La grandilocuencia del poder y la desgracia de los otros

Por: Jacqueline Murillo G. (PhD)
Colombia

Las urgencias de Colombia en los últimos años se han concentrado en un solo individuo. Las instituciones del estado como la Procuraduría, la Fiscalía, la Defensoría del Pueblo, la Contraloría (la lista es larga), han puesto a funcionar toda la artillería estratégica al servicio del personaje más poderoso del país “con razón que el alma pene”, decía mi abuelita.

En el patio trasero de la casa se guardan los cachivaches, se arruman los objetos que ya no prestan ninguna utilidad. Sirvieron en algún tiempo, se utilizaron para unos fines, en algunos casos se arrojan a la basura, en otros se pierden en medio de tantos objetos que han prestado funciones. Pero ustedes se preguntarán qué tiene que ver los enseres con la concentración de poder. Si, la relación, la metáfora es válida, veamos porqué.

El maremágnum de declaraciones, testimonios, documentos, denuncias, el tráfico de información sobre uno de los procesos que se “adelantan” de los más de doscientos que tiene en su haber el expresidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez. Todo el arsenal del material probatorio que se ha apilado a lo largo de los últimos 30 años ha ido a parar al diván del olvido. Esto en cuanto a todas las evidencias en su contra, solo se lleva a cabo un proceso por fraude procesal y compra de testigos. Pero es solo una de las curiosidades de toda esta puesta en escena en la que se ha convertido el proceso.

A lo largo de estos años en las investigaciones que se adelantan por las masacres del “Aro” y “La Granja”, el asesinato del defensor de derechos humanos, Jesús María Ovalle, quien luego de denunciar la arremetida paramilitar en coordinación con las fuerzas militares en Ituango (Antioquia), han salpicado directamente al expresidente cuando fue gobernador de Antioquia, y solo por mencionar estos sucesos. El exparamilitar, Francisco Villalba, que en su momento declaró la vinculación del exmandatario en la masacre del “Aro”, fue asesinado. Ver el informe de la Comisión Colombiana de Juristas https://www.coljuristas.org/documentos/boletines/bol_n34_975.pdf Los testigos, algunos militares en retiro o paramilitares que notificaron en su momento y rindieron declaración de los hechos, luego con el correr de los años, han desaparecido en confusas circunstancias. Algunos cometen suicidio con las manos atadas y otros por muerte “accidental”, y en el menos abyecto de los casos, han cambiado sus versiones por temor a correr la misma suerte, otros debieron salir del país y exilarse para evitar tener un trágico final.

Pese al espiral de pruebas que implican al expresidente, la maquila que se utiliza para desviar y torpedear la información se ha sabido zigzaguear por testigos comprados por abogados de dudosa reputación que  a cambio de promesas por cambios de patio en la prisión, traslado del caso a la JEP por los crímenes cometidos, reducción de penas, etc. https://www.elespectador.com/noticias/judicial/las-pruebas-de-la-fiscalia-contra-el-abogado-de-alvaro-uribe-diego-cadena/ Sin embargo, las reiteradas declaraciones del único testigo que se encuentra privado de la libertad en una cárcel de Bogotá, Monsalve, alias “El Guacharaco” (apelativo por ser hijo del mayordomo de la hacienda “las Guacharacas” de propiedad por aquel entonces de los hermanos Uribe Vélez), tiene en apuros al exsenador de la República y a su abogado. Este testigo ha sido el único hueso duro de roer en este proceso.

Así las cosas, limpiar el nombre de este personaje, se ha convertido, no solo en todo un espectáculo de contradicciones, es la prioridad en un país con urgencias tan latentes como la situación de inseguridad en las capitales, las muertes de los líderes sindicales, el abandono del campo y el éxodo de los campesinos huyéndole al enfrentamiento entre las disidencias de la guerrilla, los reductos de los paramilitares por el control de los cultivos de coca, el asedio a periodistas que se atreven a divulgar en sus investigaciones los niveles de corrupción al interior del establecimiento, el mal manejo de las vacunas, la creación de un canal institucional para la propaganda del gobierno, la reforma tributaria que afectará directamente a los contribuyentes de la clase media, pues como dijo el ministro de hacienda, debemos ser austeros y hay que recortar presupuesto nacional. Pero ese discurso no es coherente cuando se firma un contrato por $14 billones para la compra de una flota de aviones de guerra.

El poder esta vez también extiende sus tentáculos con las instituciones de bolsillo como la Fiscalía y la Procuraduría; no se requiere ser un conocedor del intríngulis de las leyes, de las urdimbres que se tejen para que el caso sea precluido y esta vez también el zorro se saldrá con la suya. Recientemente en declaración ante la justicia, el expresidente y exsenador ha dicho: “A los 68 años, puedo decir que jamás he mentido” https://www.elespectador.com/noticias/judicial/alvaro-uribe-ante-la-justicia/  Con todo ese acerbo probatorio -como dicen los abogados- será que alguien diferente de sus áulicos ¿le podrá creer al exmandatario? Es difícil tapar con un dedo, el sol alumbra todos los días.

Así pues, en este caótico panorama, los colombianos de a pie nos hemos convertido en muebles desvencijados, artículos inútiles que yacen allá en el patio trasero, archivados a la intemperie del devenir de los días olvidados y despreciados por aquellos que algún día necesitaron de los votos que a punta de discursos emocionales y el cultivo de la narrativa del odio en un país que se debate entre el miedo, la zozobra y la desesperanza en las instituciones.

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