La calidad en la Educación Superior

Por: Enrique Pozo Cabrera, PhD
Rector Universidad Católica de Cuenca (Ecuador).

El progreso justo de una sociedad democrática, su bienestar integral y la calidad de vida individual de sus ciudadanos son el fruto, en gran medida, del desarrollo de la educación, en sus distintos niveles. Conscientes de ello, es un derecho de los pueblos el crecimiento de los servicios educativos, su fomento y protección por parte de las administraciones públicas; pues, tienen la obligación fundamental de educar a sus habitantes.

La educación, sin lugar a dudas, es la energía que enciende el motor que promueve a su vez el bienestar de un país. El nivel educativo de los ciudadanos señala su capacidad de competir con éxito en el ámbito del panorama internacional y afrontar los desafíos que se planteen en el futuro. Mejorar el nivel de los ciudadanos en el campo educativo es abrirles las puertas de capacitación y de trabajo altamente cualificados, lo que significa contribuir al crecimiento económico y por lo tanto a un mejor provenir. La calidad educativa, en la actualidad, debe mirar lo global y cambiante de las sociedades, lo dinámico de ella. Notamos como las capacidades más intelectuales del ser humano se van agregando a las tecnologías. Mientras que en ningún caso será objeto de sustitución es la capacidad creativa, de adaptación, de emociones, afectivas, emprendedoras que son virtudes del ser humano y es ahí donde se debe fortalecer la educación.

En la esfera individual, la educación es un crecimiento personal y una mejor integración social. El nivel de calidad educativa determina, en gran medida, las metas y expectativas de la trayectoria de vida, tanto en lo profesional como en lo personal, así como el conjunto de conocimientos, recursos y herramientas de aprendizaje que capacitan a una persona para que pueda planificar su camino de vida y cumplirlo con el mayor éxito y llegar a sus objetivos.

En consecuencia,  solo un sistema educativo de calidad, inclusivo, integrador y exigente, garantiza la igualdad de oportunidades y hace efectiva la posibilidad de que cada estudiante desarrolle al máximo de sus capacidades. Desde la calidad educativa se ha de lograr el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a una convivencia democrática, con respeto a los derechos y libertades fundamentales.

La calidad de la educación debe ser aquella que asegure a todas las personas la adquisición de conocimientos, capacidades, destrezas y actitudes necesarias para desenvolverse en la sociedad de manera ética, comprometiendo su ejercicio profesional a la solución de problemas.

La calidad es la que promueve el progreso de los estudiantes y exige a los docentes a ser cada vez mejores y a saber más para transmitir mejor. Los estudiantes que se han forjado en sistemas exigentes de calidad, obtienen logros intelectuales, sociales, morales y emocionales teniendo en cuenta que, se han de igualar los niveles socio-económicos, mejorando su medio familiar.

Vista la calidad educativa como el soporte que ha de allanar el camino de los individuos, hemos que coincidir que, la calidad es un concepto inacabado, siempre habrá nuevos derroteros que han de enfrentar nuevos y variados problemas.

La calidad se nutre de la transparencia; pues ella, mejora la calidad, al atravesar el conjunto de derechos y deberes de las instituciones educativas, especialmente en la información. Las administraciones educativas y particularmente, los centros educativos de Educación Superior que son autónomos, que ejercen libertad de investigación de y cátedra; deben dejarse ver en todo su andamiaje; pues, ello genera la confianza de los educandos, de la sociedad que desee ver resultados óptimos de los nuevos profesionales. La calidad asegura el provenir de la educación y el progreso de los pueblos. Todos los estados que han invertido en educación, han sabido superar las crisis.    

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