Filosofando en la segunda ola de la pandemia (I)

Por: Gustavo Vega Delgado, rector de la UIDE

Corea del Sur ha pasado del subdesarrollo rayante en la miseria, al hiperdesarrollo súbitamente en no más de dos generaciones en el tiempo; contrasta con la visión arcaica –sin embargo potencia mundial atómica– con su hermano gemelo, Corea del Norte.

En Corea del Sur un conjunto de nuevas formas de racionalidad y de conocimiento a la vez de desarrollo inusitado de la tecnología se han observado en los últimos años. Marcas que son de dominio mundial en el campo de la high-tech son Samsung, LG, Hyundai y Kia.

En el campo del cine, Corea del Sur se ha manifestado con ahínco e identidad propia demostrando las superposiciones de una sociedad hiperdesarrollada pero tremendamente miserable en ciertos campos del acontecer humano. Cabe referenciar la película “Parásitos” (Bong Joon Ho, 2019).

En el campo de la filosofía, destaco ahora el aporte de Byung-Chul Han, uno de los teóricos que mejor ha desarrollado la interpretación del ocio, la productividad, la creatividad y sus múltiples influencias sobre todo ahora dentro de un capítulo amplio de vida de la pandemia del Coronavirus que ya ha cumplido un año.

Han nació en Seúl en 1959 y se formó fundamentalmente en Alemania; asevera que el tiempo laboral se ha convertido en un totalitarismo subjetivo dentro de lo que él llama “el tiempo absoluto”. Heidegger es el filósofo clásico que interpretó a profundidad la filosofía del tiempo, Bergson, judío francés y ganador de un Premio Nobel, trabajó en el concepto subjetivo del tiempo. Han incursiona en la filosofía del tiempo relacionándolo con el tema laboral y con el ocio.

Critica que el ocio laudable, patente de los griegos, ya no existe hoy; el negocio servía tradicionalmente para la productividad pero el ocio servía fundamentalmente para la creatividad. Han asevera que el tiempo festivo hoy es un tiempo de ociosidad, sugiere liberar la vida de la presión del trabajo y de la imperativa presión del rendimiento, de lo contrario la vida no merece ser vivida. Claro, el concepto filosófico de ocio laudable es la antípoda del fandango irresponsable en tiempos de pandemia.

Contrasta Han la sociedad del juego con la sociedad de rendimiento que autoexplota a la persona haciéndole creer que se está auto realizando; es una suerte de asesinato del “yo”, mientras más nos optimizamos, aniquilamos el alma libre; pero el ser humano no es solamente un homo habilis –aquel que labora– , sino es un hombre ludens –aquel que juega–.

En los últimos años los videojuegos y particularmente Netflix, han inundado el mercado de la recreación, el ocio se traduce en ver series que además atrapan compulsivamente a manera de adicción al vidente, lo que el filósofo Byung-Chul Han denomina “atracón de la televisión” a manera de una bulimia o conocido también como el binge watching; así como existen atracones gastronómicos, el homo videns se vuelve un bulímico de la imagen y esto puede producir mucha más visibilidad en muchos sectores poblacionales atrapados en una pandemia que les ha obligado a separarse del trabajo físico diario.

Es cierto que el teletrabajo ha reemplazado al trabajo físico y en sectores especialmente cortados de la sociedad, el teletrabajo se ha vuelto intensamente estresante; pero hay otro sector de la población en donde la ausencia de trabajo físico y telemático inunda la presión para que se vuelva anómica, en el viejo sentido de Émile Durkheim.

Negocio, ocio y ociosidad empero, contrastan con el desempleo forzado, más visible y lacerante durante la pandemia en países vulnerables.

El concepto de matar el tiempo es literal, el ocio por tanto deja de ser recreativo y pasa a ser una expresión del vacío de trabajo; se convierte en una especie de fast-food frente al slow-food que significa la recreación intelectual y placentera. Es un reemplazo del Eros –placer–, por Tánatos –muerte– siguiendo a Marcuse y Freud, lo que implica una discronía entre una visión en favor de la recreación placentera y el contraste con la recreación compulsiva.

El tiempo se atomiza, se altera el sentido de liberación; Byung-Chul Han desde Corea del Sur enfatiza que el tiempo ha perdido su fragancia, le falta el concepto de vida contemplativa de los viejos filósofos y teólogos que aspiraban que la misticidad o la contemplación de la naturaleza decanten en un placer espiritual.

La hiperactividad suprime la necesidad de recrear, no hay tiempo pleno, por tanto la civilización regresa a una forma de barbarie.

En efecto, los medios digitales en muchos campos otorgan mayor libertad pero a la vez se vuelven una forma fina de coerción a la que nos sometemos, el mundo digital de esta manera se vuelve un dogal.

En la doctrina de fondo, los gobernantes ya no gobiernan, twittean, descargando sus emociones ipso facto. El filósofo Han manifiesta que Trump es el primer presidente twittero, sin embargo, precisando la línea histórica me parece necesario mencionar que ya Bolsonaro ganó las elecciones twitteando.

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