Ecuador, (casi) un lustro después

Por: Juan Almagro Lominchar

Cuando se cumple casi un lustro de mi estancia en Ecuador, el país se encuentra sumido en unas nuevas elecciones que darán a conocer quién será el próximo presidente, una vez celebrados los segundos comicios, el próximo 11 de abril. Sigo desde la distancia con especial interés lo que allí sucede, pues me es complicado –imposible, más bien– olvidar la hospitalidad del pueblo ecuatoriano para conmigo, durante los casi cuatro meses que permanecí en él. Imagínense las historietas que podría contarles aquí –casi medio año da para mucho, se lo aseguro–; no obstante, como bien dice Sabina, un viejo conocido en aquellos lares, cómo van a caber tantos besos en una canción… Así, para no evadir el asunto con el que comenzaba este texto, les narraré una situación que en estos cinco años me ha rondado la cabeza más de una vez.

Cuenca, mediados de mayo de 2017. Una de las tantas noches en que tuve el gusto de compartir ideas con colegas vinculados al ámbito universitario, conocí a una persona que me relató, en el tiempo que permite una espera de apenas quince o veinte minutos, algunos de los pormenores de su azarosa e injusta vida. No recuerdo el nombre de aquella mujer, pero sí algunos de sus rasgos físicos. Era enjuta de rostro, con un sombrero de paja toquilla parcheado y malgastado por las inclemencias del clima. No le pregunté la edad, pero rondaría los 70 años, quizá más. Estaba allí sentada en la puerta de aquel restaurante, pidiendo limosna a quienes entraban o pasaban cerca del lugar. Le di dos dólares y le pregunté por qué hacía aquello. Me contó que vivía a dos o tres cuadras, en un apartamento compartido con más gente. Se pasaba el día cosiendo para pagar su parte del mismo, pero aun así había meses en los que no reunía la plata suficiente y salía a la calle para depender de la voluntad de la gente. Recuerdo perfectamente que le pregunté cómo era posible que una mujer con su edad –la que yo me imaginaba– se veía obligada a hacer aquello. Sin darle tiempo a responder, también le pregunté si no tenía ninguna ayuda de las instituciones, dada su vulnerabilidad. No había tal ayuda –ni económica, ni social…– No recuerdo las palabras exactas con las que me dijo que vivía con apenas 300 dólares al mes. Me despedí de ella con el mal trago de quien se sabe privilegiado y se impugna a sí mismo por ello.

Cuando llegó el compañero con el que había quedado, le conté lo sucedido. No sé por qué, en dicha conversación salieron a relucir las famosas Sabatinas del que era, todavía por aquel entonces presidente del país, Rafael Correa.  Recuerdo vagamente que hablamos al respecto de las promesas de mantenimiento y mejora a las que el exmandatario se refería en sus últimas intervenciones, cuando mencionaba la figura del que fue su sucesor y actual presidente de la República, Lenin Moreno. Mi amigo y colega de profesión me dijo que Correa estaba fregado, pero que seguiría manteniéndose a la sombra de Lenin.  Estoy seguro que insistí en que la izquierda no podía limitarse a vetar al poderoso gigante estadounidense poniendo aranceles en las fronteras, si después tenía en China, donde el reconocimiento a la libertad de expresión es cuanto menos dudoso, su principal fuente de ingresos. “Nosotros tenemos petróleo y ellos tienen plata”, dijo Correa en cierta ocasión durante una entrevista a la televisión pública española. Estoy seguro, también, de que insistí en que las políticas de izquierdas no podían permitir que gente como aquella mujer no llegase a cobrar el salario mínimo ecuatoriano y se viese obligada a pedir limosna, mientras nosotros (intelectuales) podíamos permitirnos salir a cenar cada día a un restaurante diferente. Por último, estoy seguro que, una vez más, volví a lavar mi conciencia, dejando que uno o dos tragos hiciesen el resto, no sin olvidar, como pueden comprobar, lo sucedido aquel día. Ya saben, contradicciones…

A los pocos meses de aquello, recordarán: Odebrecht lo puso todo patas arriba, destapando la guerra abierta entre un Correa que se apoltronó en Europa y un Moreno que rechazó la mesa puesta de quien le elevaba hasta la estratosfera en aquellas últimas Sabatinas, y que durante su mandato ha transitado peligrosamente hacia la senda de lo neoliberal, recuperando algunas de las viejas inercias que, históricamente, han sometido a América Latina a los postulados de organismos como el Fondo Monetario Internacional.  

Paradójicamente, como si se tratase de un Déjà vu, en la actualidad se repiten hechos y personas vinculadas al periodo electoral en ciernes. El correísmo se ve representado en la figura de Andrés Arauz; mientras que en el bloque conservador aparece, nuevamente, un Guillermo Lasso que ya sufrió la anterior derrota a costa de Lenin Moreno. La novedad al respecto queda representada en la figura del candidato del Pachakutic, Yaku Pérez, ecologista, defensor del movimiento indígena y feminista. Entre sus líneas de actuación destacan la lucha contra las políticas neoliberales y la globalización, representando a los pueblos nativos ecuatorianos –que suponen un 10% de la población del país, aproximadamente–. De hecho, con su discurso, según reflejan algunos medios, el movimiento Pachakutic ha conseguido congregar parte del voto rural y a las/os ecologistas de las ciudades.

Desconozco que será de aquella mujer –doblemente vulnerable: por ser pobre y por ser mujer-, que cosía y pedía limosna por la ciudad de Cuenca, precisamente la ciudad natal del –en apariencia– actual alternativa de izquierdas (Yaku Pérez); desconozco, también, si en este lustro, esa mujer seguirá repitiendo el mismo ritual del cual a mí me habló; desconozco, a su vez, si, en el Ecuador en particular, o en cualquier lugar del planeta, en general, la pobreza será en algún momento visualizada como un crimen en lugar de como un accidente, y si de una vez por todas, quienes están en las instituciones, de aquí o de allá, entienden que la vulnerabilidad no se ataja con vetos internacionales, y sí con hechos palpables, basados en la empatía para con quienes personifican minorías cada vez más amplias.

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