Adiós a la democracia en un país donde la profesión del periodista es un peligro

Por: Jacqueline Murillo Garnica

Ejercer el periodismo en Colombia se ha vuelto una cuestión de riesgo, y máxime si el periodista se dedica a la investigación judicial. Se ha dicho que el país ha gozado de una de las democracias más rancias del continente. Frases de cajón mientras que la verdad es que el ejercicio del periodista siempre ha estado pendiendo del peligro de perder la vida, de arriesgarla por develar verdades que generan molestia.

En Colombia, entre 1977 y 2014 han sido asesinados 152 periodistas (Centro de Memoria Histórica), por razones de su oficio. De estos crímenes, solo el cincuenta por ciento han sido esclarecidos, el otro tanto ha quedado en la completa impunidad. Los motivos de estos crímenes están relacionados con las investigaciones que venían adelantando por el conflicto armado, situaciones de corrupción y narcotráfico. Una cifra que ha preocupado más a los organismos internacionales que al gobierno de turno. Algunos pocos han tenido que exiliarse en otros países para resguardar la vida y la de los más cercanos. Como una funesta coincidencia, en los periodos en que se ha recrudecido esta situación, han sido las épocas más cruciales de la historia de Colombia.

En el capítulo de Palabra y Silencio del CMH se analizan las repercusiones que ha tenido para la sociedad colombiana esta tragedia y se propone la necesidad urgente de reparación para la no repetición de estos crímenes. Se requiere de la concienciación colectiva de la equivalencia del periodismo para la sociedad y la democracia. A su vez, reconocer por parte del estado que no se les han dado las debidas garantías a los profesionales para ejercer su oficio sin poner en juego su vida. Sin embargo, no se puede pensar que fue un asunto de otras décadas y que la actividad del periodismo se ha convertido en una práctica autónoma también en las regiones del país que lamentablemente también han tenido su cuota de inmolación. La transformación del periodismo en Colombia se fue dando a partir de comienzos del siglo XX, pues se conoce la tradición periodística del país que hasta entonces estuvo íntimamente relacionada con la política, desde la colonia, la independencia y el advenimiento de la república. Hoy por hoy no se puede decir que el periodismo se ejerce en Colombia con plena autonomía y la historia nos recuerda que hemos vuelto a tiempos aquellos del maridaje entre la política y el periodismo.

De acuerdo con la Fundación para la Libertad de prensa -FLIP- estos asesinatos en su gran mayoría han quedado impunes, otros, han prescrito. Si en algunos se ha judicializado a los autores materiales, no se ha esclarecido los autores intelectuales. Dos casos que refiere la FLIP, la periodista María Eugenia Vásquez y el periodista Abelardo Liz fueron abatidos por la fuerza pública mientras cubrían los desalojos en las comunidades indígenas Nasa y Renacer Coconuco. Otro caso que se dio en circunstancias confusas fue el del periodista Guillermo Quiroz quien denunciaba aparición de panfletos, limpieza social que llaman, por parte de grupos armados, murió por los impactos recibidos por parte de la fuerza pública en un evento que aun no ha sido esclarecido. El periodismo tuvo un punto de quiebre en Colombia con el periodista Jaime Garzón, quien fue asesinado en Bogotá en el año 1999, su estilo crítico y mordaz lo ejercía magistralmente a través de la ironía. Fue creando inolvidables y singulares personajes, en ellos ponía el dedo en la llaga a la clase política y la cúpula militar del país.

Aunque la lista de estos lamentables hechos es larga en la historia del periodismo en Colombia, en el año 2019 fue ultimado por pistoleros, el periodista Libardo Montenegro, quien cubría y apoyaba todos los días desde la emisora Samaniego Stereo, los acuerdos de paz https://www.eltiempo.com/justicia/investigacion/desde-la-paz-con-las-farc-un-total-de-583-periodistas-han-sido-amenazados-en-el-pais-491086

“A mí me mataron el 25 de marzo”, https://www.elespectador.com/opinion/me-mataron-pero-seguire-levantando-mi-voz/ empezó así el relato el pasado 16 de marzo en donde compareció ante el Tribunal Internacional de Derechos Humanos, la periodista Jineth Bedoya quien fue víctima de violencia sexual, tortura y secuestro al salir de la cárcel La Modelo en Bogotá. Ejercía su función periodística en el diario El Espectador y adelantaba una investigación sobre la criminalidad dentro de esta cárcel, y los sucesos que se fueron dando por el enfrentamiento dentro del centro penitenciario entre los paramilitares y la guerrilla que seguían con el negocio del secuestro (compra y venta de secuestrados), el tráfico de armas y extorsión en el reclusorio. Las declaraciones que hizo Bedoya ante el tribunal fueron contundentes y muy valerosas en las que afirma con toda la valentía que “la violencia sexual nos quiebra en mil pedazos, pero indudablemente para mí sería reparador clausurar la cárcel La Modelo, donde sistemáticamente se cometen todos los tipos de violaciones a los derechos humanos”, también aseguró la periodista que “a los autores materiales hemos llegado no por el Estado, sino por nuestras investigaciones periodísticas. Hay tres condenas, pero de los autores intelectuales no hay investigación, aunque están identificados” https://www.elespectador.com/opinion/editorial/no-es-hora-de-callar-ni-de-seguir-agrediendo-a-jineth-bedoya/ Este doloroso suceso que vivió la periodista ocurrió el 25 de marzo de 2000 y su heroísmo ha sido la bandera de su fundación “No es hora de callar”, que se ha encargado de liderar y seguir investigando los crímenes de violencia sexual que se han venido cometiendo a lo largo de estos años contra las mujeres, como otra arma de guerra.

Con estupor vimos los colombianos como la representación del estado colombiano, en cabeza de su delegado, Camilo Gómez, director de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado, se retiró de la audiencia ante los señalamientos directos que hizo la periodista. Es palpable la inoperancia y desinterés del gobierno ante la barbarie de la violencia sexual. El caso de Jineth que ha sido emblemático para la sociedad colombiana todavía no ha cursado todas las instancias debidas para esclarecer la culpabilidad de los autores intelectuales de este delito. En palabras de esta valerosa mujer: “Mi caso no ha sido reconocido por la JEP. Está en justicia ordinaria. Yo creería que quien debe tener la voluntad de revisar el caso es la JEP, pero no sé si hay alguna intención. Después de cuatro años, el caso de violencia sexual en Colombia ni siquiera ha sido abierto por la JEP. La petición básicamente es que el caso de violencia sexual se abra. Creo que darle posibilidad a las víctimas de que puedan acceder a la verdad es indispensable para empezar a cerrar esos ciclos de violencia que hemos enfrentado durante tantos años”.

El director de la FLIP, Johathan Bock, ha mencionado que: “Es un acto sin precedentes que prende alarmas que nos preocupan mucho y tienen que ver con cuál es el compromiso del Estado colombiano frente a este juicio conde está siendo señalado por violaciones de derechos humanos y cuál será el sometimiento frente a la decisión que adopte la Corte. Además, este proceso debía tener un componente reparador, independientemente del fallo que fuera a emitir, y el Estado le ha negado esa posibilidad a Jineth”. https://www.elespectador.com/noticias/judicial/la-actitud-del-estado-es-otra-bofetada-contra-el-caso-de-jineth-bedoya-flip/ Esta audiencia ha sido la oportunidad que la periodista había estado esperando durante 11 años, cuando su caso fue llevado a los estrados internacionales, en aras de que el estado colombiano asumiera su responsabilidad, pero una vez más ha demostrado completa apatía y el aberrante caso no avanzó tampoco en esta ocasión.

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