La mujer y la igualdad de derechos

Por: Dra. Cecibel Ochoa Yumbla

Al conmemorar el 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer, en diferentes medios de comunicación y redes sociales se recuerda a mujeres emblemáticas que, a lo largo de la historia han luchado por sus derechos; algunas de ellas, ofrendaron sus vidas por reclamar la igualdad de oportunidades para todos (hombres y mujeres). A nivel nacional, imposible olvidar el accionar de: Manuelita Sáenz, Nela Martínez, Marieta de Veintimilla, Matilde Hidalgo de Procel, etc.; pero, también se debería hacer mención a: Gaby, Lizbeth, Maribel, Marilyn, etc., quienes fallecieron, víctimas de femicidio, cometido, en la mayoría de casos, por sus parejas; ellas son nuestras heroínas que entregaron sus vidas, quizá por prejuicios de una sociedad severa, forjada al amparo de frases sin sentido como, “¡el matrimonio es para toda la vida!”, “¡aunque pegue, aunque mate…, marido es!” y otras semejantes; expresiones, todas, carentes de racionalidad en la formación de niños, niñas y jóvenes; menos en los actuales momentos. Formemos, integralmente a nuestros hijos, al amparo de valores, principios y virtudes; trabajemos mucho en fortalecer su autoestima, para que ante el primer signo de violencia se aparten de esa relación tóxica y denuncien ante la autoridad competente; si es relación laboral, denunciar de inmediato, actos de abuso de poder, intolerancia, irrespeto, acoso sexual, etc.

La violencia de género, que se vive a diario, en nuestro país y en el mundo, es física, psicológica y sexual. En el seno familiar, generalmente, los agresores sexuales son parientes cercanos de niños, niñas y adolescentes; en casos de violencia sexual contra la mujer, resulta insólito que ellas, siendo las víctimas, se declaren culpables por su forma de vestir, porque estaban fuera de casa a altas horas de la noche, porque consumieron alcohol, etc.; esta actitud de sometimiento, fomenta el machismo y la discriminación de género. Muchas mujeres, en el ámbito laboral, sufren, igualmente, violencia psicológica y sexual, por parte de sus superiores y compañeros; en el caso del abuso psicológico, no solo es del género masculino al femenino, también por parte de “jefes” mujeres, quienes acosan a sus subordinadas, violentando su derecho al reclamo ante las injusticias cometidas.

En cuanto a la igualdad de derechos y oportunidades, a lo largo del tiempo han sufrido grandes cambios en los roles de género, como la inserción de la mujer al mundo laboral, la libertad para decidir la propia sexualidad, el derecho al voto, mayor acceso a la educación y a la política, etc.; pero, aún se evidencia resistencia para contratar a mujeres en periodo de gestación, debido a que se genera ausentismo por complicaciones en el embarazo, el alumbramiento, período de lactancia, enfermedades de sus hijos, etc.; por ello, se debe promover la igualdad de oportunidades de trabajo para las mujeres, sin que sea un limitante la maternidad.

Pese a la modernización en muchos aspectos, todavía vemos en nuestro país, confrontaciones al parecer, irreconciliables; por un lado, los grupos feministas; y, por otro, los machistas a ultranza, cuando debiéramos unir esfuerzos y sobre todo, procurar cambiar la vieja concepción de desigualdad entre hombres y mujeres, desde el seno familiar; las mismas madres, en muchos casos, crían a sus hijos con la concepción patriarcal, donde al hombre se le considera “el jefe del hogar” y a la mujer, “el sexo débil”; es hora de romper estos arcaicos paradigmas; iniciemos este cambio radical, desde el hogar y en las escuelas, en donde no solo se debe hacer conocer los derechos de hombres y mujeres, sino inculcar valores como el respeto mutuo, tolerancia, etc.; y, fomentar la comunicación; aleccionar desde temprana edad a elegir la compañía de personas que les traten bien; y, enseñar con el ejemplo, sin violencia intrafamiliar; solo así se podrá formar adultos antiviolencia, construyendo nuevos núcleos familiares que no repliquen el mismo modelo de formación ancestral.

En los diferentes ámbitos de la sociedad debemos inculcar que, a la mujer se la respeta y valora, en todo tiempo y lugar; en el hogar, en el espacio laboral, en la calle, en el diario vivir; no solo un día, sino todos los días, con afecto, cariño, aceptación, admiración, dejando de lado los prejuicios de género; no se trata de una pugna permanente entre el más fuerte contra el más débil, sino procurar la igualdad de derechos para todos, mujeres y hombres de toda condición.  Como padres, eduquemos a nuestros hijos, a través del ejemplo, en el respeto y consideración a la mujer; y, a las hijas, a mantener el necesario equilibrio y ponderación en una relación; no abusar del respeto que le ofrenda un buen hombre.

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