almagro Lominchar, PhD
Universidad de Almería (España)

Es posible que las y los colegas –principalmente del otro lado del charco- que participan en este espacio intelectual no estén al tanto de los preocupantes y bochornosos acontecimientos que está llevando a cabo la extrema derecha en España. Las elecciones a la Comunidad de Madrid han servido para que los ultras, con representación en el parlamento, a través de mensajes de odio hayan alentado a las masas que jalean sus jerigonzas y bravuconadas en aras de romper en pedazos la mínima estabilidad social y comunitaria que necesita una sociedad formalmente democrática.

Sin embargo, no es nuevo nada de lo que actualmente está sucediendo. Más bien, como suele decir el refranero: de aquellos polvos, estos lodos. No olvidemos, en este sentido, que el discurso repetido machaconamente desde que la extrema derecha permanece en las instituciones no ha dejado de incrementar su volumen, con la intención de señalar a aquellos colectivos más vulnerables, a saber: negación de la violencia contra las mujeres, persecución y criminalización de menores inmigrantes o etiquetar a las personas homosexuales como enfermas. A estos sadismos hay que sumarle la petición de exilio, cada vez más explícita y descarada, para otras compañeras y compañeros que representan la voz de partidos políticos, con la misma legitimidad que ellos, discordantes con este acervo machista, fascista, racista y homófobo.

No es mi intención, más allá de mostrar mi más absoluto rechazo a estos lamentables e insostenibles discursos y acciones, más propios de regímenes fascistas –a las cosas hay que llamarlas por su nombre- tematizar mi artículo de esta semana en base a esto. No obstante, sí quería partir de esta denuncia para mencionar una cuestión referida al ámbito educativo, estrechamente relacionada con lo anterior por haber estado, también, en el discurso de la ultraderecha durante los últimos meses: me refiero a lo que se conoce como pin parental. Mediante esta acción se pretende que la dirección de los centros educativos informe a las madres y padres del alumnado para que estas/os remitan una autorización expresa que permita a sus hijas e hijos participar de cualquier materia, charla, taller o actividad que, según el partido de extrema derecha, afecte a cuestiones morales socialmente controvertidas, sobre sexualidad, o a temas que puedan resultar intrusivos para la conciencia y la intimidad de las y los menores. Con ello, básicamente pretenden limitar la capacidad del alumnado para asistir a charlas y talleres sobre la identidad de género, el feminismo o la diversidad LGTBI, aludiendo que este tipo de temas contribuyen a ideologizar la educación.

Este discurso, fácilmente rebatible por su escasa densidad intelectual, me anima a comentar tres cuestiones al respecto:

-La primera tiene que ver con la poca perspectiva que tiene la extrema derecha cuando señala temas controvertidos en educación. Estos señores ven peligroso y adoctrinante impartir talleres en los centros educativos referidos a temas en materia de igualdad y de respeto y reconocimiento de las minorías, pero ni por asomo se plantean poner en tela de juicio las charlas que estas/os jóvenes reciben por parte de entidades financieras, en los mismos centros escolares, sobre cómo pedir un préstamo y/o una hipoteca que las/os vincule a la banca durante buena parte de sus vidas, o acerca de cómo abrir un plan de pensiones privado cuanto antes, tal y como dicen los libros de texto de la asignatura de Economía. Para ellos, el feminismo adoctrina y el neoliberalismo emancipa.

-La segunda hace referencia más directa al concepto de ideología. Quizá esos mismos señoros de la extrema derecha no conozcan a Gramsci, por aquello de ser excluyentes de quienes difieren de sus ideas retrógradas y totalitarias, pero sería recomendable que dejasen atrás su odio y rencores por un momento y echasen un vistazo a lo que el bueno de Antonio planteaba en torno a este concepto tan complejo. Es posible que así entiendan que su discurso de la no ideología en educación, impidiendo tácita y explícitamente que se hable por ejemplo de feminismo en los institutos, es a su vez dogmático, por lo que, en base a su mismo argumentario, podemos decir que ideologiza, pero desde esa perspectiva rancia, sectaria y excluyente que ellos promulgan.

-Por último, me gustaría reivindicar que, con la nueva Ley Educativa, la escuela, además de reconocer legítimamente este tipo de talleres para dar voz a quienes más lo necesitan, se imbricasen en el marco curricular todas estos asuntos y contenidos que tanto molestan a los ultras, con la finalidad de que nuestras aulas, frente al odio y la exclusión, se conviertan en espacios reflexivos para generar más empatía y humanizar a las sociedades venideras.

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