Corruptela

Corruptela
Por: David Rubio Quintero

Con asombro vuelvo a evidenciar que la justicia es lenta, pero llega… llega en Europa, en la Gran Bretaña, en Estados Unidos, tal vez llega en algunos países del Asía Pacífico. Lo cierto es que se ha olvidado de América Latina, y de su gente, de sus necesidades. Y desde mi perspectiva es muy diciente que Nicolas Sarkozy, expresidente de la República Francesa entre 2007 y 2012, enfrente tres años de cárcel por corrupción, tráfico de influencias y sobornos[1].

Si bien, claramente tres años no son nada, si se le comparan con la cantidad de beneficios y preventas que logró como presidente frente a las demás ramas del poder público, como por ejemplo, disuadir investigaciones por uso de dinero ilícito en las elecciones de 2006; mitigar los vínculos de Sarkozy con la multinacional del maquillaje y productos de belleza L’Oreal y los múltiples apoyos financieros, además de alterar el alcance del poder ejecutivo y trastornar la integridad de las instituciones públicas que representan estos infaustos “servidores públicos”.

En consecuencia, es fundamental hacer una comparativa entre Suramérica y Europa, donde este último -por lo menos- muestra atisbos de los funcionarios culpables, los políticos implicados y las triquiñuelas que usaron para sacar el máximo provecho de su posición y poder confiado; puede que nunca veamos a Sarkozy entrando a una penitenciaria en Francia -es lo más probable-, pero por lo menos la justicia ya lo señala como responsable y culpable, es decir, no existe -al menos en el caso francés- una impunidad y descaro tan evidente como en Latinoamérica, al menos se adelantan acciones legales con feliz término.

En contraste, ¿Qué es lo que pasa en la región que no se avanza contra los corruptos, mafiosos, testaferros y sus derivados?, me atrevería a decir en un primer momento que la justicia es supremamente débil y lenta en la región[2]; por otro lado, al igual que los hiperpresidencialismos del siglo XXI[3], los organismos judiciales se han visto implicados en prácticas corruptas[4], que hacen que pierdan legitimidad y respeto por parte de la ciudadanía; de igual forma, esta misma sombra presidencial se ha apoderado de los cargos de control, nombrando amigos, conocidos o miembros del partido.

En consecuencia, la situación resultante son instituciones débiles en manos de individuos que no se preocupan por tener los principios de transparencia y celeridad, es decir, no se hace control fiscal, control político e investigaciones a los máximos dignatarios de los gobiernos; aunque generalmente y solo como tendencia posterior y arma política se investiga a los expresidentes[5].

Ante este desolador panorama, solo puedo mencionar dos caminos prudentes para matizar las prácticas políticas y generar una serie de dudas a mis lectores, el primer escenario se enfoca en el tradicional spoil system[6] y sus vínculos con los partidos políticos, la administración pública y los procesos electorales, esta identificación nos lleva a reconocer que la corrupción, es un ciclo que ha existido siempre y que pervive gracias a la propia naturaleza humana, es decir, que su lucha se ha realizado desde tiempos inmemorables; bajo este argumento lo que ocurre es que las instituciones y mecanismos para hacerle frente no avanzaron con la misma velocidad y efectividad, en parte por la primacía del interés personal sobre el particular.

En el segundo enfoque, la situación se masifica aún más que el primero, adquiriendo una visión regional y debo recurrir al mensaje propuesto por Álvaro Gómez Hurtado, quien en sus palabras reconoce esa dinámica retorcida, oscura y privilegiada de unos pocos que configuran el régimen, aplicable inicialmente al caso colombiano y que desde el siglo pasado se presenta como un Leviatán[7], muy similar a lo planteado por Thomas Hobbes, así:

“El Régimen es un conjunto de complicidades. No tiene personería jurídica ni tiene lugar sobre la tierra. Uno sabe que el Gobierno existe porque uno va a Palacio y alguien contesta, que resulta por ejemplo el Presidente de la República, y va al Congreso y ahí sale su presidente, pero el Régimen es irresponsable, está ahí usando los gajes del poder, las complicidades. El Presidente es el ejecutor principal del Régimen, pero esta preso. A mi me da pena repetirlo, pero el Presidente es preso del Régimen. El Régimen es mucho más fuerte que él …” (Constain, 2019, p. 39)

Suramérica ha caído en manos de un régimen tan ordenado, poderoso y grande que individualmente no existe forma de hacerle frente, tal es el caso de Odebrecht, que tiene en vilo a gran parte del continente y que después de varios años de investigaciones no se ve un norte claro.

Finalmente, ¿Qué nos hace falta para ver a esos pillos tras las rejas?, ¿de verdad nos merecemos a esos cafres en el poder? Y no menos importante ¿hasta cuándo tendremos que lidiar con esos “servidores” faltos de ética?, la respuesta a estas interrogantes no es fácil, como tampoco es fácil dilucidar la maraña de trampas que hacen día tras día.

Bibliografía
Bolonha, C., Rangel, H., y Corrêa, F. (2015). Hiperpresidencialismo na América Latina. Revista da Faculdade de Direito UFPR, 60(2), 115–140.
Constain, J. E. (2019). Álvaro: Su vida y su siglo. Penguin Random House Grupo Editorial Colombia.
Ortiz Ortiz, R. (2018). Los problemas estructurales de la Constitución ecuatoriana de 2008 y el hiperpresidencialismo autoritario. Estudios constitucionales, 16(2), 527–566.
Penfold, M. (2010). La democracia subyugada: El hiperpresidencialismo venezolano. Revista de ciencia política (Santiago), 30(1), 21–40.


[1] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-56242458
[2] Tanto por cuestión de destinación de fondos, como de personal.
[3] Situación que se extiende a lo largo de la región sin excepción (Bolonha et al., 2015; Ortiz Ortiz, 2018; Penfold, 2010).
[4] Como por ejemplo el caso de Perú (https://elpais.com/internacional/2020/01/11/actualidad/1578768729_670279.html); el caso de Colombia (https://www.eltiempo.com/justicia/delitos/que-fue-el-cartel-de-la-toga-y-quienes-son-los-investigados-227456); y el caso de Argentina (https://www.nytimes.com/es/2019/04/05/espanol/opinion/argentina-corrupcion-cicig.html).
[5] Generalmente del partido opuesto y cuando ya ha dejado por completo el poder, usando a las instituciones y sus cargos para adelantar las rencillas personales.
[6] Es la práctica electoral en donde quienes ganen las elecciones se quedan con todo el botín, entendiendo por botín los cargos públicos, las entidades, los recursos públicos con su respectiva destinación y gasto.
[7] Superior a las instituciones públicas, a las necesidades sociales, a las demandas colectivas, a la propia democracia y régimen electoral; de allí se hace alusión a ese monstruo bíblico retomado por Hobbes, superior al Estado y sus dirigentes.

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