La aventura primordial de la lectura

Por: Iván Petroff Rojas, PhD
Universidad Cuenca (Ecuador)

“La enfermedad de leer tiene sus ventajas. Otorga silencio, consuelo, oscuridad, compasión y dulce cansancio. Si hay que hacer campaña, hágase de esto. Leer para estar en silencio. Leer para aceptar la muerte, la soledad, la herida y el consuelo”.
Constantino Bértolo

El 23 de abril celebramos el día internacional del libro y la lectura, la fecha tiene que ver con la coincidencia del nacimiento y la muerte de dos grandes autores de la literatura Universal: William Shakespeare y Miguel de Cervantes. Muchos colectivos culturales así como instituciones dedicadas a la formación de niños y jóvenes como  establecimientos de educación básica y bachillerato o las universidades se han empeñado en realizar importantes programaciones para la motivación hacia la lectura, a través de proyectos interesantes de mediación lectora como la maratón de la lectura que tuvo sus inicios en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Cuenca, conjuntamente con la Universidad del Azuay, Politécnica Salesiana y Católica. Una verdadera fiesta cultural en la que participaron numerosas delegaciones de estudiantes, el tema tenía que ver con la lectura de una obra de autor ecuatoriano o Latinoamericano, durante 10 horas continuas. La ceremonia de clausura estaba compuesta de discursos y breves reflexiones sobre el hecho de la lectura y finalmente la presentación de grupos de danza y música.

La Feria Internacional del libro, organizada por el Encuentro sobre Literatura Ecuatoriana y Latinoamericana “Alfonso Carrasco Vintimilla”, fue, por dos ediciones consecutivas un espacio pensado y creado para el análisis, reflexión y la práctica de la lectura con proyectos de variada metodología como yo lo veo, yo lo leo, la pampa lectora, etc. La feria propició la participación de críticos, estudiosos de la literatura, autores de literatura infantil y juvenil. Editores, entre otros.

Una de esas experiencias muy interesantes que vivimos en uno de los proyectos abiertos de vinculación con la sociedad desde la Universidad de Cuenca, fue la que profesamos en la Unidad Educativa del Milenio Victoria del Portete, su rectora, una apasionada por los proyectos de lectura y en general todo aquello que ayude a la formación de los niños y jóvenes nos invitó a ser parte de una aventura inolvidable que la sintetizo así:

Manuel es un niño que se despierta muy pronto para ir a la escuela. Una de sus actividades favoritas es la lectura. Sus temas preferidos son los cuentos de aventuras y a veces también le han llamado la atención las narraciones de misterio y fantasía. Desde que cursa el séptimo año tuvo la oportunidad de compartir sus clases de lenguaje con una joven profesora que le recomendó nuevos títulos de diversas narraciones de ficción.

Una tarde se sintió inspirado y comenzó a escribir la historia de su perro Napoleón que vino sin previo aviso y se quedó en la casa para compartir alegrías y tristezas de la familia que lo acogió con afecto. Desde entonces su compañero de vida se ha convertido en su amigo y confidente cuando se trata de cuidar de los animales y hacer los mandados de sus padres como traer leña del cerro, darles de comer a los borregos o sembrar en la huerta.

Su cuento ganó un reconocimiento y hoy tiene el orgullo de que su trabajo haya sido publicado en la segunda edición del proyecto “El despertar de los escritores”. Sabe que tiene una importante responsabilidad y que leer y sobre todo escribir le ha permitido entender que hay nuevos caminos en la vida por recorrer.

La escritura, junto a la lectura, son las dos armas más poderosas que podemos dar a los niños para cimentar las bases de su desarrollo cognitivo. A diferencia del aprendizaje de la comunicación verbal, la lectoescritura es mucho más compleja, por la necesidad de adquirir y aprender a utilizar ciertos códigos del lenguaje escrito que requieren de un desarrollo intelectual. Por ello, la iniciación no suele darse hasta los cinco o seis años.

En este primer acercamiento, los niños aprenderán a distinguir su nombre y comenzarán a escribirlo, junto a las diferentes letras, que se asocian a una forma y un sonido concreto. Poco a poco, se suceden las fases de copiado, dictado y, por último, de escritura espontánea. Antes de abordar la escritura creativa en los niños, padres y madres debemos conocer las fases del aprendizaje con el fin de reconocer problemas en el desarrollo y la práctica de este. A partir de los ocho o nueve años las capacidades en la infancia son ya suficientes para empezar a impulsar el aprendizaje y la práctica de la escritura creativa.

A partir de los nueve años, entramos en la edad perfecta para fomentar la escritura creativa en los niños. Podemos hacerlo en casa o, si existe un interés visible por su parte, estudiar otras opciones fuera de la escuela. Su práctica mejorará los tiempos de aprendizaje de conceptos, su vocabulario y el conocimiento estructural del idioma. Por regla general, el gusto por la lectura irá asociado a todo lo anterior, convirtiéndose en el acercamiento progresivo de géneros literarios, temas y autores. Esta asociación también la podemos extender a la educación en valores, mostrando situaciones y realidades que nuestros estudiantes deben conocer y sacando partido a algunos de los ejercicios y actividades de escritura creativa que se deben practicar en el ejercicio educativo

En un grupo o taller donde se practique la escritura creativa con niños, quienes lo organizan plantearán una enorme variedad de ejercicios de desarrollo de historias, como el circuito —también conocido como las frases encadenadas—, a través del que se formará una historia con sentido. Del mismo modo, hay muchísimos ejercicios grupales de escritura creativa: la redacción de textos en grupo tras elegir un número determinado de palabras o el collage, pero también ejercicios que puede empezar a practicar tu hijo o hija individualmente.

Los niños y niñas que ejercitan la escritura a través del papel mejoran sus habilidades motrices y, según los expertos, también les ayuda a retener la información con mayor intensidad, potencia el aprendizaje y ayuda a estimular sus circuitos cerebrales, desarrollando también otras capacidades relacionadas con el aprendizaje, como dibujar o colorear.

Así mismo, la escritura creativa, por su naturaleza más original y fantasiosa, no debe hacer que nos olvidemos del aspecto más puramente lingüístico, por lo que también nos resultará útil para corregir faltas de ortografía, errores de coherencia textual y así, ayudar a que los estudiantes sigan formándose.

Escribir no es normal. Lo normal es leer y lo placentero es leer; incluso lo elegante es leer. Escribir es un ejercicio de masoquismo; leer a veces puede ser un ejercicio de sadismo, pero generalmente es una ocupación interesantísima.
Roberto Bolaño

La lectura es la primera acción que nos pone en relación directa con los autores de una multiplicidad de mensajes. Las letras se confabulan para formar palabras y estas se arreglan en función de ideas que al asumir el cuerpo del lenguaje nos persuaden, nos increpan, nos susurran o nos conmueven. En el caso de la poesía o la literatura en general las palabras mudan su comportamiento para asumir nuevas relaciones y significados que dependen de quien las manipula con ingenuidad o perversión, con sabiduría o inteligencia para que griten o silabeen su verdad.

En el principio era el verbo y el verbo se hizo competencia, se hizo carne y deseo. Todo el tiempo se ha metamorfoseado, siguiendo las leyes del poder, o asumiendo por sí mismo el poder para decir y sentenciar.

Es el lector primero el que ensaya el salto de la muerte o el riesgo del abismo para saber caer. Es el lector el que da vida o mata a los personajes, los hechos y las formas más intensas del diálogo para mantener la infatigable orgía de la celebración poética donde el lector es el héroe y el que agoniza con su capa de plomo y de sueño en las efímeras máscaras de la acción. Una suerte de dramaturgia que nos convoca cuando  agotado queda su repertorio de enigmas y puntos de giro al deux ex machina para que finalmente lo más conflictivo y difícil quede resuelto y el lector finalmente se recueste en medio de la tienda del silencio profundo.

La lectura está hecha de momentos, así como de truenos y relámpagos, de voces tiernas y acariciantes cuando la madre se esfuerza para que el infante se reconcilie con los epicúreos personajes de paja y bronce que animan las historias aguijoneadas por flechas, balas o alfileres de mujeres encantadas por el insomnio de Ulises o del caballero de los espejos.

Schiller decía que la mitad de nosotros es naturaleza y herencia o genética, la otra son los músculos de la lectura que nos perfilan como seres humanos que nos sostienen en la telaraña de la ficción, la imaginación y la fantasía para volver a reconocer el mundo y fortalecerlo con la energía de un Atlas de quimera

La lectura que nos permite tantos mundos como sea posible navegando por las diferentes constelaciones de lo incalculable. La lectura que nos ubica en la alfombra y el vuelo para surcar los cielos, la tierra y la piel de los mares en aterrizajes rasantes

Stanislao Zuleta  sostiene que no existe un código común entre el escritor y el lector de un libro sino que “el texto produce su propio código por las relaciones que establece entre sus signos”. Entonces, el trabajo de interpretación del lector consiste en “determinar el valor que el texto asigna a cada uno de sus términos”.

Si pretende leer un texto desde el código del autor o desde el código de un maestro lo único que logrará el lector es rendirse ante la “ideología dominante preasignada a los términos”, ratificando de esta manera la “ilusión humanista, pedagógica” de que “la escritura regala a un Lector Ocioso un saber que no posee y que va adquirir”. En este sentido y citando a Nietzsche, Zuleta “rechaza toda concepción naturalista o instrumentalista de la lectura: leer no es recibir, consumir, adquirir, leer es trabajar es buscar, aunque el hallazgo tarde”.

Es necesario leer a la luz de un problema” y salirse del concepto de lectura como consumo, como recepción. Leer es reunir esas tres categorías que el autor dice posibilitan el pensamiento filosófico: la “capacidad de admiración” del camello, la “capacidad de oposición” del león y la “capacidad de creación” del niño. La lectura es una “abierta invitación a descifrar y obligación de interpretar”.

Entonces, el autor invita a aprender a leer. Nuevamente citando a Nietzsche, Zuleta dice que además de saber interpretar, el buen lector “es capaz de permitir que el texto lo afecte en su ser íntimo, hable de aquello que pugna por hacerse reconocer aún a riesgo de transformarle, que teme morir y nacer en su lectura; pero que se deja encantar por el gusto de esa aventura y de ese peligro”.

Las narrativas de los libros ayudan a estimular la imaginación, pues la descripción de los acontecimientos pretende que el lector visualice cómo es el escenario donde se desenvuelve la historia y esto aporta en el desarrollo de la capacidad de la imaginación del creativo, aspecto que resulta de suma importancia en el proceso de innovar, como expuso Osborn: “la creatividad es una aptitud para representar, prever y producir ideas. Conversión de elementos conocidos en algo nuevo, gracias a una imaginación poderosa”.

No solo se trata de leer sino de desarrollar la habilidad lectora y la comprensión de la misma. Los resultados, dependerán de cada mente en específico, de sus vivencias personales, de sus gustos particulares, de sus necesidades individuales, laborales y sociales, lo afirma Romero (2004), quien escribe que leer es un acto de pensamiento que conlleva una fuerte actividad cognitiva que ayude a interpretar y construir un sentido a la lectura, que desarrolla una relación lector-texto, en donde intervienen la afectividad y las relaciones sociales.

Hay quien dice que somos el resultado de los libros que leemos, si hablamos de esto en un ambiente del mundo creativo, no sería mala idea que dejemos que nuestro trabajo sea el resultado de los libros que leemos, y si a eso sumamos una gran cantidad de autores descomunales que hay por ahí, con tantos textos extraordinarios, imaginemos los grandes proyectos que están por emerger. Tomen un libro y esperen los resultados…

Pues bien, la lectura a propósito de esta maratón debe traducirse en un proyecto fundamental ubicado entre las prioridades académicas de la Universidad. Los estudiantes, docentes y personal administrativo, constantemente ejercerán su derecho y sobre todo su obligación de leer como hoy lo es el demonio de los talentos y destrezas informáticos. La creatividad, el aprendizaje, el desarrollo de las diversas inteligencias y talentos deben tener el sustento de la lectura como un eje transversal para todas las carreras. Confío en el médico que me habla de García Márquez o Neruda, confío en el ingeniero que me comenta sobre su última novela leída.

Actividades como la que hoy comentamos en este espacio, queridos lectores, ser constantes y una línea de política cultural de primer orden. Los proyectos que mantienen el Ministerio de Educación, la Casa de la Cultura, la campaña Eugenio Espejo, el programa del Ministerio de Cultura, los de las mismas universidades, deben mantenerse con energía y vigor. Sin embargo falta desde el poder central una verdadera política en el ámbito cultural, educativo y académico para que el Ecuador llegue a dominar el hábito de la lectura como una acción del inconsciente, pues esta clave la que nos redimirá del atraso en materia de formación a la niñez y juventud de nuestro país.

Concluyo así con una frase de Roberto Bolaño: “Uno no termina de leer, aunque los libros se acaben de la misma manera que uno no termina de vivir, aunque la muerte sea un hecho cierto”.

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