Aquí hay dragones

Por: Mateo Sebastián Silva Buestán
Estudiante Universitario (Cuenca-Ecuador)

A partir de los inicios del siglo XX, las ciencias médicas dedicadas al estudio de la salud mental introdujeron un nuevo concepto a sus vastos libros: El Inconsciente. Con esta nueva forma de entender el misterioso mundo de la mente humana surgieron varias escuelas de pensamiento, todas dispuestas a descifrar la incógnita del Hombre ¿Qué es lo que realmente habita en el inconsciente y cómo influye en el comportamiento cotidiano? Necesariamente, se debe empezar esta revisión con Freud para luego descender a los postulados de sus más díscolos discípulos: Adler y Jung.

Los psicólogos anteriores a Freud sostenían que el inconsciente no era más que un oscuro depósito que almacena recuerdos que saltan, de tarde en tarde y por razones desconocidas, a la claridad del consciente. Según ellos, el inconsciente era inactivo, inútil y pasivo. Además, se decía que era una fuerza oculta a la razón y que no guardaba ninguna relación con la vida diaria. Es decir, la Psicología de antaño no se preocupaba por los llamados ¨fenómenos psíquicos¨, sino que se limitaba a experimentos de laboratorio y a analizar reacciones químicas del cerebro. Así mismo, trataba de curar a sus pacientes mentales con métodos poco claros y un tanto impulsivos.  

En este contexto, Sigmund Freud (1856-1939), doctor en psiquiatría y considerado el precursor del psicoanálisis queda fascinado con una novedosa manera de sanar a los dichos enfermos mentales: la hipnosis. Técnica poco aceptada para aquel entonces y aún sujeta a revisión. Dentro de este marco, emerge un nuevo sentido del inconsciente. Para Freud tanto consciente como inconsciente pertenecen, ambos, al ¨alma¨ de cada persona. El inconsciente, resulta pues, la materia primordial de la conducta humana ya que tiene influencia directa en el pensamiento, ánimos, sensibilidades y sentimientos. Es una parte de la mente compuesta de instintos, deseos, miedos, ideas catastróficas o asombrosas y experiencias de toda la vida.

Freud presenta una analogía por la que se puede comprender cómo funciona la mente, según su criterio. Así, somos una habitación que contiene dentro una mesa. A veces, una luz alumbra esta mesa haciéndola completamente visible. Otras veces, esa luz no se presenta por lo que la mesa no es visible, pero no significa que no esté dentro de la habitación. En tinieblas, se puede palpar la mesa, conocer su textura, sus dimensiones y demás características. La habitación es nuestra mente; la luz, el consciente; y la mesa, todo lo que hace de cada persona un ser en sí mismo.

Tras este sucinto preámbulo, se desprenden las múltiples teorías respecto al comportamiento del Hombre. Ahora bien, ese nuevo inconsciente planteado por Freud lo llevó a resumir sus estudios a una frase ¨todo se reduce a los genitales¨. Esto es, para el doctor de Viena que todos los aspectos del inconsciente toman una significación sexual. De este modo, nace la Teoría de la Sexualidad bajo el supuesto que todas las personas, de alguna manera, están enfermas y deben ser categorizadas en uno o más de los siguientes casos: Pansexualismo, Complejo de Edipo, Complejo de Electra y Narcisismo.

El Pansexualismo es entendido como el conjunto de teorías que explican la sexualidad humana como un único problema. Por su parte, el Complejo de Edipo y el Complejo de Electra hallan sus orígenes en la tragedia griega. Freud toma como ejemplo estas dos historias e induce rebuscadamente que todo varón desea poseer sexualmente a su madre y toda mujer desea ser poseída por su padre. En tanto al Narcisismo, nombre recuperado también de la mitología griega, Freud afirma que el amor es la proyección de cada persona sobre algo exterior. Como era de esperarse, estas ideas no tuvieron buena acogida. Para Freud, el Hombre es un ser natural que se guía únicamente por su instinto sexual. Plantea que en el inconsciente yacen actitudes lascivias que son reprimidas por el consciente; en consecuencia, la vida se torna una amarga y constante lucha entre un Yo civilizado y un Yo salvaje.

Por otra parte, Alfred Adler (1870-1937), médico y psicoterapeuta, fue uno de los primeros discípulos de Freud que dejó de lado sus enseñanzas. Para Adler, la vida misma no podía ser entendida exclusivamente bajo el aspecto sexual. Por este motivo, plantea que el ser Humano debe su comportamiento a dos determinismos psíquicos: Instinto de poderío e Instinto de inferioridad. Al igual que Freud, Adler encuentra el génesis de estos instintos en la niñez. El instinto de inferioridad defiende que el niño, al venir solo al mundo, desamparado, desnudo y desprotegido se siente inferior y minúsculo. Y, el instinto de poderío se forja cuando un infante quiere dominar todo su entorno, manejar a su voluntad a quienes les rodean y hacer lo que se le antoje. Bajo estos conceptos, Adler manifiesta que el Hombre es un ser racional que se comporta de acuerdo a su formación. Desde esta perspectiva, muestra una inclinación hacia la Pedagogía.

En compensación de las dos teorías mencionadas con antelo, Carl Gustav Jung (1875-1961), psiquiatra y psicólogo, también desertor del camino de Freud, trata de encontrar un punto de equilibrio entre las dos corrientes. De acuerdo a Jung, existen dos tipos de personas: introvertidas y extrovertidas. Además propone la existencia de un inconsciente colectivo, definido como la vivencia de mitos, leyendas e imágenes antiquísimas en el inconsciente de todas las personas. En las personas introvertidas rige el inconsciente colectivo razón por la que están vinculadas a la historia de la humanidad; lo mismo que, sus deseos sexuales son subyugados por el instinto del dominio (Adler). En contraparte, las personas extrovertidas encuentran su motor en lo sexual (Freud), es decir, en ellas domina el inconsciente personal. Como se puede apreciar, Jung presenta una síntesis de sus colegas, pues dice que el Hombre es un ser natural con consciencia de que es una persona racional.  

En las generalizaciones anteriores se evidencian las muy diversas maneras de entender el inconsciente y su influencia en la vida diaria de las personas. A día de hoy, el debate continua, nunca hemos estado más lejos de descubrir los secretos mejor guardados de la mente. Si bien es cierto, estos tres postulados tienen como fundamento y finalidad el tratamiento y posterior cura de pacientes mentales. De hecho, se han registrados casos de neurosis, afasia, neuralgia, paroxismo, entre otros que han sido satisfactoriamente tratados por las tres eminencias citadas anteriormente, cada uno con sus respectivos métodos.

En atención a lo expuesto ¿Cuál es la verdadera naturaleza del Hombre? ¿Somos seres sexuales y nada más? ¿Somos producto de la formación familiar y social? O ¿Somos máquinas sexuales reprimidas por instituciones disfrazadas de ¨civilizaciones¨? Ciertamente, este texto deja de lado y no profundiza en temas como el psicoanálisis, la interpretación de los sueños, el subconsciente, los arquetipos de Jung, el acto fallido, la hipnosis, técnicas de asociación de palabras e introspección, etcétera. Sencillamente, estos párrafos son un primer acercamiento al espesor y pesadumbre de la encrucijada mente humana. En cualquier caso, así como en los antiguos mapas se designaba la frase ¨Aquí hay dragones¨ para referirse a territorios poco explorados o desconocidos; de igual forma, Aquí, -en el inconsciente-definitivamente, hay dragones.

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