Entrevista al rector de la Universidad Católica de Cuenca (Ecuador).

“Hoy en día, universidad que no investiga, no es universidad” (Dr. Enrique Pozo).

Por: José Manuel Castellano

Esta entrevista en profundidad, al rector de la Universidad Católica de Cuenca, aborda tres grandes ejes temáticos: su mirada ante la situación geopolítica actual; su concepción sobre el desempeño universitario ecuatoriano; y una valoración sobre su primer periodo de gestión al frente del rectorado, las adaptaciones implementadas durante la emergencia sanitaria y las perspectivas y estrategias de futuro con respecto a la nueva etapa que acaba de iniciar tras ser designado nuevamente máxima autoridad de este centro universitario, que el pasado mes de septiembre conmemoraba sus 50 años de existencia.

Enrique Pozo Cabrera, actual rector de la Universidad Católica de Cuenca (Ecuador), es Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Doctor en Jurisprudencia y Abogado de los Tribunales de Justicia, Especialista en Derecho Administrativo, Diplomado Superior en Derecho Constitucional y Derechos Fundamentales, Especialista en Docencia Universitaria, Magister en Derecho Constitucional, Especialista en Derecho Administrativo, Magister en Derecho Constitucional, Doctor en Derecho por la Universidad de León (España), Catedrático Universitario en la Universidad Católica de Cuenca, Catedrático de Postgrado Especialidad en Docencia Universitaria, exDecano de la Unidad Académica de Jurisprudencia, Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Católica de Cuenca-Azogues.

Rector Universidad Católica de Cuenca, Dr. Enrique Pozo (PhD).

¿Nos gustaría conocer su visión de la situación geopolítica internacional sobre ese pulso entre EE.UU., China y Rusia junto al surgimiento de conflictos sociales en el mundo occidental?

Recordemos que el mundo de las relaciones internacionales estuvo dividido ideológicamente tras la cortina de hierro. Luego, tras la caída del Muro de Berlín, la Perestroika y Glasnost, ese muro ideológico que dividía al mundo fue aniquilado. En cambio, hoy vivimos presiones, que si bien es verdad tienen algún tinte de carácter ideológico, pero no es exactamente lo mismo. Un mundo bipolar, que está dirigido por los EE.UU., por un lado, y China, por otro, y en el que desea ingresar Rusia con su nuevo liderazgo, con un estilo de gobierno completamente distinto y que influye en Europa y en América Latina. En este nuevo escenario se combina la lucha por derechos sociales, que han ido ganando para bien, como los grupos LGTBI, matrimonio igualitario y el discurso que nace del feminismo. Esto hace que nos encontremos hoy nuevamente en una contraposición pero creo, que ya no es una contraposición ideológica, es una contraposición de prevalencia de derechos sociales, culturales y económicos. Y de otro lado, desde los derechos de la libertad. Ahí se encuentra esa bipolaridad, ese desencuentro, que poco a poco va a ir ganando un espacio en el diálogo, en el debate, y para ello es indispensable que los gobiernos manifiesten acciones que permitan definir con claridad hacia dónde va el resurgimiento, la conquista y la mejora de los derechos de carácter fundamentales. Hoy existen Estados denominados democráticos constitucionales, pero si es que esos Estados no se vinculan a los Derechos Humanos, no procuran su desarrollo y su avance, son Estados, que por más que se tilden de democráticos y constitucionales, no lo son sin precautelar los Derechos Humanos y fundamentalmente los derechos económicos sociales y culturales.

Descendiendo al ámbito latinoamericano, después de una etapa de crecimiento económico nos encontramos ahora con una fase de estancamiento y probablemente con una previsión futura complicada en todos los aspectos ¿Qué papel está jugando América Latina en el escenario internacional?

Creo que hay un desenfoque lamentablemente de los gobiernos. Los gobiernos deben entender que cuando se apuesta y se invierte en educación, y esto está demostrado en el mundo, son gobiernos que prosperan y que se desarrollan. Si es que los gobiernos pretenden vivir  e inclusive generar dádivas, a través de lo que la naturaleza nos brinda, de la explotación petrolera y, a través de esos recursos, generar obra pública o ser generosos con los distintos grupos sociales, eso a la postre se acaba y nuevamente se cae en la pobreza, en la desazón, en la desesperanza de un pueblo. Pero cuando se invierte en el talento humano, en la persona, en su desarrollo, los pueblos surgen a través del esfuerzo, la capacidad de esas personas a las que se les ha formado. Creo que la dirección de los gobiernos en América Latina no está orientada hacia buscar la prosperidad de los Estados invirtiendo en educación, lo hacen a través de extraer de la empresa privada, a través de los impuestos, recursos para luego generar una distribución. Además estoy plenamente convencido que los Estados deben cambiar su manera de distribución de la riqueza, que lo han fundamentado en la eficacia y en la eficiencia que son temas eminentemente económicos pero no se asienta en la justicia de carácter distributiva, es decir, los Estados procuran entregar a las ciudades, a las provincias, para poner en el contexto del Ecuador y su división geopolítica interna, lo hacen en razón del número poblacional, la extensión territorial, de las necesidades insatisfechas, pero en ningún momento la transversalizan desde la justicia social, que es fundamentalmente en donde debe aterrizar toda preocupación de los gobiernos que pretendan desarrollar efectivamente los pueblos. Para que esto se dé es indispensable que los gobiernos analicen, visualicen que el orden de prelación debe estar en la distribución de la justicia social, que permite que los pueblos se desarrollen. Lo primero que debe hacerse en este caso es pensar en la educación, en la salud, en el transporte, en la vialidad de los pueblos. Eso genera desarrollo, eso genera igualdad. Si usted quiere un gobierno que pretenda distribuir los recursos, es un gobierno eminentemente recaudador, pero si usted desea que un gobierno desarrolle, procure bienestar, lejos de pensar en la recaudación, y brinde facilidades a todas y cada una de las personas que deseen invertir, que deseen arriesgar, que deseen poner todo su capital y esfuerzo para generar trabajo y desarrollo pero para ello es indispensable pasar por educar adecuadamente a la población. La inversión en educación es esencial para todo Estado que pretenda desarrollar su justicia social.

Me ha recordado una entrevista realizada hace algún tiempo al canciller Ángela Merkel, donde le preguntaban porque había invertido tanto en la educación durante su gobierno y ella contestaba “por qué nos sale más caro la ignorancia”.

Por supuesto. Hay un meme que trata de estimular a la educación y señala que es mucho más liviano cargar un lápiz que una pala o un azadón. Eso lo debe tener en cuenta los gobiernos, que lo que tenemos que poner en las manos de las personas es un lápiz, un libro, una formación adecuada, que de hecho hay que transformarla. Creo que la educación tiene que caminar hacia un efectivo constructivismo, basado en metodologías activas. El estudiante junto al docente tiene que involucrarse en los problemas que tienen la sociedad y plantear alternativas de solución. La escuela, el colegio y, fundamentalmente, la universidad deben ser generadora de nuevo conocimiento, de nueva ciencia y de alternativas de solución a los distintos problemas. Los Estados tiene que darse cuenta que deben descentralizarse, inclusive en la formación, tienen que permitirse que las escuelas, los colegios tengan autonomía y libertad de cátedra. El desarrollo de los pueblos tiene que basarse en el pensamiento humano y en su libertad.

Dr. Enrique Pozo Cabrera.

Para cerrar este primer bloque, también me gustaría conocer su mirada general sobre la situación ecuatoriana y de forma específica sobre el proceso electoral en estos momentos y su perspectiva de futuro.

Creo que es indispensable que el Ecuador hoy reflexione sobre el sistema de gobierno que tenemos anclada a una constitución. La pandemia demostró que el centralismo no funciona, que el centralismo es ineficiente, que no puede dar respuestas a las distintas necesidades que tienen las colectividades, las provincias y las ciudades. Se hace primero indispensable una profunda descentralización con autonomías en el Ecuador. Dos, es necesario que el Ecuador se decante por unos partidos políticos que sintonicen con las necesidades de los pueblos, permitir que los movimientos políticos, que son buenos como mecanismos de presión y obviamente así inclusive lo denomina la ciencia política, puedan activarse para solucionar determinados problemas. El activismo es necesario para solucionar puntuales problemas pero cuando se les permite la participación política a todos, lejos de convertirse en una efectiva democracia lo que hace es pauperizar la democracia, liquidarla. Es lo que hoy estamos viviendo con 16 candidatos a la presidencia de la República. ¿Financiados por quién? Por el pueblo ecuatoriano. Todo el mundo cree que puede ser presidente de la República o quiere hacer constar en su currículum que fue candidato a la presidencia la república, cuando no alcanza el 1% de la votación. Eso tiene que acabar. La libertad y la igualdad tienen que partir de ciertos propósitos fundamentales, que permitan que los ciudadanos puedan escoger entre los mejores y no entre los menos malos. Eso desde el punto de vista de participación. Toda participación es buena y si se la debe fomentar pero dentro del marco efectivo de una democracia igualitaria, que permita la igualdad en libertad. Tercero, considero que el pueblo ecuatoriano necesita activar nuevamente la participación política, en vez en la desazón el desinterés, el “quemeimportismo”, al que le han conducido los políticos ecuatorianos. Realmente no tiene una medida de comparación dentro del contexto nacional. Estamos viviendo la peor época de participación de carácter político. Si usted pregunta a ciudadanos de mi edad hacia adelante y les pide comparar entre el Congreso de 1979 a 1984, le van a decir que allí estuvo la talla intelectual política más grande que tenía el Ecuador, debates ideológicos con profundidad, reflexiones sobre el bienestar del pueblo ecuatoriano, muy lejos de este debate a gritos, que nadie entiende, o este debate en el que quieren imponer la verdad a patadas, que nadie comprende, y que no existen leyes que hayan fomentado, que hayan permitido ni la igualdad entre los ecuatorianos, ni el desarrollo en libertad. Han sido intereses particulares, grupales, los que se han impuesto en el parlamento. Consecuentemente hoy el porcentaje de credibilidad que tiene es inaceptable. Debemos, por otro lado, comprender que aquello que ya lo vio Locke, Montesquieu, que lo vieron los fundadores de los EE.UU. y de su Constitución, la división de poderes o el balance de poderes, lo que pretendía y lo que pretende es que el ejecutivo sea exclusivamente administrador del Estado, que esté lejos de la participación de los otros poderes. En el Ecuador la conjunción de poderes, esa participación del presidencialismo fuerte sobre los otros poderes del Estado, nos ha llevado a una crisis. Es el momento de reflexionar profundamente en el Estado que creemos, en el sistema de gobierno que pretendemos y en la clase de legisladores que queremos en la legislatura. Creo que es indispensable bajar el número de legisladores y tener otra cámara. Una cámara que decante toda esa esa hojarasca política, que llega a través de propuestas de carácter legislativa, muchas veces demagógica y sin sentido, que no se conectan con la realidad del pueblo, para que personas serenas, maduras a través de la cámara del senado, como lo vivíamos desde de 1978 vuelva al Ecuador para que con serenidad, transparencia, honestidad y profundo compromiso con el pueblo ecuatoriano esto pueda cambiar.

El proceso electoral, que todavía estamos viviendo y a la espera de que finalice el recuento y conocer quién de esos dos candidatos en disputa, Lasso o Yaku, pase a la segunda vuelta ¿Que lectura tiene usted sobre esta situación y su proyección?

Se han definido muy claramente tres posiciones en el Ecuador. Una posición de la izquierda liderada por el presidente Correa, una posición que yo diría liberal democrática que se encuentra desde el Javier Hervás hasta Lasso y una posición, que desde mi punto de vista, es la que efectivamente ha triunfado hoy en las elecciones en el Ecuador, que es el movimiento indígena; que ideológicamente en su interior hay mucha división, no podría darle un calificativo efectivo de qué ideología es la que gobierna a este movimiento, se dicen de izquierdas pero hacen planteamientos que son completamente liberales, o se dicen liberales y hacen planteamientos completamente igualitaristas, es decir, ahí existe un sinnúmero de pensamientos ideológicos dentro del movimiento indígena, pero creo que es el gran triunfador de las elecciones, más allá de que no pase a la segunda vuelta electoral. Ellos son los que efectivamente ganaron, nunca han pasado de un 5, un 6 o un 7% en ninguna elección, que es el número poblacional de indígenas que existe en el Ecuador pero superan ampliamente eso desde punto de vista el liderazgo de Yaku Pérez ha sido el que la ha llevado ha conducido al movimiento indígena a convertirse hoy por hoy en la segunda fuerza política ecuatoriana. De hecho ellos son los que en este momento deberían convocar a la paz, a la tranquilidad, hacer que se olviden de ese movimiento de Octubre que fue un movimiento que aún se encuentra en la retina del pueblo ecuatoriano todo lo ocurrido. Hoy tiene que ser un movimiento que llame a la paz, a la cordura y que haga planteamientos que permitan un encuentro de paz entre los ecuatorianos. Creo que la gran responsabilidad, así como haber llegado electoralmente a convertirse en la segunda fuerza política en el Ecuador, hoy la gran responsabilidad de este movimiento es hacer que el Ecuador se convierta en un Estado de paz, de progreso, de bienestar y de acuerdo. Los acuerdos políticos no son malos cuando son transparentes, los acuerdos políticos en democracia son inclusive necesarios, indispensables, lo que no está bien es que se vuelva a través de la troncha, el famoso “Due e des”, te doy para que luego recibir algo, que se ha implantado en muchos Estados que son bicamerales o inclusive en los estados parlamentarios cuando se busca la troncha y el beneficio propio o de grupo y no el beneficio de la gran mayoría. Creo que es la hora de que Yaku Pérez y todo el movimiento Pachakutik levante la bandera de la sensatez y que sean los que impongan el nuevo ritmo del diálogo político en el Ecuador. Un diálogo abierto, franco, transparente y que se lleguen a acuerdos que vayan en beneficio del pueblo ecuatorial.

Jugando a pronosticar, evidentemente estamos todavía en una fase previa, no sabemos quién va a acompañar a Arauz en la segunda vuelta pero planteando dos posibles escenarios y con sus consecuencias sociales y políticas en el país podríamos tener dos opciones: Arauz y Lasso o entre Arauz y Yaku, que evidentemente proyectarían dos realidades bien distintas, a lo mejor, la primera con más tranquilidad institucional desde el punto de vista de estabilidad del gobierno, pero también puede levantar ampollas de revanchismos, en el supuesto caso que se decantara la victoria por Arauz. En cambio, la segunda opción el peligro para Arauz es Yaku, que tendría más posibilidades de acceder a la presidencia pero probablemente su gobierno estaría sometido a un fuerte proceso de presión e inestabilidad ¿Cómo ve usted este planteamiento?

Creo que ya está definida la segunda vuelta electoral entre Arauz y Lasso, ya está a un 99,90% de las actas escrutadas. No creo que eso vaya a variar de ninguna manera. Creo que la segunda vuelta se va a definir entre Lasso y Arauz. Yo quisiera equivocarme en la percepción, se lo digo con toda sinceridad, llegue el que llegue, la situación en la que vive el país se va a volver ingobernable, confrontativa y por eso insisto el gran responsable de poner la paz en el ecuador va a ser Pachakutik; si es que ellos asumen una posición de confrontación con Arauz si llega a la presidencia o con Lasso si llega al gobierno. Esa confrontación va a ser, desde mi percepción y quisiera equivocarme, muy dolorosa para el pueblo ecuatoriano. En cambio, si Yaku Pérez -liderando como ha liderado el movimiento Pachakutik, llevándolo a ser la segunda fuerza política en el Ecuador- se convierte en el gran convocante de la paz, de la unidad, de la solidaridad, de la sensatez política en los acuerdos necesarios indispensables parlamentarios para hacer leyes en beneficio el pueblo ecuatoriano, se convertirá en contrapunto indispensable. Todo gobierno necesita, requiere oposición, una oposición crítica una posición de carácter constructiva eso es necesario, que se convierta en el contrapunto, necesario e indispensable, sin la agresión. Si Yaku lideran un nuevo estilo político se puede convertir en el salvador de la República pero si se marginan, si van por la propuesta de la agresividad, del negativismo, de la oposición por oposición, créanme, ningún gobierno, sea el de Arauz o sea el de Lasso, esperemos que al menos concluya su periodo democráticamente.

El contexto es complejo y además tiene que vivir con el duro trance de la situación económica. Como pregunta de transición para el segundo bloque voy a exponerle un planteamiento con la idea de conocer su perspectiva al respecto: el mundo ha cambiado pero la universidad parece está paralizada, encerrada en sí mismo, ante la situación actual, vive de espalda a la sociedad, al presente, al futuro, porque que no le importa mucho, ni le interesa lo que está sucediendo en el mundo. Prueba de ello, es que no hay espacios universitarios, no hay oportunidad para generar cuestiones básicas, como mirar, debatir analizar y reflexionar sobre lo que está pasando en el mundo. ¿Usted cree que la universidad tiene que tener un mayor protagonismo, compromiso y responsabilidad en el ámbito ya sea internacional, regional, nacional y local, es decir, dónde está la universidad ante los temas que están pasando en el mundo, cómo ve usted este planteamiento?

En el discurso de posesión de este segundo período decía que hay que volcar los ojos hacia la universidad de la esperanza. La esperanza también está construida de sueños indispensablemente y las utopías son necesarias porque nos permiten caminar, avanzar hacia lo que nosotros deseamos. La universidad, coincido con su análisis previo a la pregunta, está de espaldas a la realidad mundial. Los jóvenes aspiran a tener una oportunidad de ingresar a la universidad pero no a la universidad clásica. Hay que dar un paso más adelante, hacia una universidad que, permítame hacer una comparación que puede ser absolutamente burda pero que me permite dar un ejemplo, que ofrezca a la carta la educación a los jóvenes, porque los jóvenes desean estar educándose con que ellos quieren sobre lo que ellos quieren y que esta universidad tiene ser telemática, presencial, diversa en todas y cada una de las metodologías, que les permitan los jóvenes llegar a ella, al claustro cuando lo deseen o estar en su casa o en su trabajo o en su vehículo estudiando lo que ellos quieran, es decir, hay que romper esa estructura de malla cerradas hay que abrir la universidad hacia lo que desean los jóvenes. Mallas abiertas que ofrezcan lo que ellos desean, permitiéndoles encontrar ese espacio de desarrollo y de trabajo con habilidades y destrezas, creadora. La universidad cerrada ya no puede existir, hay que permitir que la universidad se abra al mundo, eso es lo indispensable. No esperar que el mundo venga a la universidad. Una universidad abierta al mundo, una universidad que se integre en el mundo, una universidad que pueda tener estudiantes no necesariamente ecuatorianos, formándose en altísima calidad con una oferta y una malla curricular adecuada a los jóvenes y que les permita desarrollarse y tener un título de una universidad ecuatoriana en cualquier parte del mundo para desarrollar su actividad de carácter profesional y fundamentalmente preparado en investigación, para que los jóvenes puedan plantear alternativas de solución a los distintos problemas que tiene la sociedad. Los jóvenes quieren ser parte del desarrollo, quieren ser parte del cambio y la universidad debe posibilitarle  ese cambio y esa estrecha relación con el desarrollo.

En este mundo internacionalizado parece que la universidad ha perdido ese cuño de origen de universalización. En ese sentido cuál cree usted que debe ser el desempeño actual de la Enseñanza Superior. Hacia dónde debe caminar, pues la universidad se ha convertido, en cierta manera, en una etapa de ampliación del Bachillerato, con todo lo que implica. Por otro lado, se promueve una “universidad para todos” y por otro se limita con los cupos, además, de la ampliación del número de años (cuatro años de licenciatura, dos años de maestría o cinco años de doctorado). La universidad parece que se ha transformado en una fábrica de mano de obra para el mercado actual con el agravante de una ausencia de inserción en el mundo laboral, generando una legión de licenciados desempleados o desempeñando otras funciones para la cual no fue formado y con los costes que conlleva esa formación… ¿Educación, masificación y calidad son términos compatibles?

Primero, creo que el enfoque de la universidad tiene que cambiar. La universidad no debe sólo pensar en ser formadora. La universidad debe pensar en ser transformadora de la sociedad. Si se dedica a replicar el conocimiento o a generar un nuevo conocimiento, vamos a pasos muy lentos en esa transformación. Si abrimos la universidad, como tú dices José Manuel, hacia una universidad que llegue hacia los distintos colectivos no solamente va a darles un título que estarán mañana o pasado siendo licenciados sin realizar su actividad. La formación del estudiante universitario tiene que ser hoy, fundamentalmente, en investigación. Hay que buscar las metodologías activas, el gran paso el gran salto que debe dar la universidad ecuatoriana creo que toda la educación tiene que ser a través de la educación basada en la investigación, basada en problemas, de la educación basada en proyectos y de la educación basada en casos. Ese encuentro frontal del estudiante con la realidad le va a transformar en profesional y, a la vez, también en una persona que busca la transformación para el bien de su pueblo. Tú has dicho una gran verdad incuestionable hoy, la Educación Superior se ha convertido simplemente en una proyección del bachillerato. Hoy todas las instancias que permiten el empleo, sea en el gobierno o sea en una empresa privada ya no buscan al profesional, buscan a que tiene el posgrado, al que tiene el doctorado, porque la formación específica es la que va dando mejores resultados. Sí esa es una realidad, porque no en consecuencia con ello convertir al pregrado ya en existencia específica de desarrollo para el bienestar del estudiante universitario. Por ello digo que es indispensable darle libertad de autonomía plena a la universidad, responsable sí y ahí conectado a lo que tú has señalado hace un instante educación más calidad. La calidad de la Educación Superior debe ser la clave del éxito para una efectiva formación del estudiante universitario pero con mallas abiertas, que le permita al profesional emprender y desarrollar actividades vinculadas al medio y que permita a la sociedad confiar en la universidad. Las universidades hemos invertido en extraordinarios laboratorios, en profesionales, hemos capacitado en el manejo de la tecnología, en las herramientas de investigación para mostrarle a la colectividad todo lo que es la universidad. Pero la industria, el comercio, el poder político no confía en la universidad. La universidad está investigando, está planteando alternativas de solución pero es como un grito en el silencio, es como un grito desesperado que nadie escucha. Por poner un ejemplo tres universidades cuencanas, la Universidad del Azuay, la Universidad de Cuenca y Universidad Católica, hemos desarrollado un método para identificar el covid, un método denominado salival, mucho más barato que el hisopado, mucho más rápido Lo pusimos en consideración de las autoridades de salud y de los gobiernos locales, sin ningún éxito. Y vemos que el desarrollo de la investigación científica en el campo de la salud está atado al centralismo, a través del departamento del Ministerio de Salud Pública, que controla la investigación científica en materia de seres humanos y el control de la bioética. En ningún Estado un ente distinto al de la universidad lo controla, ese centralismo absurdo no permite su desarrollo. O por ejemplo, en el campo de la educación, el Educador se forma para ser empleado, no es una provisión libre, pues pasa a ser profesor de la educación pública o profesor de la educación privada, y no puede generar en libertad su profesión; porque no puede generar su propio claustro en materias formativas sin que el Ministerio de Educación lo autorice. Hoy, perdónenme la expresión por lo grotesco que la voy a decir, los docentes salen en el Ecuador para ser esclavos del sector público o del sector privado. No es una profesión libre, hay que generar libertad en la docencia con pertinencia en el medio. No estoy de acuerdo con el centralismo que impone la formación y los textos en los distintos sectores. Los jóvenes deben también empatarse con sus propios de héroes, como en los sectores rurales, con aquel que labró la tierra, con aquel que hizo el primer camino para llegar a ese sector rural. Está bien los héroes nacionales que nos dieron la libertad independencia pero también hay héroes locales, que deben generar la autoestima de esas colectividades y para ello cambiar la estructura de la educación y fundamentalmente del educador debe ser un educador de un ejercicio profesional libre. Hacia allá debemos conducirnos y para ello insisto la universidad debe dejar de ser un claustro. La universidad tiene que ser abierta libre y con mallas que le permitan fundamentalmente compatibilizarse con la realidad que viven los pueblos.

Ante el debate sobre los cupos de acceso a la universidad ¿Cuál es su posición al respecto?

La universidad mientras siga pensando en el claustro va a estar siempre limitada, porque va a estar sometida al espacio físico, pero cuando abrimos la universidad, la universidad en línea ha alcanzado un éxito en el mundo. Porque no podemos pensar que la universidad ecuatoriana puede ser un éxito en el Ecuador, abierta a los ecuatorianos con una universidad en línea, con universidad virtual, con mallas abiertas. Los cupos deben poner a la universidad, cupos para para la presencialidad, cupos para la educación en línea, pero una universidad abierta. Estoy de acuerdo con las regulaciones pero tienen que regularse en lo mínimo, tienen que darle las reglas mínimas para el desarrollo y permitirle que la universidad de autonomía, genere sus cupos, establezca los lugares en las que quiere enseñar, cómo desea enseñar, qué desea enseñar pero fundamentalmente con una universidad casada con los problemas que tiene la colectividad y planteando alternativas de solución. No creo que la universidad pueda sostenerse en este mismo statu quo. La universidad debe cambiar, el mundo está cambiando permanentemente y la universidad es parte de este mundo. La Universidad es esencialmente social y, por tanto, cambiante. La universidad se debe transformar como mínimo con los cambios de la sociedad, porque la universidad al ser un pensamiento, al ser debate permanente, como decidías tu hace un instante, debe estar un paso antes de las transformas de los movimientos de la sociedad. La universal tiene que jalar a la sociedad para su bienestar. Creo en esa universidad y creo que así debería ser el planteamiento que se debería realizar en la Educación Superior ecuatoriana.

Usted ha señalado la burocracia como uno de los problemas acuciantes pero existe también otro componente paralizante en el mundo universitario: la administración interna, que ejerce un desmedido control sobre los docentes, que crea un clima de desconfianza, malestar, desmotivación, sobrecarga y que distancia al docente de su principal labor ¿Cómo ve usted ese tema?

Efectivamente, creo que en los últimos tiempos estamos viviendo otro tipo de secuestro de la libertad de cátedra y de la autonomía universitaria, que a lo mejor es imperceptible. Docentes volcados a generar evidencias, documentos, pasan horas generando evidencias y gestión administrativa burocrática para justificar una tarea. Cuando la manera que debe justificar un docente su tarea es a través de los resultados de la formación, es a través de la enseñanza-aprendizaje con los estudiantes. Creo que esa manera de enclaustrar al profesor universitario debe desaparecer. Es indispensable que exista un control, por supuesto, pero ese control tiene que ser mínimo y al docente hay que darle más libertad para que genere más y mejor conocimiento. Estoy convencido que el profesor que más investiga es mejor profesor; estoy convencido de que sólo la libertad de cátedra va a generar un avance y un desarrollo en el nuevo conocimiento; estoy convencido de que la libertad que sólo a través de la libertad de investigación habrá un nuevo conocimiento y que sólo a través de la libertad de expresión de la universidad va a generarse un debate en busca de verdades nuevas para romper dogmas y que deje la universidad de convertirse en sistemas dogmáticos o de adoctrinamiento para convertirse en medios de permanente desarrollo y generación de nuevo conocimiento. Creo que debe existir regulaciones, por supuesto, pero regulaciones que deben establecer unos mínimos para que la universidad se pueda desarrollar en el marco de la autonomía, que responda a la colectividad y cómo debe medirse ese involucramiento con la sociedad a través del impacto que realicen en la generación de nuevos conocimientos; generando desarrollo y bienestar para las colectividades; generando nuevas metodologías de enseñanza; generando nuevos rumbos hacia una educación de calidad dentro de la educación de carácter superior, es decir, el gobierno debe establecer los estándares mínimos para su desarrollo y la universidad a partir de allí desarrollar en autonomía y en libertad todo el cambio que desee realizar en la sociedad.

Universidad Católica de Cuenca.

¿Cuál es su visión sobre el desempeño docente en el ámbito universitario?

Parto de la libertad, como la esencia que nos permita generar un nuevo conocimiento. Desde ese punto de vista la vinculo a la libertad de cátedra, a la libertad de investigación y, obviamente, a la libertad universitaria en función de la vinculación con la colectividad. Ahora bien, esa concepción de libertad, como ha señalado Isaiah Berlin, se desdobla en positiva y negativa. Una libertad de carácter negativa donde el docente discrimina todo aquello que no considera que debe enseñar a sus estudiantes. Frente a la libertad de carácter positiva, donde el docente tiene  libertad de discriminar y de exponer todo aquello que considere, con la particularidad que la libertad de cátedra tiene necesariamente que ser contrastada. No se puede confundir la libertad de cátedra con el adoctrinamiento. El profesor universitario está llamado a contrarrestar la información que considera válida con la no válida y transmitir aquella que permita a los estudiantes buscar su mejor horizonte. La libertad de cátedra pasa también por la libertad que tiene el estudiante y se conecta con el primer Derecho Humano: la tolerancia. El derecho a decir que no comparto con aquello que tú expresas pero respeto todo aquello que estás manifestando. Sin libertad de cátedra, consecuentemente, no puede existir generación de nuevo conocimiento.

¿Y en el área de investigación?

Creo que la libertad de investigación es trascendental y fundamental para la universidad y para la sociedad. Hoy en día, universidad que no investiga, no es universidad. Además universidad que no transmite conocimiento, nacido desde la investigación, no cumple con su rol social.

La Universidad Católica fue sede el I Congreso Nacional de Jóvenes Investigadores en 2019.

¿Y con respecto a la vinculación social?

La vinculación con la colectividad o la extensión universitaria, como muchos la denominan, tiene que ser aquella acción que toma la universidad en autonomía para transformar la colectividad. Creo fundamental que la universidad hoy, entre los parámetros que deben medirse para la calidad de la Educación Superior, debe ser el impacto que genera en la sociedad. Además considero que, en función de lo que hemos expresado sobre libertad de cátedra, libertad de investigación y la vinculación con la colectividad, tiene que asentarse en metodologías activas de enseñanza. Creo que la universidad debe comprometerse efectivamente con la transformación de la enseñanza. Una enseñanza basada en problemas para que los estudiantes puedan necesariamente conocer su entorno y plantear alternativas de solución; una enseñanza basada en investigación, para que los estudiantes sean capaces no solo de conocer el problema sino incluirse en ese problema y plantear alternativas; una enseñanza basada en casos, experiencia de lo vivido; y una enseñanza basada en los proyectos. Todo ello va a permitir articular de manera adecuada la docencia, la investigación y la vinculación con la colectividad haciendo un solo conjunto, que vaya directo a la solución de los problemas que tienen las colectividades.

Desde esa concepción teórica le propongo descender a la realidad universitaria ecuatoriana actual. Una realidad donde prima esencialmente la docencia, con una sobrecarga horaria y, por tanto, sin disponibilidad para investigar y donde la vinculación con la colectividad parece más un reflejo estético-decorativo que práctico. De ese modo ¿se podría afirmar que la realidad universitaria ecuatoriana no está cumpliendo con la finalidad, que usted muy acertadamente, ha expuesto con respecto a la integración de esas tres áreas?

En efecto, coincido con usted. Cuando desarrollaba mi tesis doctoral sobre la libertad de cátedra en la Universidad de León revise varias leyes de Educación Superior, como la alemana, italiana, la española, etc. y realicé un estudio comparado con la legislación ecuatoriana.  ¿Que existe en ese mundo europeo, qué no existe en la legislación ecuatoriana? No existe una diferencia entre profesor titular a tiempo completo con el profesor-investigador, que no debe tener excesivas horas de clase que hoy le dan, debe estar exento de los trámites de carácter burocrático, el profesor investigador debe tener como máximo 8 horas de clase y el resto de su tiempo en completa y absoluta libertad estar en proceso de investigación. Entonces, es indispensable una reforma que permita tener a los profesores-investigadores cumpliendo efectivamente su tarea lejos de la burocracia, a la que hoy están sometidos. El profesor-investigador debe tener indispensablemente un trabajo en función de resultados, no con horarios que le constriñen su tiempo y el espacio suficiente de reflexión de contacto con la realidad. El profesor-investigador es el que debe estar a tiempo completo dedicado a plantear alternativas de solución con completa libertad de investigación. Y la vinculación con la colectividad, es un elemento eminentemente decorativo, como tú has señalado. Creo que la vinculación que se está haciendo es asistencialismo social y debe ir encaminada a una investigación de alto impacto, uno o dos temas de vinculación a realizar en uno o dos años, que generen un impacto real.

Hay otro aspecto vinculado a la extensión universitaria como es la acción cultural, que desde mi perspectiva, presenta un gran déficit en las universidades ecuatorianas ¿Cuál es su consideración al respecto?

Creo que a la universidad ecuatoriana se le delega la cultura como algo supletorio y marginal, cuando la cultura es esencia, es el valor trascendental de una colectividad, son sus valores y sus principios. Se necesita, sin duda, una vinculación mucho más estrecha de la universidad con la cultura. La universidad tiene la obligación, por mandato de Ley, realizar investigación y actividades de vinculación pero, también, debería por obligación legal realizar actividades de carácter cultural.

El pasado mes de septiembre la Universidad Católica de Cuenca conmemoraba sus 50 años de existencia. ¿Cómo ha evolucionado durante ese periodo?

La Universidad Católica nació como una alternativa de educación dentro de un proceso complicado en la Educación Superior ecuatoriana. El presidente Velasco Ibarra clausuró la universidad pública y el 7 de septiembre de 1970 decretaba el nacimiento de la Universidad Católica de Cuenca, una universidad que venía a formar a personas que trabajaban y su desarrollo nos ha ido empujando hacia una universidad con carreras a tono con un requerimiento de carácter social. Hoy la Universidad Católica tiene su matriz en Cuenca y sesiones en Azogues, La troncal y Macas. Hoy está apostándole por nuevas carreras que respondan a las necesidades de la colectividad, con campus dotados de tecnología, estándares de calidad, especializados en áreas como Ciencias de la Salud, las Ingenierías, Arquitectura, Educación, Derecho, etc. y hemos sido pioneros en instalar metodologías activas. La Universidad Católica de Cuenca tiene como lema de ser una universidad al servicio de los pueblos y llegar al mayor número de población para ofrecer formación, porque creemos que la educación es liberada e igualadora.

¿Qué valoración hace de su primer periodo de gestión al frente del rectorado?

Asumimos la universidad en una situación complicada para su pervivencia y sin una efectiva institucionalización. Lo primero que tuvimos que hacer fue generar justamente institución. Desarrollamos los departamentos de planificación financiero y administrativo, los vicerrectorados, generamos una metodología de gasto dedicado estrictamente a fortalecer la universidad en sedes y extensiones. Una vez institucionalizada empezamos a generar una cultura de la calidad, más allá de la cultura de la evaluación, y a promover en los docentes un compromiso permanente con la mejora. La mayor tarea fue legitimar la identidad y hoy la Universidad Católica es reconocida y tiene voz propia.

La pandemia ha llevado a la implementación emergente de nueva modalidad educativa. ¿Cómo se ha llevado esa adaptación en la Universidad Católica de Cuenca?

Teníamos dos tipos de estudiantes: el estudiante que debía compartir con sus hermanos, con sus padres una computadora y teníamos que pensar cómo aliviar esa situación, sin perder calidad. Y por otro lado, estudiantes que eran nuestros propios profesores, para ellos la primera tarea fue la formación en universidades especializadas en educación en línea, como la Universidad de la Rioja y la Universidad Centroamericana, que nos permitió tener a los mejores instructores para nuestros docentes. Además de la experiencia en las maestrías, que es una educación efectiva y que obteníamos buenos resultados a través del sistema de módulos. Esa misma idea la llevamos a la educación de grado y nos ha permitido tener profesores capacitados, que enseñan mejor a sus estudiantes. A ello le sumamos la cátedra integradora, que son como pequeñas clínicas, donde los estudiantes plantean problemas a los docentes de distintas áreas de conocimientos. Esa metodología vamos a mantenerla inclusive dentro de la presencialidad. Los docentes se adaptaron fácilmente a la nueva modalidad, ya que disponían de las plataformas necesarias, porque pensábamos reestablecer una enseñanza online y contábamos con los procesos iniciados. El problema que más nos dolía era el de los estudiantes que no disponían de recursos, que no tenían la conectividad necesaria. Y para ello, realizamos acciones para llegar al estudiante. Hicimos grandes acuerdos con empresas que nos generaron la conectividad y otras que nos facilitaron los hilos necesarios para poder alcanzar ese tipo de formación. Hoy la Universidad Católica de Cuenca está sobre el 98% de estudiantes conectados, sin problemas y con los equipos necesarios. Falta por hacer poco, pero falta, hasta llegar a una cobertura del ciento por ciento.

¿Ha crecido la deserción estudiantil en estos tiempos de pandemia y, por otro lado, han tenido que reducir la planta docente por las cuestiones socioeconómicas derivadas?

La deserción ha sido menor, porque se aplicó ciertas acciones para compensar esa situación: se amplió el número de becas y crédito de pago. Asimismo los docentes universitarios, luego de conversar con ellos, se bajaron notablemente sus salarios un 25% y el equipo directivo nos bajamos un 50%, para poder efectivamente compensar la caja fiscal, además, de posponer obra física y adquisiciones e invertimos más en tecnología, para mejorar nuestra comunicación con los estudiantes. Eso mantuvo un equilibrio de carácter financiero y hemos abierto líneas de crédito con bancos.

¿Cómo visualiza usted la educación universitaria en el periodo pospandémico?

Creo que será una modalidad híbrida, que combinará presencialidad y virtualidad, con trabajo más de campo que en el aula y con cambios profundos en las mallas.

Para finalizar ¿Cuáles son los pilares estratégicos definidos para este nuevo periodo que acaba de iniciar como rector?

Tenemos muy claro que es la internacionalización, tanto en la formación y capacitación de nuestros docentes, como de nuestros alumnos, para generar experticia profesional, científica e innovación.

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