El planeta de los coches

Por: Juan Claudio Acinas
(Tenerife-Islas Canarias)

“Cómprate un coche, únete al atasco” (El Roto)

LO QUE HAY

1º En la mañana, cada ciudadano quiere levantarse (o salir de su casa) un poco más tarde para ir al trabajo o a estudiar, así como evitar la lentitud (parada tras parada) de la guagua, del tranvía, del transporte público.

2º Por eso, cada ciudadano decide comprarse un coche y usarlo para ir a trabajar o estudiar con el fin de levantarse un poco más tarde o ahorrar tiempo, para ir más cómodo y rápido.

3º Todos o la mayoría piensan igual y deciden lo mismo, con el resultado de que:
a) la cantidad de vehículos que se suma al tráfico ya existente es enorme;
b) los ciudadanos se tienen que levantar cada vez más temprano para evitar los atascos y llegar puntuales al trabajo o a sus lugares de estudio;
c) el transporte público (a medida que aumenta el número de automóviles en la carretera) funciona cada vez más lento y peor;
d) todos saben que la solución óptima pasa por el transporte público, pero pocos dejan de usar su propio vehículo o adquirir uno, con lo que cada cual se guía por su interés particular y se desentiende de todo lo demás;
e) esta situación es subóptima pues incrementa las incomodidades personales (para cada conductor) y lleva al desastre común (para el conjunto de la sociedad).

4º Todo eso en un contexto donde:
a) el coche es un identificador de estatus en la jerarquía social, con el significado añadido de que el transporte público es propio de gente con pocos recursos o jóvenes a la espera de “sacar el carnet”. Margaret Thatcher lo dejó bien claro: un hombre de más de 30 años que vaya en autobús debe considerarse un fracasado;
b) muchos defensores de la enseñanza pública o la sanidad pública se olvidan de esto en cuanto al transporte: no cogen la guagua o el tranvía ni a tiros;
c) los coches eléctricos no resuelven nada de lo anterior, por el contrario son un espejismo verde, dado que también necesitan energía, con lo que el problema se traslada del tubo de escape a la chimenea de una central eléctrica (ya sea de petróleo, carbón o nuclear);
e) el negocio es inmenso: fabricantes, petróleo, carreteras, autoescuelas, impuestos, créditos, señalética, publicidad, garajes, gestorías, compañías de seguros, peajes, semáforos, parquímetros, radares, cámaras, cepos, alcoholímetros, multas, talleres, piezas de recambio, ITV, grúas, revistas especializadas, programas televisivos, salones del automóvil, desguaces, chatarras…

LO QUE TOCA

1º En el año 2003, a escala mundial, el número de muertos por accidente de tráfico llegó a 1.200.000 personas, siendo la séptima amenaza para la vida humana. En el año 2020 se contabilizaron unos 2,5 millones de muertes y tales accidentes son una de las primeras causas de enfermedad. Miles de accidentados heridos sufren secuelas importantes, muchas, de por vida. Los accidentados graves requieren una compleja atención sanitaria, una larga rehabilitación y, en mayor o menor medida, apoyo para su reintegración social, pues padecen limitaciones físicas o mentales. A todo lo cual hay que añadir los más de 30 millones de vertebrados (aves, mamíferos, anfibios, reptiles) que, sólo en España, mueren cada año atropellados en las carreteras, según la Sociedad para la Conservación de los Vertebrados.

2º Contaminación, ruidos, atascos… La polución originada por las partículas pequeñas y ultrafinas (PM10 y PM2.5) causa más de tres millones de muertes prematuras cada año en todo el mundo. Un estudio de la Salud Pública de Francia señala que, sólo en ese país, la contaminación (en gran parte por el uso del gasoil) mata prematuramente a unas 48.000 personas al año. Las micropartículas penetran en el aparato respiratorio y de ahí entran en la corriente sanguínea. Lo que produce no sólo problemas respiratorios, sino que también favorecen los accidentes cerebrovasculares (ictus), las enfermedades cardiovasculares (infartos), además de favorecer el desarrollo del cáncer (sobre todo, de pulmón). Está confirmado que vivir a 50 metros de una autopista aumenta un 7% el riesgo de demencia.

LO QUE SE DICE

1º “Los pies ya no sirven, dentro de este mundo que hemos dado en llamar civilizado, para desplazarse, sino para acelerar y desembragar. El automovilista malgasta, así, no sólo las riquezas naturales comunes, sino su dinero y su salud” (Miguel Delibes).

2º “El automovilismo de masa materializa un triunfo absoluto de la ideología burguesa al nivel de la práctica cotidiana: funda y sustenta, en cada quien, la creencia ilusoria de que cada individuo puede prevalecer y beneficiarse a expensas de todos los demás. Ofrece el ejemplo contradictorio de un objeto de lujo desvalorizado por su propia difusión. Pero esta desvalorización práctica aún no ha causado su desvalorización ideológica: el mito del atractivo y las ventajas del auto persisten mientras que los transportes colectivos, si se expandieran, pondrían en evidencia una estridente superioridad” (André Gorz).

En mi infancia, cuando los pocos carros que había en Medellín circulaban por calles y carreteras semidesiertas, nos tomaba varias horas ir en el Fordcito de papi, resoplando, a Envigado, que está a seis kilómetros. Hoy que los carros pueden ir a doscientos kilómetros por hora, en vez de los dos escasos minutos que debería tomar el viaje se gasta uno las mismas varias horas de antes por los embotellamientos. Conclusión: la humanidad sí avanza pero retrocediendo” (Fernando Vallejo).

En China, el incremento de automóviles ha llegado a tal punto que se prevé que, en cinco años, los coches no superarán en velocidad a las bicicletas para desplazarse por Pekín.

4º “En California se siguen construyendo macrourbanizaciones insostenibles. Ladrillo rápido y lugares en los que es indispensable el coche. Lo cual crea un ser humano aislado, siempre dentro de un auto, en atascos. Un modelo basado en el petróleo y carísimo. En Los Ángeles nadie camina. Los peatones sin coche levantan sospechas. Porque, en realidad, los peatones son personas que van o vienen de sus autos” (Robert Harding Pittman).

5º “Los coches y las motos suelen identificarse con la libertad. La publicidad siempre ha abusado de esa metáfora: el paisaje virgen, el rumor de la brisa, la larga carretera sin tráfico, el conductor solitario. Luego resulta que la realidad es mucho más prosaica. El coche ya sólo es sinónimo de esclavitud y servidumbre, se instala en un ecosistema que no le es propio y lo deteriora de forma irreversible” (Ignacio Martínez de Pisón).

6º “El veneno que respiramos es, sobre todo, dióxido de nitrógeno, cuyo origen principal son los automóviles. Los coches diésel, además, liberan micropartículas que entran en la sangre. Y la fricción de neumáticos en el asfalto, y de los frenos de disco… libera metales venenosos: níquel, cadmio, vanadio. Con graves consecuencias: cánceres de pulmón, vejiga, hígado, cerebro, diabetes, asma, enfermedades neurodegenerativas… La contaminación química del aire causa 10. 000 muertos al año en España. En los niños, daña su capacidad de concentración y estudio. Y daña los fetos, induce partos prematuros y neonatos de bajo peso… Hay que sacar los coches de las ciudades” (Cristina Linares).

“Cuando conduzco tengo miedo de que se acabe el petróleo, y cuando camino, de que no se acabe” (El Roto).

7º “Los tontos racionales (casi retrasados mentales desde el punto de vista social) son aquellos cuyo comportamiento: a) es consistente en la adopción de sus decisiones personales (es racional); b) se guía rígida y únicamente por la maximización de sus propias ganancias y su beneficio exclusivo (es poco razonable); c) tiene consecuencias individualmente perjudiciales y colectivamente destructivas; d) demuestra que, en múltiples ocasiones, la forma más segura de no ser razonable es tratar de ser racional a toda costa” (Amartya K. Sen).

8º. “Las leyes fundamentales de la estupidez humana: 1ª Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo. 2ª La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona. 3ª Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio. 4ª Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error. 5ª La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe: el estúpido es más peligroso que el malvado” (Carlo M. Cipolla).

9º Conducir por el infierno (Charles Bukowski):

“La gente está harta, infeliz, frustrada, la gente está amargada y vengativa, la gente está engañada y temerosa, la gente está enfadada y sin inspiración y conduzco entre ellos en la autopista y proyectan lo que queda de ellos mismos en su manera de conducir algunos más odiosos, más frustrados que otros a algunos no les gusta que los adelanten, algunos intentan evitar que otros pasen algunos intentan bloquear los cambios de carril algunos odian los coches más nuevos, el modelo más caro otros de estos odian los coches más antiguos
la autopista es un circo de emociones baratas y bonitas, es la humanidad en movimiento, la mayoría viene de algún lugar que ellos
odiaron y van a otro que odian tanto o más las autopistas son una lección de lo que nos hemos convertido y la mayoría de los choques y muertes son la colisión de seres incompletos, de lamentables y dementes vidas cuando conduzco por las autopistas veo el alma de la humanidad de mi ciudad y es fea, fea, fea: los vivos han arrojado el corazón lejos”.

“El objetivo final del viaje es poder aparcar” (El Roto).

LO QUE ENROLLA

Un capítulo: Carlo M. Cipolla, “Las leyes fundamentales de la estupidez humana”, en Allegro ma non troppo, 1988.
Un documental: Sobre ruedas, el sueño del automóvil, 2011, director Óscar Clemente. Una película: El gran atasco, 1979, director Luigi Comencini.
Un relato: Julio Cortázar, La autopista del sur, 1966.
Un artículo: Amartya K. Sen, Los tontos racionales: una crítica de los fundamentos conductistas de la teoría económica, 1976.

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